Arte
y Tecnología / Fiesta Multidisciplinaria / Cultura Electrónica
- Análisis y Opinión

“Fabrik”: Fiesta y cuerpo reescrito
por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Fotos por Kappuz
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Lugar: 24 de Junio de 2006
en la Ciudad Cultural Konex
En una vieja aceitera, ahora imponente esqueleto
resignificado, la Ciudad Cultural Konex se presta a múltiples
usos. Su estructura remite a lo industrial y su propia decadencia,
repoblado a través de sus diferentes y temporarios habitantes.
En este caso, la fiesta multidisciplinar Fabrik. Música,
performance, video, intervención sobre el espacio. Dicho
así, puede no significar mucho, pero el efecto visual y atmosférico
es otra cuestión.
Frente
a la despersonalización del sistema, los individuos responden
conformando diferentes formaciones tribales. Dentro de este fenómeno
aparecen las fiestas electrónicas. Fabrik le agrega lo multidisciplinar.
Sobre el cadáver de la aceitera, bailan los cuerpos al ritmo
de la música, recuperan el espacio transformándolo
en un lugar de ritual. En la fábrica que funcionaba la división
del trabajo y la producción en serie, se produce el momento
de la fiesta, donde la individualidad se pierde, pero en otro sentido;
se suspende cronológicamente durante unas horas (días
en casos más intensos). Es, de todos modos, a primera vista,
una forma ritual particular.
El cuerpo ha sido siempre sujeto de debate.
En nuestra cultura occidental, el cuerpo es, a lo largo de la historia,
objeto (de estudio, de control, de exaltación, de placer
y represión). Dividir al cuerpo en materia y espíritu
permitió el avance de la medicina y el mayor conocimiento
sobre nuestro organismo, pero simultáneamente abrió
la puerta para la escisión entre las dos partes. El sistema
laboral en que vivimos se basa, precisamente, en esa partición
del ser humano en dos. El cuerpo es una máquina perfectible
(siguiendo los lineamientos de la filosofía cartesiana),
y funciona independientemente del estado emocional o espiritual
del individuo. Escindidos, vivimos en un desbalance permanente,
haciendo malabares para conciliar ambos aspectos. Dentro de esta
concepción, la noción de grupo se resignifica, e incluso,
hasta cierto punto, desaparece (principalmente en la ciudad), limitándose
a eventos específicos. En este sentido, la fiesta libera
al cuerpo en un estado aproximable al trance dionisíaco,
donde el grupo pasa al primer plano. El individuo reaparece, pero
conectado a la energía de la fiesta.
En
Fabrik, pasada la entrada, es como entrar a un pequeño mundo
temporal. La iluminación de todo el edificio en su interior
proyecta hacia fuera una paleta de colores fríos y cálidos,
como si vida extraña creciera en su vientre otrora abandonado.
El patio externo está, como las paredes adentro, poblado
de enormes insectos de metal (construidos por Ariel Villarreal).
El tema se repite en los videos que se proyectan sobre otras de
las paredes y que además tendrá relación con
la performance propuesta avanzada la madrugada por Isondú.
El insecto comienza a repetirse como referencia
cultural, remitiéndonos incluso a Franz Kafka y su “Metamorfosis”,
de la cual su metáfora más evidente es la diferencia
y el renacimiento. Del insecto propiamente dicho se asocia a lo
bilógico, la naturaleza, y de ahí llegamos a la dicotomía
Naturaleza – Mundo Industrial (Tecnología).
En
la fiesta, los diferentes eventos (que habían comenzado con
“El Choque Urbano” a las 22:30), se suceden, y parecen
condensarse en la performance de Isondú. Basada en leyendas
de origen guaraní sobre la creación de los insectos
(se pueden leer algunas de las leyendas en el Bonus Track de esta
nota). En ellas, se contraponen la Naturaleza y el Hombre, la vida
y el exterminio. La acción ocurre en el mismo escenario donde
han transcurrido los demás eventos. El Hombre aparece a través
de una nube de humo en la forma de un exterminador que ingresa a
escena buscando eliminar la plaga. Su humanidad está desaparecida
tras el traje y sus agregados. Dos personajes (mantis o mamboretás)
aparecen y lo envuelven simulando tela de araña utilizando
una cinta de embalaje. En este punto, la atmósfera enrarecida
de los primeros minutos decae un poco cuando la acción de
encintado se extiende. La luz juega sobre el material y colabora
para otro juego lumínico, aunque quien escribe cree probable
que un material como el que usarán a continuación
ayudaría más a este efecto, por una cuestión
de plasticidad y volumen. El exterminador desaparece y en su lugar
es colocado un huevo conformado por múltiples capas de nylon
envolviendo un cuerpo, es el Isondú que está a punto
de nacer, hecho de carne y luz. El tramo final de la performance
trabaja más de forma espectacular.
Entre los “espectadores”, el efecto
es difícil de evaluar, ya que la performance está
insertada en medio de la fiesta y la atraviesa. La primera y última
secuencias logran generar un clima e imágenes de extrañamiento
combinado con el festivo que las rodea. Isondú actúa
como resumen de Fabrik como totalidad: un relato de tipo orgánico
es realizado a través de tecnología sintética
(del nylon a las luces, del laser al video que se proyecta sin fin
en el pecho del exterminador), en una fábrica abandonada
ocurre una fiesta de liberación del cuerpo.
Fabrik, para bien o para mal, ocurrió
durante una noche lluviosa de la húmeda Buenos Aires, ubicándola
en una nube nocturna. Entre las columnas de concreto, se filtran
pasos. En un recinto, la luz y la música, en otro, la oscuridad
y la música. Los cuerpos bailan solos o se mueven juntos
y apretados. La fiesta se constituye en narrativa. Luz y Oscuridad,
Naturaleza y Tecnología, Vida y Muerte. Dioniso camina entre
nosotros.
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16/6/2006 |