Arte
y Tecnología / Cultura Digital - Análisis y Opinión

El hacker que toca a la puerta
por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Imagen por Diego Braude
La palabra “hacker”, en nuestro
lenguaje diario, suele utilizarse para referirse a todo aquel que
posee un profundo conocimiento de la informática, y lo usa
para introducirse en computadoras o programas ajenos para modificarlos,
crackearlos o invadirlos. Entonces, dentro de la misma bolsa metemos
aquellos que son avanzados programadores, expertos en seguridad,
crackers, cyber-terroristas y todo aquello que implique una manipulación
más allá de la que está a nuestro alcance.
La idea de hacker, sin embargo, implica distinciones
bastante más precisas que a las que estamos acostumbrados,
conformando incluso de alguna manera tribus que se guían
por diferentes principios, derivaciones de todas maneras siempre
de una serie de valores básicos que definen la “ética
hacker”, entre los cuales el filósofo nórdico
Pekka Himanen identifica:
• Pasión
• Libertad
• Conciencia social
• Verdad
• Anti-Fascismo
• Anti-Corrupción
• Lucha contra la alienación del hombre
• Igualdad social
• Libre acceso a la información (conocimiento libre)
• Valor social (reconocimiento entre semejantes)
• Accesibilidad
• Actividad
• Preocupación responsable
• Creatividad
La proliferación de tribus dentro
de la cultura hacker habla asimismo de una creciente popularidad
al mismo tiempo que de una complejización de su propia conformación.
“Hacker”, para muchos de los hoy
identificados como tales, en realidad debería aplicarse a
todo aquel que desarrolla apasionadamente cualquier tipo de actividad,
llevándola más allá de sus límites originales.
Sin embargo, el “Manifiesto Hacker”,
escrito por El Mentor, allá por mediados de la década
del ´80, es una especie de faro que sigue iluminando varios
aspectos de este grupo. En él, su autor (hoy eximio diseñador
y desarrollador de juegos) plasma una de las identidades básicas
de la filosofía hacker, que gira alrededor del eje libertad-exploración-creatividad.
En el manifiesto, el entonces detenido joven por crímenes
informáticos, acusa al propio sistema, por obtuso y opresivo,
de generar cierto estado de implosión y de no prever los
estímulos necesarios para aquellos que no entran dentro de
la norma.
La informática, para El Mentor, como
pequeño universo demiúrgico abierto a la exploración,
inaugura un mundo de nuevas posibilidades, donde las reglas evidencian
su relativismo una y otra vez y se apoyan indefectiblemente en la
ética de quienes son capaces de manipular sus lineamientos.
Al margen de las características particulares
de los protagonistas de este movimiento, lo que parecería
englobar a sus diversos exponentes es la mutación y desaparición
de una forma de pensamiento que tiene sus orígenes más
básicos en el final de la Edad Media, con la paulatina construcción
de un mundo basado alrededor del racionalismo cartesiano y sus derivaciones.
La ética protestante y capitalista, que gira alrededor de
los valores del trabajo estipulado, el derecho de autor y el valor
de cambio, indefectiblemente cobran relatividad al enfrentarse a
este otro mundo, que en gran parte es producto de esta nueva ética
hacker.
Esto es así, porque otro de los principios
constituyentes, y cuya definición más específica
aun se discute, es de la idea de “libre circulación
de la información”. Es, por un lado, la idea de la
información como entidad abstracta, con una voluntad propia
que excede a aquellos que quieren aprisionarla en la forma del copyright,
de la censura o del control de la misma (no se habla del derecho
a la privacidad, sino del derecho al saber); la información
fluye, independientemente de si lo queremos o no, de alguna imitando
el poder creador y procreador de la naturaleza (una suerte de deja
vu de la primera época humanista y renacentista). Por otro,
es precisamente el deber humano individual de hacer circular esa
información, de liberarla, lo que, por su parte, construye
una idea distinta de la del mundo que estamos acostumbrados a habitar.
El mundo que conocemos se basa sobre la restricción
del acceso al conocimiento; hay quienes lo tienen, y quienes no.
De hecho, la historia del occidente judeo-cristiano está
apoyado en este dogma, y es una de las luchas históricas.
Incluso es posible arriesgar una hipótesis, que se apoyaría
sobre la base de una cultura estructurada de forma verticalista,
con un Dios omnipotente y sus intérpretes, encargados de
filtrar y traducir sus mensajes hacia abajo. Pese a los diversos
quiebres que esta filosofía ha ido sufriendo a lo largo de
la historia (y la consecuente democratización real del acceso
al conocimiento), es posible inferir que su razonamiento originario
aun permanece presente en nuestra cultura, interactuando a su vez
con otros elementos del sistema que organiza nuestras vidas.
