Cine / Drama
/ Wong Kar Wai - Crítica

“2046”: La mística
poética de Wong Kar Wai
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Dirección y guión:
Wong Kar-Wai. Elenco: Tony Leung (Chow Mo Wan),
Gong Li (Su Li Zhen), Takuya (Tak Kimura), Faye Wong (Wang Jing
Wen), Zhang Ziyi (Bai Ling), Carina Lau (Lulu/Mimi), Chang Chen
(CC 1966), Wang Sum (Sr. Wang/Jefe del tren), Siu Ping Lam (Ah Ping),
Maggie Cheung (SLZ 1960), Dong Jie (Wang Jie Wen). Producción:
Wong Kar-Wai. Música: Peer Raben y Shigeru
Umebayashi. Fotografía: Christopher Doyle,
Lai Yiu Fai y Kwan Pun Leung. Montaje: William
Chang Suk-Ping. Diseño de producción:
William Chang Suk-Ping. Dirección artística:
Alfred Yau Wai Ming. Vestuario: William Chang Suk-Ping.
Duración: 120 min. Web
(recomendable la visita): http://www.wkw2046.com/
Qué es 2046, en el fondo nadie lo sabe,
porque nadie ha regresado para contarlo. En 2046, nada cambia, y
de ahí su atractivo; quienes toman el tren hacia ese misterioso
lugar, lo hacen buscando recuperar aquello que perdieron, sea lo
que sea.
En 1997, cuando Hong Kong pasó a China,
el gobierno chino aparentemente prometió que no habría
cambios durante los próximos 50 años. El último
año sin modificaciones sería, entonces, 2046. Wong
Kar Wai se sintió atraído por el número, pero
sobre todo por la idea de “no cambio”. En sus films
hay una constante insistencia sobre una suerte de metafísica
del tiempo que se escurre junto con quiénes hemos sido, quiénes
somos y seremos. La promesa del gobierno chino no hizo más
que dar una vuelta más de tuerca al mundo de Wong: ¿cómo
sería un lugar donde nada cambia? ¿es posible no cambiar?

Lo más sencillo es presentar a Chow
Mo Wan (Tony Leung) como un escritor de poca monta que comienza
a escribir una novela como forma de purga personal. También
está la tentación de hacer las conexiones posibles
con "In the mood for love", el film anterior de Wong,
por la presencia de nombres y hechos que parecen continuar lo que
dejaron ahí. Desde lo narrativo en el film, lo que ocurre
es el ida y vuelta entre la escritura y la vida de Chow, entre la
ficción y la realidad, y las conexiones no son indispensables
para ver el film.
El amor es el eje, sí, como siempre.
Pero Wong, acá, se pregunta de forma aún más
profunda sobre su naturaleza huidiza, sobre la capacidad de los
seres humanos de poder darlo y recibirlo, de ir al frente y sobreponerse
a la caída, de poder seguir.
En ciertas tradiciones chamánicas se
dice que cuando una persona parece absorbida por la melancolía
es porque una parte suya ha quedado atrapada en algún momento
doloroso de su pasado. Entonces, hay que llamar a esa parte, traerla
de vuelta, para que la persona esté completa de nuevo y pueda
seguir. Chow, desde sus escritos, llama a ese fragmento suyo que
está viajando a 2046.

Cuando el corazón se quiere proteger,
instintivamente se cierra, se enfría. Este escritor de poca
monta viaja a Singapore, a Hong Kong, en búsqueda de ese
yo, el que podía, el que sabía amar, y que ha perdido.
Chow además es un jugador, que cree
en las casualidades como señales a apostar. Una mujer que
tiene el nombre de otra mujer en Singapore es el comienzo. Ya en
Hong Kong, verá repetirse de su pasado un rostro que a su
vez lo lleva a otro número que también vuelve, 2046.
En el film, 2046 es el número de una
habitación del Oriental Hotel, donde Chow termina viviendo
(aunque él lo hará en la 2047). Habitado por sucesivas
mujeres, Chow volverá continuamente al 2046, en una suerte
de regresión constante en búsqueda de aquello perdido
(él vive en un número más adelante, pero se
empeña en volver al anterior, aunque simultáneamente
se empeñe en alejar una y otra vez a esas mujeres). Para
Wong Kar Wai, el amor es algo maravilloso y misterioso en su relación
con los seres humanos: están aquellos que nunca lo han sentido
y tienen pánico de hacerlo, aquellos que lo han perdido y
no saben cómo recuperarlo, aquellos que lo logran, etc. Pero,
indefectiblemente, y esto aparece como una obsesión de Wong,
la posibilidad de encontrarse nuevamente con el amor empieza recién
cuando la persona logra soltar, aflojar, dejar que los recuerdos
sean recuerdos, es decir, aceptar el fluir vital que implica que
la vida está llena de tropiezos que son simplemente parte
de ese avanzar hacia uno mismo.

Para un film de Wong, es indefectiblemente
necesario crear un mundo, el universo propio del film. Se lo ha
asociado al realismo mágico, y es probable que algo de eso
haya, en tanto los personajes se mueven por historias y ambientes
que dan la idea de un mundo cerrado en sí mismo (la estructura
que cierra es la del propio Wong como autor omnipresente).
En un universo de personajes en busca del
amor, se oscila entre los colores cálidos y los fríos
y duros (siempre saturados ambos tipos). La irrealidad de sus intensidades
está tan relacionado con la percepción que Wong tiene
de Hong Kong (incluso el de 1966, como es el de “2046”),
como con esa diégesis propia donde se mueven sus historias.
La reconstrucción detallista del Hong Kong sesentista se
contrapone al CGI del mundo futurista que Chow describe, a su vez
cruzado por una caracterización teatralizada de los personajes
del futuro en su distanciamiento frente al mayor realismo de la
vida cotidiana. El mundo del futuro es tan decadente en sus brillos
y texturas lisas y artificiales como el del presente de Chow, caracterizado
por la falta de exteriores (salvo una terraza donde todos suben
como a mirar hacia lo que desearían alcanzar).
En “2046”, los cuartos son pequeños,
cerrados, sin vista a la calle. El contraste en tamaño está
dado por los salones de fiesta que frecuenta Chow, aunque estos
tampoco miran hacia fuera. Los primeros permiten la interacción
física de los personajes, correr levemente el velo de las
máscaras que utilizan. Los segundos son simplemente el lugar
de transición, el lugar de la máscara. Entre el tren
que va eternamente sin llegar nunca a 2046 y esa vida, no hay demasiada
diferencia. El continuo uso de luz artificial (que cumple un rol
tanto estético como metafórico) no hace otra cosa
que reforzar la añoranza de la luz del sol.

“2046” es inconstante en
su timing con respecto a films anteriores de Wong Kar Wai, pero
se inscribe dentro de la búsqueda poética de su creador.
Wong es uno de esos directores que hacen renacer la discusión
sobre el cine de autor. Si bien “2046” es el resultado
de un enorme trabajo colectivo, técnico y actoral (lo que
hace más borrosa la noción de un autor único),
lo cierto es que el espíritu de Wong sobrevuela todo el film;
es su identidad, su búsqueda, su visión obsesiva en
la narración y la construcción visual y sonora del
relato, la que baña ese trabajo colectivo.
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24/08/2005 |