Artes
Visuales

Proyecto Cruce - "Tertulia": La
memoria como organismo vivo
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Colectivo multidisciplinario de artistas:
Dirección y composición musical:
Nicolás Varchausky Dirección y configuración
de imágenes: Eduardo Molinari Asistencia
de dirección: Juan Pablo Gómez, Laura Guzik
Diseño sonoro: Daniel Hernández Diseño
de iluminación: Matías Sendón Edición
de imágenes y documentación en video: Julián
D'Angiolillo 2º Unidad de Composición:
Pablo Chimenti, Hernán Kerlleñevich 2º
Unidad de Imágenes: Nicolás Arispe, Cristian
Forte Montaje de imágenes: Claudio “Toro”
Martínez Asesoramiento histórico:
Eternautas Contacto: proyectotertulia@gmail.com
Agradecimientos: Archivo Caminante; Archivo General
de la Nación; Carrera de Música Electroacústica
- U.N.Q.; Dirección General de Cementerios, dependiente de
la Subsecretaría Administrativa, Secretaría de Infraestructura
y Planeamiento del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires; E.N.S.; E.T.E.R.; Eduardo Aliverti; Mariano Cura; Oscar Edelstein;
Teresa Riccardi; María Elena Tuma. Tertulia forma parte de
las actividades de P.A.I.S. (Proyecto Arte In Situ), perteneciente
al Programa Prioritario de Investigación Teatro Acústico
(U.N.Q.). Tomó lugar el sábado 24 de septiembre
en el cementerio de la Recoleta, durante el V Festival Internacional
de Buenos Aires.
“Tertulia” pasó por una
semana tumultuosa antes de poder tener lugar. Los vecinos del cementerio
de la Recoleta (incluidos algunos familiares de los que reposan
ahí) iniciaron un procedimiento para impedir que se llevara
a cabo. Teniendo en cuenta los sucesos ocurridos hace no mucho tiempo
con respecto a la muestra de León Ferrari en el Centro Cultural
Recoleta (le rompieron varias obras por considerarlas ofensivas),
volver a insistir con la misma locación (el cementerio está
a escasos metros del centro cultural) era cuando menos poco aconsejable.
Después que al juez se le mostraran videos y se le explicara
en detalle en qué consistía la intervención,
el juez levantó la suspensión.
Sin embargo, el sábado – 24 de
septiembre - en que se llevó a cabo (el viernes se suspendió
por lluvia), los vecinos se manifestaron frente al cementerio mientras
el evento tomaba lugar, y además hubo desinformación
que generó algo de malestar entre los asistentes (había
un límite de público, y quienes llegaron más
tarde, sin saber esto, aparentemente tuvieron problemas para entrar).
Dicho esto, “Tertulia” evidentemente
debía ocurrir en el cementerio de la Recoleta por una cuestión
simbólica, y, pese a los líos organizativos, es una
punto de partida más que interesante con respecto a futuros
emprendimientos.
El lugar elegido alberga en su interior la
historia de nuestro país, ya que se alojan los cuerpos de
militares, religiosos, radicales, peronistas, civiles, deportistas
ilustres, etc. El cementerio es el lugar del recuerdo, de la historia,
su carácter de monumento radica precisamente en eso. “Tertulia”
no pretende en ningún momento trabajar sobre el morbo, sobre
la muerte como asociación inmediata a la figura del cementerio,
sino todo lo contrario. Quienes, sin haber visto el proyecto, hayan
cosiderado a “Tertulia” como algo ofensivo prefieren
cuando menos permanecer en la ignorancia.
La propuesta de Nicolás Varchausky
y Eduardo Molinari propone un recorrido por la memoria (siempre
flaca para los argentinos). Los autores seleccionaron cuarenta espacios,
a los que agregaron determinados tipos de instalación lumínica
(o falta de, para lo cual se suministraron linternas a los visitantes),
junto con montajes de imágenes fotográficas (en backlight)
y archivos de audio. Las imágenes aludían a la época,
o a eventos extrapolados temporalmente relacionables con el personaje
en cuestión (como la represión policial en la tumba
de Ramón Falcón). El audio podía pertenecer
al personaje, así como podía ser de alguien que estuviera
hablando sobre él. El espectador, al ir recorriendo, y en
base a la cantidad de tiempo que le dedicara a cada espacio, iba
creando un montaje inconsciente de voces e imágenes.
