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Mundo Abierto vs Mundo Cerrado. 2da Parte

Entrevista a Iván Ivanoff, artista, programador, investigador de formación autodidacta, productor de Nuevas Tecnologías

“La tecnología, en común con otras actividades, tiende a evitar riesgos para los inversores. La incertidumbre es completamente anulada, de ser posible. La inversión de capital sigue esta regla, ya que en general la gente se inclina a preferir lo predecible. Pocos reconocen lo destructivo que esto puede ser”. Evalución de Ix, Archivos Bene Gesserit (Herejes de Duna, Frank Herbert, 1984)

En las primeras décadas del siglo XVI, se produjo en Europa lo que se conoció como la Reforma protestante. Produjo un terremoto en los cimientos de la Iglesia Católica. La estructura construida a lo largo de más de un milenio sintió el resquebrajamiento y vio peligrar su rol de principal mediador entre Dios y el hombre. Hacia la 1560, la jerarquía eclesiástica produjo la Contrarreforma, un intento de restaurar aquel cosmos perdido. El conflicto entre las fuerzas centralizadoras y las de apertura ha estado presente a lo largo de la historia. Lo mismo ocurre si se observa la relación entre el hombre y su entorno; el hombre deja de ser parte de la naturaleza para obsesionarse por el control y la generación de contextos predecibles.

“La batalla de lo que sería el mercado cultural es solamente un testeo para ver cómo está la sociedad para aceptar otras cosas”, dice Ivanoff en referencia al conflicto aún más serio y de fondo, que hoy en día tiene a las industrias farmacéutica y alimentaria como protagonistas. Sin ir muy lejos Monsanto – la empresa semillera más grande a nivel mundial -, viene presionando desde hace tiempo en la región para la “privatización de semillas” en lo que es un conflicto por el control sobre la producción de alimentos. Sin embargo, Ivanoff considera que ”la primer batalla se está dando en la música, en las películas… ¡Y la están perdiendo! ¡Y con la otra la van a perder también!”. Para el investigador autodidacta, “la propiedad intelectual cae en una falacia enorme, que es el tema de determinar dónde es el punto de inicio. (…) Yo, por ejemplo, fabrico un auto nuevo. La patente, ¿me pertenece a mí o, en verdad, yo debería pagarle a quien inventó la rueda?”.

La paradoja es una característica de la época, donde preguntas que antes no se habrían hecho o que no se hacían por tomar una situación como natural, se encuentran ahora evidenciando lo artificial y convencional de cierto estado de cosas. “Si la patente me pertenece a mí, y la consigo yo, ¿la tengo que tener yo o se la tengo que entregar a los empleados que estuvieron trabajando? ¿Cuál es el límite moral y ético para decidir quién es el propietario de una idea? No existe… Por donde caigas, caés en una especie paquete donde vos tenés que decir ‘hasta acá llegamos’, pero son paredes falsas”.

Los cambios que se están produciendo están afectando el modelo de negocios en todos los rubros. Así como en las patentes el quid de la cuestión pasa por el origen de la autoría – en un mundo que en la creciente conectividad muestra como nunca antes la simultaneidad de aparición de las ideas así como la colaboración entre creadores como parte esencial de los procesos -, entre los productores de contenidos el debate pasa por la fuente del financiamiento y, ergo, por las formas de y el control o no sobre la distribución. Se sabe que la publicidad como exclusiva fuente de ingresos no necesariamente tiene los días contados, pero sí que es necesario encontrar alternativas ya que no alcanza para cubrir a todos los productores. En Francia, la prensa ha reclamado que Google comparta sus ganancias aduciendo que las genera a partir del uso gratuito de sus contenidos en sus búsquedas. Es la paradoja nuevamente, además de cierta concepción anacrónica sobre la generación de contenidos, además de que cabría preguntarse si esas mismas empresas tienen en mente la redistribución de esas hipotéticas nuevas ganancias entre sus periodistas – los que, en definitiva, son los reales productores literarios del contenido -. De hecho, si se presta atención a los márgenes de ganancia de las grandes empresas, así como a la brecha salarial entre los empleados que más cobran y los que menos, puede encontrarse otro nivel de distorsión en la percepción de por dónde vienen los problemas (lo que en el nivel local se puede observar por el alto porcentaje de periodistas en situación de precarización laboral, de la cual la decisión de Editorial Perfil de despedir trabajadores del sector imagen para hacer uso de lo que pueden a “bajo costo” de las redes sociales es un último y triste ejemplo). La respuesta del buscador, por supuesto,  fue que los medios son los beneficiados de aparecer entre las búsquedas, lo que aumenta considerablemente sus visitas y por ende su potencial de transformar en alguna forma de ingresos su popularidad. El conflicto promete escalar, en tanto diversos países europeos se sumarían a la intención de regular a Google; los sectores históricamente dominantes amenazan con la posibilidad de gran desempleo de no modificarse los rumbos y emprenden la persecución policíaca, cuando en realidad lo que ocurre es que aún no pueden adaptarse creativamente a las nuevas limitaciones y posibilidades.

Dentro de una cotidianidad dinámica y acelerada, sin embargo Ivanoff observa que “el mercado cultural, hoy, es un mercado medieval. (…) Tenés pocos Mecenas que deciden quién publica, cuándo y cómo. (Tenés) el que vive de eso, y puede vivir toda la vida; el que logró instaurarse, o sea que tenés a los Medici que te están pagando, lo que no te obliga a reformularte. (…) Hoy, la producción cultural está supeditada al acceso a la tecnología. El acceso a la tecnología hoy es cotidiano y esa idea de centralización hoy es contraria a la producción que se puede ejercer atomizando todo”. Nuevamente el callejón conceptual que conduce a la pregunta que lleva a la crisis: en una instancia donde la producción se acelera y multiplica, es cada vez más fuerte la presión de los grandes distribuidores-productores de contenido por mantener el control. El informe 2011 de la IFPI (International Federation of the Phonographic Industry) reclamaba, en esa línea, aún más intervención política, así como mayores restricciones por parte de buscadores y proveedores de Internet. “Esta necesidad de lo centralizado es, de vuelta, una necesidad de la sociedad de tiempos en los cuales era necesario tener todo en lugar para tener un control de todo y garantizar que las cosas vayan bien. Con el tema de las redes sociales, de la tecnología al alcance de todos, que estamos todos interconectados, esa centralización ya no es necesaria. Es más, es un elefante que está en el medio y que está arrastrando las cosas mucho más lento de lo que vamos nosotros”.

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