Artes
Visuales

Pantallas urbanas 2: El ataque de los celulares
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Hace más de diez años, el teléfono
celular era una rareza. Un tiempo después, se convirtió
en algo más común, pero que sólo algunos utilizaban.
A medida que se fueron popularizando, vino la intervención
del diseño, modificándolos en diferentes modelos que
resultaran más atractivos (colores en el material y en la
pantalla), y a la estética se le sumaron los extras (los
ring tones, los juegos, eventualmente los mensajes o la capacidad
de leer mail desde el celular). Hoy en día, se suman la posibilidad
de escuchar música o recibir transmisiones de video, así
como fotografiar o filmar en baja calidad desde el celular. La confluencia
de la palm (ya una computadora de bolsillo) y el celular es prácticamente
un hecho. Al convertirse en una herramienta masiva de comunicación,
el celular se vuelve por ende un lugar más que interesante
para la intervención creativa, por todos los condimentos
conceptuales que vienen anexos a semejante conectividad.
Dentro de las pantallas urbanas, entonces,
a esta altura podríamos incluir a los celulares. La posibilidad
de incluir video implica a su vez la posibilidad de incluir publicidad
visual, convirtiéndolo en un formato atractivo para sponsors
y demás. Es muy común en estos días ver a la
gente caminar, viajar, o incluso estar en el cine mirando la pantalla
del celular, recibiendo y enviando mensajes. Los celulares se convierten
de esta manera en un elemento compulsivo de nuestra vida cotidiana.
La noción de privacidad entra otra vez en juego, o se pone
en cuestión, ya que portar el celular significa estar ubicable
en cualquier lugar y en cualquier momento, ya que tener un celular
y tenerlo apagado o no contestarlo sucita la pregunta molesta de
“¿entonces para qué lo tenés?”.
Conectividad y falta de privacidad van en simultáneo. Salvando
por el costo de la llamada, que encarece su utilidad para gran parte
de los usuarios, el celular sirve casi como documento de identidad,
la seguridad de poder encontrar a alguien incluso cuando no está
en su casa. Para las empresas es la posibilidad de seguir vendiendo
incluso cuando el usuario no está explícitamente consumiendo
un medio (televisión, radio, cine, publicidad urbana). Para
los productores de contenidos, es otro lugar donde ubicar la sobreoferta
de productos.
Producir
para celulares no es tan sencillo como parece, pero tampoco es irrealizable,
y es posible concebir que en los próximos años el
asunto se vaya volviendo más sencillo. A medida que eso ocurra,
lo mismo que con internet, es factible pensar en una mayor utilización
de los celulares como medio de expresión artística.
Hasta el momento, proyecto como “Fiction Celullaire”
aparecen más como una forma de experimentación sobre
el formato. La utilización del celular como una suerte de
“control remoto” también es otra manera de experimentación,
en la que la interactividad del artefacto permite incluirlo en diferentes
tipos de performance (como es el caso de “SimpleTEXT”
o de la local “Top Dogs” en el 2003).
El celular es una herramienta paradojal. En
una sociedad que permanentemente aleja a los individuos, quebrando
los lazos sociales y exacerbando el sálvese quien pueda,
la extrema conectividad que cada vez más permiten los celulares
aparece como contradictoria. Lo público como colectivo desaparece
a favor de la individualidad egoísta, es decir, cada uno
cerrado sobre sí mismo, pero el celular implica la conexión
masiva, borrando por momentos la frontera entre lo privado y lo
público (apagar el celular, retraerse, es ser antisocial).
Además, si uno se guía por la gestualidad de muchos
usuarios, el celular también se convierte en una suerte de
ortesis (es decir, no un reemplazo del cuerpo, sino un agregado),
fusionándose hasta cierto punto al cuerpo del usuario. En
un sistema que empuja al aislamiento, aparece una interface que
construye (o podemos arriesgar la hipótesis de que lo hace)
un cuerpo colectivo e invisible.
Si bien el celular es en parte todavía
un commodity (un bien de lujo), el pasaje de interface meramente
de comunicación a herramienta multimedia, y su creciente
masificación a nivel mundial, lo vuelven equivalente a internet.
En definitiva, es la noción de internet la que le permite
al celular transformarse en lo que es ahora y en lo que podrá
ser. El pensamiento lineal (yo llamo, el otro me contesta, iniciamos
una conversación) es reemplazada otra vez por lo que podríamos
llamar pensamiento transversal (puedo llamar, escribir, chequear
mis mensajes, escuchar música o sacar una foto o filmar).
Una obra de net art, una serie fotográfica, mail art, arte
de rss, por nombrar simplemente algunas posibilidades pueden ahora
recorrer los celulares. Correrse de la idea de broadcasting implica
a su vez la posibilidad de respuesta por parte del usuario, enriqueciendo
la obra, convirtiéndose en coautor o en autor (si pensamos
que al intervenir, quizás incluso reemplace la figura del
autor original, así como él habrá de ser reemplazado,
no eliminando la noción de autor, sino llevándola
potencialmente a todo el mundo).
Los caminos del arte y la tecnología
parecen cruzarse todo el tiempo. El mundo se vuelve una y otra vez
objeto de espectacularización y reflexión, así
como de experiencia directa e indirecta. En una sociedad que se
mueve cada vez a mayor velocidad, con los consecuentes “choques”
violentos, esta fusión constante de arte y tecnología
probablemente nos esté llamando a buscar otra mirada, otra
forma de pausa, incluso otra manera de relación cono nosotros
mismos, con los otros, y con la naturaleza que nos rodea (la urbana
y la que aún sobrevive más allá de la autopista
y las luces).
Recursos web:
http://fictioncellulaire.net/
http://www.celularis.com/
http://www.simpletext.info/
http://www.alternativateatral.com/ficha_obra.asp?codigo_obra=585
www.imaginacionatrapada.com.ar
14/10/2005
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