Cine / Festival
Internacional de Cine Indpendiente de Buenos Aires - Crítica

8º BAFICI - “Agua”: La
fisicalidad de la imagen
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
(Argentina / Francia,
2006) Dirección: Verónica Chen Guión:
Verónica Chen, Pablo Lago Fotografía:
Sabine Lancelin - Matías Mesa (subacuática) Edición:
Jacopo Quadri - Cesar D´Angiolillo Producción:
Verónica Chen - Denis Freyd Producción
Ejecutiva: Gabriela Schmid - Juan Pablo Gugliotta
Elenco: Rafael Ferro, Nicolás Mateo, Gloria
Carrá, Leonora Balcarce, Pablo Testa, Jimena Anganuzzi, Diego
Alonso. Duración: 89' / 35 mm / Color
Verónica
Chen presentó en el 8º BAFICI su segundo largometraje
(el primero fue “Vagón Fumador”, que hasta el
día de hoy tiene tantos defensores como detractores). “Agua”,
a partir de las figuras de dos nadadores, busca mostrar una historia
de redención y de la lucha por salir adelante.
Un exnadador de aguas libres, Goyo, vuelve
a su ciudad natal tras diez años de auto-exilio (en un desiero,
de todos los lugares posibles) tras un incidente dudoso que le arruinó
la carrera. El Chino es un joven que busca abrirse paso entre los
nadadores de velocidad para salir de su precaria situación
económica. Las cosas de la vida, y una ciudad pequeña,
hacen que se crucen sus destinos. La noción de éxito
y fracaso, para ambos hombres, es ambigua y fina.
La situación de espejo que se produce
entre los nadadores es el eje de la trama; no sólo sus características
personales, sino su forma de relacionarse con los demás.
Goyo, a su estilo, siente que ha perdido esos diez años de
su vida e intenta que el joven no siga el mismo camino, vaya como
le vaya en su intento de convertirse en nadador profesional.
Chen utiliza pocos diálogos, y aquellos
que están, se ven afectados por el distanciamiento emocional,
un estilo al que recurren varios cineastas locales. Las búsquedas
detrás de ese distanciamiento pueden ser varias, como convertir
a los personajes en “ideas” o “símbolos”
o hablar de un estado de “abulia”, un deambular sin
rumbo (ambos recursos utilizados por Martín Rejtman en sus
films). En este caso, la intención parecería apuntar
hacia el estado de alienamiento emocional en que se ubican ambos
protagonistas voluntariamente. De todas maneras, en varias oportunidades,
ese “estar lejos” llega a quebrar el propio ritmo del
film.
Como contraste, el mundo acuático,
sea la pileta o el río, es donde los dos protagonistas se
mueven dinámicamente y con naturalidad. En la repetición
de los movimientos, donde los músculos se relajan y se contraen
una y otra vez mientras el agua se desliza por su cuerpo, es donde
encuentran sosiego. Durante esas horas (en el río), durante
esos segundos (en la pileta), es el tiempo en que son, sobre todo,
humanos; su vida está en el agua, no fuera de ella (en un
estilo lejanamente similar a “Azul Profundo”, de Luc
Besson). Chen recurrió a un grupo de profesionales especializados
para estas escenas, y el efecto se nota.
El nivel de perfección técnica
y expresiva para captar la esencia física de esos instantes
en el agua, tanto desde el cuidadoso trabajo sonoro como la imagen,
los llevan prácticamente a separarse del resto del film.
El conflicto que auna a ambos protagonistas está presente,
como felicidad, como angustia, como fluir vital desesperado (expresan
en el físico – sobre todo el caso de Goyo, con una
particular presencia corporal de Rafael Ferro - lo que no pueden
hablar), en esas secuencias líquidas.
“Agua” aparece como un film “bifaz”.
Si bien desde la resolución del relato esto sería
buscado (la naturalidad en el agua versus su opuesto fuera de ella),
el efecto de distanciamiento por momentos desconecta al film (demasiados
silencios y frases sueltas), que tiene entonces sus mayores logros
en las simultáneamente potentes y poéticas escenas
subacuáticas.
www.imaginacionatrapada.com.ar
5/5/2006
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