Algunas voces, de medios o de particulares
opuestos a la intervención, han hecho hincapié en
la “vaguedad”, en lo confuso, en lo ideologizado, en
que “no se entiende” qué se quiso decir, que
transformar el cementerio en un “teatro” es profanarlo,
o incluso si es posible considerar “Tertulia” un evento
artístico. El proyecto de Varchausky y Molinari no es inocente
ni objetivo en su selección de tumbas, pero ¿es necesario
que lo sea? Seleccionan material de archivo como una forma de establecer
un montaje de documentos, un mosaico de memoria colectiva. Quien
esté en desacuerdo con la selección por considerarla
tendenciosa, no hace otra cosa que poner en tela de juicio el elemento
objetivo y testimonial del documento, lo que es un concepto integral
al proyecto “Tertulia”. La intervención no teatraliza
la necrópolis, no la paganiza, sino que la transforma en
un elemento discursivo fuerte. No es el morbo lo que se incentiva,
sino la necesidad del recuerdo. La memoria no es una construcción
objetiva, ni individual, ni siquiera pertenece al más prestigioso
de los historiadores. El pasado se construye y se reconstruye, y
no sólo es natural, sino que es absolutamente necesario.
Hacer referencia a la Campaña del Desierto
(nuestro granito de arena en la historia de las llimpiezas étnicas)
en la tumba de Julio Argentino Roca o a la figura de Videla en la
de José Félix Uriburu (primer golpista oficial y el
último), implican, sí, una toma de posición
(inevitable, por otra parte, ya que establecer un relato histórico
es en sí mismo una toma de posición). Pero, más
allá del “escrache”, lo que pide la obra es la
necesidad imperiosa de hacerse cargo de la historia propia, de aceptar
el relato en su totalidad, con absolutismos y ambigüedades.
Por ejemplo, también está la figura de Eva Perón,
elaborada en un montaje fragmentado de imágenes dispersas
a lo largo de un pasillo, metáfora de la figura misma de
Evita, que no es única, sino que cobra diferentes sentidos
para cada grupo social de la Argentina.
En cada grupo de espectadores reunidos frente
a una tumba se los podía escuchar dialogando en la oscuridad,
desconocidos, reconstruyendo la historia del personaje “intervenido”.
Como reacción frente a lo “confuso” e indeterminado
de la narración propuesta por los autores (no había
un texto orientador, simplemente un nombre, imágenes y audio),
los espectadores completaban el vacío, agregando datos, corrigiéndose.
¿No es acaso eso mismo la historia de un país? ¿algo
más que el solo documento? La intolerancia consiste precisamente
en evitar, en censurar el diálogo, y cuando no hay diálogo
(y no se aceptan las diferencias y las contradicciones que lógicamente
conviven en la sociedad de masas o en cualquier grupo de personas
que tengan una historia juntas) se corre el peligro de caer en la
violencia. No sé cuántos de estos espectadores elaboraron
un concepto global de la obra, pero, consciente o inconscientemente,
a través de su intercambio, la activaban, le daban vida,
motivados por la propuesta transformándose ellos mismos en
actores de la “tertulia”.
El cementerio de la Recoleta no es inocente,
ya que alberga a los protagonistas de la historia nacional; no era
posible utilizar para este proyecto otro espacio, ya que la potencia
simbólica se hubiera perdido. En ningún momento se
pretende un diálogo con los muertos de manera perversa (como
sugiere algún medio), ni una teatralización frívola
de la necrópolis; la ocupación del cementerio no es
sólo para escuchar a las voces del pasado, ni por una cuestión
lúdica o meramente estética, sino que habla sobre
la necesidad de apropiarse del pasado, incluso con sus partes olvidables,
generar el intercambio entre los vivos como forma de poder ser hacia
delante, porque no aceptar ese pasado es también una forma
de ir eternamente a la deriva (por carecer de una identidad entera)
o de condenarnos a repetir nuestras tragedias.
El malestar de los vecinos es entendible,
sobre todo en el caso de aquellos que no coinciden ideológicamente
con los autores de la obra, y sin embargo una obra como “Tertulia”
aparece como necesaria en un país que se empeña siempre
en olvidar lo que se hizo ayer (o en la inacción frente al
recuerdo como forma de olvido). Incluso la minuciosa selección
de imágenes y audio está subordinada a su más
profundo trasfondo conceptual. En última instancia, la intervención
real (la imagen de Videla tomando de la mano a un niño en
la tumba de Uriburu, la referencia de Alberdi con respecto al Paraguay
como parámetro a seguir – que posteriomente fuera destruido
en una guerra por intereses como lo fue la guerra contra el Paraguay)
se convierte en una anécdota frente a su discurso central.
Es el árbol delante del bosque: hay que poder levantar la
vista del arbusto para ver todo lo demás.
Quienes se manifestaron fuera del cementerio,
formaron parte involuntaria de la instalación. Sin verla,
la negaron, sin entenderla, quisieron evitarla. Eso también
es parte de nuestra historia.
www.imaginacionatrapada.com.ar
30/09/2005
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