Artes
Visuales

Pantallas urbanas: Ciudades luz, ¿recuperación
del espacio público?
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Mirar y ser mirado, reconocido. Caminamos
por la calle, atacados sensorialmente a cada paso por información
visual, publicidad en los colectivos, en los taxis, en las paredes,
en los techos, en la ropa. En otros países, las pantallas
incluso cumplen un rol más visible, como la pantalla Sony
ubicada en Broadway en New York, que transmite además noticias
y otras informaciones.
El panóptico de Bentham descripto por
Michel Foucault hacía referencia a un ojo siempre vigilante
e invisible. La actual sociedad vigilada se asemeja a nivel macro
cada vez más a ese modelo. La idea de Bentham estaba diseñada
para una prisión, en la cual la constante exposición
del prisionero, y su conciencia de saberse vigilado, terminarían
por generar una autodisciplina. En la sociedad actual, sin embargo,
la expansión de la mirada del vigilante quizás se
deba más bien a una incapacidad de controlarlo todo, su inhabilidad
para generar consenso y coordinar los esfuerzos masivos por conservar
algo de cordura en la sociedad, y su resistencia a admitir esas
derrotas. La mirada vigilante se cruza, en el espacio público,
con la mirada que informa, que publica. El espacio urbano está
saturado de información visual.
Para Robert Venturi, la edificación
Modernista llevaba, por contraste con el barroco, a la ausencia
del ornamento, buscaba borrar las marcas, convertir el edificio
en un lugar esencialmente “limpio” y reproducible. Para
Venturi, la arquitectura es un reflejo de su época, no sólo
en la fachada, sino en la concepción de su interior. El presente
no sólo muestra en la cultura urbana una recuperación
del ornamento barroco, sino su superación y multiplicación
en la forma de dispositivos de transmisión de imágenes.
Múltiples, pequeñas y grandes intervenciones conforman
el mapa urbano actual, así como el interior de los hogares,
en la presencia de celulares, palms, displays (desde el microondas,
hasta la heladera, la videocassetera o el dvd player, el monitor
o la tele), revistas, posters, fotografías, etc. La pantalla
es el elemento identificatorio de nuestra cultura actual, y debe
ser tenido en cuenta a la hora del diseño.
La incorporación en individualización
de la información transmitida por las pantallas, como aparece
en “Minority Report” (Spielberg, 2002), no es tanto
un elemento de ciencia ficción como una realidad posible
a la vuelta de la esquina. La introducción de las pantallas
en la vida cotidiana no es un elemento reciente, aunque sea recién
en los últimos tiempos que se ha comenzado a discutir sobre
su presencia nociva, su potencialidad para usos expresivos, etc.
Lo curioso es que al haberse integrado a la
vida diaria, aunque la contaminación visual que produce no
es inocua, la pantalla pasa al mismo tiempo a ser un elemento tan
estático como un afiche, ambos se igualan en tanto transportes
de información visual. Tanto imagen fija como en movimiento
pasan a ser pantallas, compitiendo por la atención del transeúnte
devenido en usuario.
Y al introducir el concepto de usuario, se
transforma, o se vuelve potencialmente transformable, la propia
esencia de la pantalla urbana. Producto de la necesidad de llegar
al público, una vez en el espacio abierto, es inevitable
su apropiación y modificación.
Desde proyectos como los propuestos como posibles
por Venturi, la presencia de la pantalla se vuelve conciente en
los diferentes ambientes edilicios, formando parte del diseño
mismo. Edificios inteligentes por dentro, interactivos desde el
primer paso que se da en su interior. Pero por qué no también
por fuera, volviendo dinámica su fachada como resultado de
la interacción de sus ocupantes a través de interfaces
ubicadas en sus unidades (proyecto real este a ser discutido en
las próximas charlas
Urban Screens en septiembre de este año). Por qué
no llevarlo aún más lejos, pantallas ubicadas en parques,
donde pueda ser posible seleccionar distintas posibilidades de paisaje
al margen de los propios recursos naturales del propio parque. Seguramente,
a su vez estas imágenes estarían cruzadas, atravesadas,
por anunciantes...
Para el artista, mediante el hackeo público
(proyecto JA II) o la apropiación legal (proyecto Alles)
de esos espacios públicos para producir imágenes.
Esas obras se fusionan con el espacio, tienen la potencialidad tanto
de influir sobre los usuarios (función didáctica),
de afectarlos a partir de sus cualidades de obra, de transformar
y rediseñar el espacio a partir de su inclusión como
punto de atracción visual. Este tipo de utilización
de la pantalla juega al mismo tiempo con el concepto de obra efímera,
puesto que en principio es imposible mantenerla en el mismo lugar
por un período prolongado, convirtiéndose en evento.
La combinación de ambas ideas podrían
eventualmente transformar la ciudad de espacio de información
a espacio sensible. La posibilidad de una ciudad visualmente dinámica,
en la cual el anonimato de la masividad moderna es reemplazada por
una recuperación de la identidad (en el caso de la arquitectura
interactiva visualmente), así como la potencialidad de apropiación
de esos espacios en manos de artistas dan pie al pensamiento de
otro tipo de ciudad hasta el momento desconocida.
Los niveles de violencia que la actual sociedad
alcanza aparecen también en la forma de un montaje visual
agresivo y anónimo a un tiempo al nivel de lo urbano. La
pérdida de los espacios lúdicos a favor de un retorno
a un fordismo extremo hablan de un modelo de sociedad incapaz de
lidiar con su propia expansión y complejización. La
transformación de la pantalla en espacio de reflexión
y expresión tanto individual como colectiva puede llegar
a reintroducir, paradójicamente, el elemento humano y lúdico
a partir de un dispositivo que actualmente cumple otros fines (ficcionalización
del cuerpo, introducción de modelos comportamentales, etc).
Recuperar el espacio público desde
esta concepción implica ir más allá del graffiti
o el stencil. Más de un siglo de vivir en una cultura que,
más allá de particularidades, cultiva la dupla éxito
individual-anonimato masivo, nos hacen difícil imaginar una
alternativa donde la identidad de la persona se fortalezca como
potencialidad de Ser, recuperando elementos de la idea de cosmos
de la aldea medieval (ser con uno y con el todo) pero sin perder
la complejización y la apertura de la sociedad actual (es
decir, evitar el cierre sobre sí misma de la aldea). Volver
a imaginar es precisamente poder dar el primer paso.
Recursos útiles:
http://www.architectureweek.com/2005/0406/design_1-1.html
http://culturebase.org/home/struppek/Homepage/urbanscreens.html
http://www.manovich.net/DOCS/augmented_space.doc
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22/07/2005
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