La aparición de Internet y sus periódicas
explosiones de expansión técnica y humana, ponen conceptualmente
en crisis este sistema. Por un lado, potencian enormemente sus características
comerciales, haciendo más tenues las fronteras y permitiendo
la apertura y mutación de los mercados y del Mercado, mientras
simultáneamente se convive con otros fragmentos del sistema
que siguen manejándose estructuralmente de la manera que
siempre lo han hecho y no confían ni se introducen en este
camino. Por otro, la circulación de la información,
limitada por una cuestión de acceso y conectividad, con una
democracia parcial por el ansia monopolizante de ciertas compañías,
va abriéndose paso violentamente a partir del abaratamiento
de dicha conectividad y de la intervención de los antes culturalmente
alternativos hackers como parte integral de este otro modelo. Al
margen de la piratería, aparecen la estructura de pensamiento
Open Source (literalmente “Fuente Abierta”), que produce
conocimiento abierto al público. Al margen de su convivencia
con el sistema capitalista de pensamiento, el Open Source genera
indefectiblemente una suerte de “efecto mariposa”. Por
el sólo hecho de existir y proliferar, implica una modificación
en la forma de pensar, no sólo el software, sino también
el conocimiento y, eventualmente, el mundo físico mismo.
A pesar de su proliferación, el hacker
sigue siendo una excepción a la regla, una rareza, un ser
dotado para un campo específico, más cercano a la
idea tradicional de “genio”. Sin embargo, la Internet
como medio de conexión masivo, produce lentamente la esparción
de parte de esta filosofía, sea en la forma de un MP3, sea
en el paulatino aprendizaje de cómo modificar aquello que
recibimos, o en la multiplicidad de blogs responsables como manera
de evitar la concentración de la información.
En el arte visual, por ejemplo, al paradigma
del museo y la galería se opone el de la multiplicidad de
obras circulando por miles de usuarios en simultáneo. ¿Es
lo mismo que poder pararse frente a un mural de 10 metros por 5
metros? Desde ya que no, al menos por ahora, pero de todos modos
tiene una experiencia artística implícita propia,
además del hecho de que para muchos, la mayor parte del arte
visual es inaccesible y que las galerías son esencialmente
mercados de valores; en la galería, la obra vale más
por su valor de cambio que por su valor intrínseco. La libre
circulación implica, al menos en un principio, un no recibir
remuneración alguna por la obra producida. Pero, desde el
punto de vista estrictamente artístico, permite la llegada
y la comunicación de la idea, reservada de la otra manera
a una muy pequeña elite. Todo esto lleva forzosamente a un
cambio en la manera de pensar el dinero y cómo generarlo,
tanto para el comerciante común como para el artista no comercial;
para ambos es posible el acceso a él, simplemente que las
reglas cambian…
En algún punto, es la propia base del
sistema actual, la Información, no un elemento alienígena,
la que escapa a los límites, al corset, que pretende imponérsele.
No es una liberación irresponsable y caótica, sino
una forma distinta de pensamiento con estructura propia, producto
de su propio origen.
Sin llegar a la concepción anarquista
Cyberpunk, cabe preguntarse qué pasaría si la ética
hacker, en vez de ser una tribu excepcional, pasara a ser en mayor
o menor medida la norma. ¿Cómo sería el mundo
en el cual el proveer la información no fuera un derecho
pago, sino una obligación gratuita? Las numerosas pestes
y crisis locales y mundiales que nos aquejan comienzan a generar
grietas en un sistema otrora pensado como inmodificable. La Patente,
símbolo de poder, comienza, como un iceberg expuesto al sol,
lentamente a derretirse. Nada es eterno, y todo cambio de paradigma
(incluso dentro de un paradigma mayor se producen mutaciones internas
periódicas traumáticas) conlleva momentos de crisis
como los que se viven actualmente. Por eso, al menos como un comienzo,
la pregunta: ¿cómo sería…?
Recursos web:
http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%89tica_hacker
- Wikipedia, sobre "Ética hacker"
http://es.wikipedia.org/wiki/Hacker
- Wikipedia, sobre "hacker"
http://www.linuxsilo.net/docs/manifiesto-hacker_es.html
- El "Manifiesto Hacker", en su traducción al castellano
http://www.elfqrin.com/docs/hakref/interviews/eq-i-mentor.html
- Entrevista a El Mentor (en inglés)
http://www.anu.edu.au/people/Roger.Clarke/II/IWtbF.html
- Roger Clarke, catedrático australiano, sobre la "información
libre"
http://bulma.net/impresion.phtml?nIdNoticia=1293
- Artículo de Pekka Himanen "Open Source, Open Mind"
(traducción al español)
www.imaginacionatrapada.com.ar
16/6/2006 |