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“300”: Entre la exhuberancia
visual y la mera propaganda
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Dirección: Zack Snyder.
Elenco: Gerard Butler (rey Leónidas), Lena
Headey (reina Gorgo), David Wenham (Dilios), Dominic West (Theron),
Vincent Regan (capitán), Michael Fassbender (Stelios), Tom
Wisdom (Astinos), Andrew Pleavin (Daxos), Andrew Tiernan (Ephialtes),
Rodrigo Santoro (Jerjes), Giovanni Antonio Cimmino (Pleistarchos).
Guión: Zack Snyder, Kurt Johnstad y Michael
B. Gordon; basado en la novela gráfica de Frank Miller y
Lynn Varley. Producción: Gianni Nunnari,
Mark Canton, Bernie Goldmann y Jeffrey Silver. Música:
Tyler Bates. Fotografía: Larry Fong. Montaje:
William Hoy. Diseño de producción:
James Bissell. Vestuario: Michael Wilkinson. Duración:
117 min.
Una de las frases a la salida de la privada
de prensa entre los varios críticos que asistieron ese día,
fue que, de haber sido Mel Gibson el director y no el todavía
relativamente desconocido Zack Snyder siguiendo los estrictos lineamientos
de Frank Miller, la reacción frente a la película
sería muy negativa (palabra más, palabra menos). Y
es cierto que el tono del texto es muy similar en cuanto a sonido
ideológico al que suele aparece en los films del ultraconservador
Gibson.
De las obras de Miller, es cierto que “300”
no es la principal, e incluso es considerada un poco una “obra
menor”. Lo que más destaca es el arte (el dibujo a
cargo del propio Miller y el color de Lynn Varley); es ese aspecto
de violento atractivo visual, de colores cálidos saturados,
formas cortantes y claroscuros extremos. El montaje del comic asemeja
por momentos casi un teatro de sombras y en otros está empapelado
de la paleta cromática que le imprime Varley. La saturación
casi salvaje acompaña lo crítico de la situación
de los famosos 300 hombres de Leónidas, así como esta
suerte de inconciente arrogancia en la batalla que Miller admira
en el ejército espartano (y en sus peculiares rituales de
iniciación y continuación).
Así como Robert Rodríguez consiguió
un logro técnico con el traspaso de “Sin City”
a la pantalla grande, el equipo encabezado por Zack Snyder hace
otro tanto al lograr equiparar la vivacidad y fuerza de estilo del
comic. Algo de la síntesis que Miller logra en el comic en
sus dibujos y en el montaje y sobremontaje de las viñetas
queda perdido en este caso al saltar de formato, no obstante el
espíritu de la grandiosidad y lo desmedido se mantiene en
la construcción de texturas y de capas de dominantes (cierta
pátina grisácea en la superficie que se va fundiendo
con los ocres hacia el horizonte de un cielo plomizo).
El montaje del film de Snyder es prolijo y
sin fisuras, pensado para mantener un ritmo que no baje nunca. El
montaje híbrido de “Sin City” (que respetaba
mucho el estilo del comic) es acá reemplazado netamente por
un montaje más tradicional, de lo yuxtapuesto, al estilo
transparente de otras superproducciones como “Gladiador”,
“Cruzada” u otros films similares, donde en realidad
el montaje consiste en enlazar hábilmente las numerosas secuencias
de batallas con los pequeños momentos de intriga o pausa.
Es el espíritu de comic que mantienen los personajes y las
imágenes lo que diferencia a “300” de sus parientes
no tan lejanas.
Miller
en ningún momento pretende hacer una recuperación
arqueológica de las batallas libradas por los 300 valientes
espartanos, ni reconstruir con falsa quirúrgica precisión
el momento histórico (como pretenden “Gladiador”
y afines). “300” es explícitamente un producto
de ficción, explícitamente basado de forma libre en
un evento histórico real, de ahí que los 300 del título
luchen contra un ejército de medio millón.
Es este elemento de saberse ficción
el que separa a “300” de la asociación con los
films de Mel Gibson. Tanto en “La Pasión de Cristo”
como en la reciente “Apocalypto”, la objeción
que uno (quien firma) hace es, primero que nada, que en las películas
de Gibson, todo tiende a ser literal y unívoco, cuando los
hechos o los temas en los que incursiona están plagados de
lecturas – no es que elige y se detiene sobre una, sino que
la forma en que lo hace, hace que pretenda que es la única
elección posible -.
Lo que también diferencia a la “300”
fílmica con el cine de Gibson, es que este último
se para en un lugar ideológico conservador desde el cual
hace una lectura tendenciosa de la historia para llegar a un entendimiento
trascendente. “300”, en su versión cinematográfica,
extiende de forma poco sutil el texto del comic y enarbola explícitamente
un discurso que lejos está de la trascendencia y que, por
momentos, cae en la más lisa y llana propaganda fascistoide
(curiosamente en boca del personaje femenino que tiene poco y nada
protagonismo en el comic, con palabras que, curiosamente, recuerdan
mucho a la actitud con la que Condoleeza Rice hace política
y defiende la guerra en Irak).
El film de Snyder se queja de la inoperancia
de los políticos, que obstaculizan el envío de tropas
al frente, donde los exiguos valientes que arriesgan sus vidas en
nombre de la libertad y los derechos de todos los pueblos cobardes
o “afeminados” que no combaten por sí mismos
(o que huyen ante la menor dificultad) son poco menos que mártires.
Releen el presente desde el pasado, cuando un pequeño ejército
resistió la potencia del invasor, transformando a la potencia
actual en el pequeño, y al que resiste como guerrilla en
un ejército de deformes y monstruos. En ese sentido, “300”
se asemeja a un infomercial extendido que grita “únete
a los marines” (casualmente, la elite militar, los espartanos
de las fuerzas estadounidenses). Permanentemente se reitera la ciega
lealtad a un líder indiscutible y la necesidad de mantener
la unidad como única forma de llegar a la victoria. Lo que
no encaje no sólo no es deseado, sino que es peligroso, cuando
no automáticamente convertido en enemigo.
No es simplemente la valoración de
la gran anécdota, donde pocos se enfrentaron a muchos. Estos
espartanos no son simplemente héroes, sino que en su construcción
se dejan explícitamente afuera los elementos más crueles
de su cultura, con el fin, tambien conciente y explícito,
de conseguir una más eficiente identificación. Estados
Unidos es Esparta, más claro no puede ser.
Es preferible atenerse a lo ficcional y tomar
todo esto con humor.
Tomada como entretenimiento, “300”
es efectiva y estilizada (lo brutal se estetiza, volviéndose
objeto de admiración, y nos atrae lo monstruoso). Como propaganda,
es por momentos hasta grotesca. Combinar ambas cosas para captar
indirectamente la adhesión de las masas a través del
adoctrinamiento (en otras palabras, esconder la píldora en
el queso) no será ni la primera ni la última vez que
se haga.
Recursos Web:
http://es.wikipedia.org/wiki/Esparta
- Breve historia de Esparta, en Wikipedia
http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_las_Term%C3%B3pilas
- Idem, pero sobre la batalla de Termópilas (Thermopylae),
en la cual está basada "300"
www.imaginacionatrapada.com.ar
30/3/2007 |