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“Imperativo de Captura”: La imaginación como escape del laberinto
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Lugar:
Masottatorres -nodo de arte contemporáneo - México 459 (www.masottatorres.com.ar)
http://www.makarenagagliardi.com.ar/
La cámara captura fragmentos del mundo, que se fetichiza, se vuelve objeto de mirada, productor de sensaciones; el mundo, como imagen, no se vive, se consume.
Bajar la escalera, donde un texto de Baudrillard habla de lo falso, lo verdadero, las máscaras, los desenmascaramientos. Hay varias instalaciones, formando parte de la muestra Install.Exe. El nombre de Makarena Gagliardi se encuentra sobre una puerta. A un costado un poema suyo, que dice:
Una de las fórmulas del espectáculo:
el ojo lente es un órgano vedado
brisa al espejo
clave de sol en fading
denunciar, denunciar: hay un sujeto detrás de la cámara
primero cenizas, después fuego
profundidad liviana
escurridiza
intercambio hereje, ilusión y morbo
superficie pulida por descuento
nupcias al basural
si no hubiera estado allí
el agua, las piedras, las nubes
las ruinas no habrían venido
dedico mi fetiche
vuelvo a disparar
Una imagen de lo que bien podría ser un abandonado laberinto para hamsters es una ampliación junto a la puerta, entrada que, fácilmente, podemos ignorar y no percatarnos de su existencia. Pero, si se presta atención y se la encuentra, se la entreabre y ya una corriente fría acompaña una oscuridad apenas iluminada…
Una cueva, un largo y muy angosto pasillo, al final del cual se encuentran una televisión que pasa un cortometraje sin fin, y un libro, que si se lo abre muestra, como aquel pseudos laberinto, diferentes encuadres de un exterior determinado y capturado, a su vez cubierto por un alambrado real.
Lo filmado está en blanco y negro, cambia con el color. Exteriores: campo, mar, hierba. También están los recortes que pueden encontrarse como fotografía. En un principio, la caminata por la cueva es lo más fuerte; caminar hacia la luz al final del túnel, pero luego ese efecto se disuelve frente a la abstracción de las imágenes. Y, sin embargo, al permanecer un tiempo, comienzan a cobrar otro sentido. La claustrofobia de ese adentro se resignifica frente al exterior capturado, visible y perceptible únicamente desde su reproducción. El exterior se vuelve real desde la representación, y la atracción aumenta cuando las vivencias personales entran en interacción interna con el cortometraje o las fotos recortadas; la corriente fría, los sonidos que se transmiten por las paredes, la oscuridad, lo estrecho, frente a lo abierto, lo otro tan lejano frente a esta cueva.
La imagen capturada, abstracta, se transforma en otra cosa al ser consumida por el espectador. De todas maneras, la autora intuye la posible dirección al introducir a dicho espectador en un ambiente claustrofóbico, donde la reproducción de lo exterior tenderá a influir la percepción del aquí y del allá. Encerrado, sin ventanas, para el que mira la televisión o las fotografías, estas se vuelven la realidad exterior. Llevado fuera de la sala, el mundo en que vivimos, en el que cada vez pasamos más tiempo en un adentro, es la imagen, la representación, la que, en algún punto, reemplaza el afuera, lo virtualiza.
Salir de ahí es “volver”. Sin embargo, hay algo de primordial en esa cueva. Es escondite y jaula, libertad a través del absoluto direccionamiento de la atención sobre un punto específico; no tenemos elección, y eso elimina el peso de la decisión. La liberación de la artista, de su mirada para captar y producir, tiene su contraposición en el lugar en que se coloca al espectador. Paradójicamente, salvo por el hecho de salir físicamente de la obra, la posibilidad que tiene el espectador de apropiarse de la obra es cerrando los ojos, dejar de ver; ya no mirando sólo hacia delante, se puede “mirar” donde se quiera.
www.imaginacionatrapada.com.ar
14/12/2007 |