Artes
Visuales
Buenos Aires en Digital
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
La semana pasada tuvo lugar el Buenos
Aires Digital 2005, presentado por el Centro Metropolitano
de Diseño. El evento sirvió de excusa para una reunión
de creativos, diseñadores, empresas y gente de todo tipo.
Desde Intel a Patagonik estuvieron presentes mostrando sus novedades
y productos (Patagonik incluso estuvo reclutando jóvenes
diseñadores para sus filas). Tampoco faltó la onda
fiestera, con DJ´s todos los días (inauguró
Ultratango) y escenario incluido.
Dentro de la muestra de Arte Digital (definición
que no termina de ajustarse a lo que involucra – personalmente
prefiero el rótulo Arte de Nuevas Tecnologías), hubo
desde imágenes colgadas, hasta colecciones de objetos estrambóticos.
El Arte de Nuevas Tecnologías está todavía
en pañales, descubriendo su propio lenguaje, y eso se nota
cuando se considera Arte Digital un simple fotomontaje o la mera
utilización de material asociado a la tecnología.
No existe una sola definición de qué es el arte, y
tampoco de qué lo hace “de nuevas tecnologías”,
pero tomando una posición, me inclino por el trabajo que
genera o se basa en un discurso sobre tecnología (representación,
información, mediación o interface, etc), pero sin
perder de vista que esa tecnología existe en un mundo real.
Para poner un par de ejemplos prácticos
sobre dos trabajos en la muestra que según este criterio
entendería de qué se trata el Arte de Nuevas Tecnologías,
están Gabriela Golder y Mariano Groisman, ambos con diferentes
modelos de videoinstalación. Golder lo hizo con “Irreversible”,
en la cual una mujer filmada bajo el agua en una bañera es
proyectada sobre una bañera real con agua en la sala, rodeada
de flores (las flores serían un elemento estético
atractivo, aunque un poco distractor para el objetivo de la artista
en este caso). La intención de Golder es poner en evidencia
el elemento mediático de la proyección, generando
una sensación de realismo al combinarlo en la instalación
con el objeto real (la bañera), poniendo al espectador en
una situación de angustia frente a la imposibilidad de sacar
a la mujer que se ahoga del agua. Suerte de “Invención
de Morel”, Golder vio su intención disminuida por dos
motivos: 1) la imagen de la mujer bajo el agua es a un tiempo poética
y angustiante, pero la vemos sacar la cabeza para tomar aire y eso
corta el clima de tensión dejando sólo el artilugio
sobre el artilugio; 2) si bien la muestra cuenta con una producción
y montaje esmerados y dignos de envidia de más de una galería,
el ruido circundante dañan el ambiente en una sala con la
puerta abierta como la de la instalación de Golder.
La videoinstalación de Groisman, en
cambio, opta por la abstracción. En una sala cerrada, tres
proyectores en cruz sobre tres pantallas grandes ocupan toda la
visual del espectador. No hay una cuarta pared, y tampoco hace falta.
La idea no es girar para lograr una visión 360º, sino
que la permanencia en el lugar eventualmente termine por volver
difusos los bordes del terreno real, fusionándolos con las
abstracciones proyectadas y que invaden todo el espacio visual.
Más apoyado sobre la idea de evento que de arte conceptual,
la videoinstalación de Groisman es efectiva en su propuesta.
Probablemente, la idea de Arte de Nuevas Tecnologías
está equivocadamente apoyada sobre la utilización
de la novedad tecnológica propiamente dicha. Lo que lo hace
distinto no es el uso en sí, sino el tipo de uso que se le
da. La videoinstalación de Golder es relativamente sencilla,
pero logra integrar la idea de tecnología al universo del
espectador. La de Groisman logra la inversa; integrar al espectador
al universo del evento. La respuesta al interrogante más
complejo probablemente se encuentre, entonces, en la solución
más sencilla.
www.imaginacionatrapada.com.ar
17/06/2005
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