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Mundo Abierto vs Mundo Cerrado. 1ra Parte

Entrevista a Iván Ivanoff, artista, programador, investigador de formación autodidacta, productor de Nuevas Tecnologías
Conocer el futuro genera un gran cantidad de preguntas que no pueden ser respondidas según estipulaciones convencionales a menos que uno primero proyecte un Observador fuera del Tiempo y, segundo, elimine todo movimiento
Conferencias sobre Presciencia por Harq al-Ada  (Hijos de Duna, de Frank Herbert, 1976)
 Cuando cayó el Muro de Berlín, el historiador y en diversas ocasiones funcionario del gobierno de los Estados Unidos Francis Fukuyama anunció el final de la Historia.? ¿Cómo es el final de la Historia?, ¿a qué se parece? De hecho, la Unión Soviética literalmente desapareció y para quienes eran habitantes de aquel conglomerado de países socialistas, en algunos casos la concreción de “final de Historia” se dio en la forma de documentos que ya no servían más, embajadas que dejaba de existir – incluso hubo aquellos que, como le ocurría al Tom Hanks de “La Terminal”, quedaron varados repentinamente en un territorio que no era el propio con una identidad que ya no era válida -.

Sin embargo, de haberse acabado la Historia, donde había tenido lugar la URSS, debiera haber quedado cuando menos un agujero negro o algo así. Y de haberse terminado la Historia, tampoco habría habido más guerras, ni amores, ni nada nuevo. O quizás, la cuestión era hacia atrás y entonces la lectura del pasado dejaba de tener variantes ya la caída del Muro probablemente podía entenderse como el asumir el fracaso rotundo, la derrota bestial, de una utopía que se había desviado bastante de sus objetivos originales. ¿Cómo sería entonces no tener más Historia? Padres habrían dejado de reconocer a sus hijos echándolos a patadas a la calle por invadir propiedad privada, así como los hijos habrían desconocido a sus padres y abuelos; amantes habrían dejado de recordar cómo se conocieron y por qué estaban juntos y los gobiernos seguirían siendo votados sin que nadie supiera bien del todo por qué lo hacían ya que nadie recordaría el motivo para ir y votar; el mundo dejaría de narrar y dejaría de imaginar hacia delante ya que para desear un futuro (diferente) hay que pensar el pasado, así que el lenguaje quedaría hecho sólo de una acumulación de acciones en tiempo presente…

La Historia no finalizó, por supuesto, como auguraba Fukuyama, porque las sociedades son dinámicas. Puede haber ciclos, idas y vueltas, incluso estancamiento, pero el movimiento es constante. “Es el triunfo de… ¿se puede decir los hijos de puta?… Es el triunfo de los malos“, dice Iván Ivanoff – artista, investigador autodidacta, programador -, “esto de lograr separar las palabras de las personas mismas, porque me permiten mantener una estructura no dinámica”. Como planteaba el otro historiador, el del personaje de la novela de Frank Herbert citado al inicio, la mirada absolutista y taxativa de los Fukuyamas del mundo requiere inmovilidad para poder afirmarse. “Concebimos una sociedad – continúa Ivanoff – que creemos que es así, entonces cualquier cambio implica una revolución y esas viejas discusiones entre ‘tenemos que cambiar’ y ‘no tenemos que cambiar’; la sociedad es algo que es dinámica pura, en verdad, y es una dinámica consecuencia de los usos cotidianos y las necesidades cotidianas”.

Ivanoff desciende de gitanos y rusos y se hizo a sí mismo desde abajo. Los rótulos que suelen utilizarse para definirlo en las diversas notas o menciones en las que aparece probablemente no sean suficientes o no le hagan honor. El rótulo, la categoría, después de todo, no son más que conceptos orientadores para el espectador (a veces, también para el productor del contenido, que elige de esa manera una forma de caracterizar al personaje). Rigideces y dinámicas, una vez más. Ivanoff plantea que práctica y teoría, que pensamiento y ejercicio deben estar entrelazados y siempre abiertos a ponerse mutuamente en tela de juicio.
A comienzos del siglo XX, Thomas Edison perseguía maniáticamente a todo aquel que consideraba debía pagarle tributo por el uso de sus invenciones o sus derivados. De hecho, así es como nació Hollywood. Los hechos no se tomarían demasiado tiempo para darle la espalda a Edison y su intento de crear un mercado restringido y de control total. Casi un siglo después, orillando el siglo XXI nacía Napster y cuando fue obligado a cerrar en 2001 habiendo alcanzado su pico de popularidad, le siguieron la apertura de cientos de nuevas alternativas. Desde el año pasado, la avanzada sobre las formas de acceso y consumo sobre los bienes culturales se ha tornado más intensa y variada. Como la Iglesia Católica del siglo XVI, los protagonistas hegemónicos del mercado buscan implantar una suerte de Contrarreforma que recupere el orden perdido. A comienzos de 2012, en Gobierno de la Web, unas jornadas de discusión de las cuales participó también Ivanoff, Beatriz Busaniche –coordinadora de proyectos en la Fundación Vía Libre, Public Leader en Creative Commons y directora ejecutiva y miembro fundador de Wikimedia Argentina– decía que “si olvidamos la historia cometemos muchas veces errores”. Busaniche (http://www.bea.org.ar/ ) apuntaba al hecho de que las tensiones actuales sobre los niveles de vigilancia y restricción, sobre redes abiertas (que apuntan a facilitar el flujo de información), frente a redes privativas (donde hay una posibilidad mayor de selección y control sobre los usuarios y su acceso a contenidos) estuvieron presentes desde sus inicios, pasando por diferentes fases. Siendo que la red actual era una posible entre otras visiones a construir, Busaniche puso el acento en que la que se desarrolló y creció fue siempre la que propició la apertura y la “lógica generativa”, que apunta a dejar ir el trabajo, confiando en que otro vendrá luego para completarlo o enriquecerlo; “seguir jugando sobre aquello que otro inició” es la lógica “que debemos defender”, porque entre otras cosas permite decir “quizá no es posible hoy, pero mañana…”.

A diferencia de los apocalípticos que ven un avance hacia el abismo, Ivanoff es de aquellos que creen en la posibilidad de transformación. En la piratería, el hombre de la barba larga y la sonrisa rápida ve el empuje para la modificación forzosa de todo el mercado y el sistema de negocios. Con la misma sonrisa admite que no significa que el camino vaya a ser fácil y que todo cambio tiene un costo y un compromiso tanto creativo como de acción. “No quiero prenderle fuego a nadie – dice Ivanoff -, pero veo y leo mucho revolucionario en Internet que no está dispuesto a ir preso, que no está dispuesto a ir a la calle. Si no estás dispuesto a ir a la calle, ¿realmente querés cambiar las cosas? ¿Realmente vale la pena, para vos, un mundo mejor? ¿O vale en la medida que es un papo de diálogo? En ese sentido nos comió Facebook. Nos comió, nos hace creer que posteamos dos cosas y somos de izquierda o revolucionarios, y no… “

Para contactar a Diego Braude, clickear aquí

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