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Análisis

"Alien, el Octavo Pasajero":
El retrato siempre en falta
por Laura Lattanzi
mlauralattanzi@yahoo.com.ar
("Alien", EEUU, 1979) Director:
Ridley Scott . Productores: Walter Hill, David
Giler, Gordon Carroll para Brandywine Prod./20th Century Fox . Productores
ejecutivos: Ronald Shusett, Ivor Powell. Guión:
Dan O'Bannon [y David Giler, Walter Hill. Fotografía:
Derek Vanlint. Música: Jerry Goldsmith,
Howard Hanson, Wolfgang Amadeus Mozart. Montaje:
Terry Rawlings, Peter Weatherley. Efectos especiales:
Jean Moebius Giraud, Ron Cobb, Chris Foss (artistas conceptuales),
H. R. Giger (diseñador alien), Carlo Rambaldi (efectos cabeza
alien), Bob Keen (modelos). Elenco: Tom Skerritt
(Dallas), Sigourney Waever (Ripley), Veronica Cartwright (Lambert),
Harry Dean Stanton (Brett), John Hurt (Kane), Ian Holm (Ash), Yaphet
Kotto (Parker), Bolaji Badejo (Alien), Eddie Powell (Alien), Helen
Horton (Madre [voz]). Duración: 117 min.
“Ningún artista
puede estar seguro de llevar a buen término una idea preconcebida.
Cabe la posibilidad de que surgan contratiempos de los más
molestos; gente que no se resigna humildemente a que le corten en
cuello; que corre, que patalea, que muerde, y mientras el retratista
suele quejarse de la excesiva quietud de su modelo, en nuestra especialidad
el artista se ve normalmente dificultado por la excesiva agitación”
Del asesinato considerado como
una de las bellas artes. Thomas de Quincey.
La película comienza con una descripción
rutinaria pero significante del espacio en el que se desarrollará
el film, una nave espacial, que en la primera escena se nos presenta:
nombre y función; con sus tripulantes, diversos, como en
cualquier grupo de trabajo, con sus defectos y habilidades. Sin
embargo ¿qué es lo que rompe esta corta y primera
armonía? Esta claro, es un intruso. La construcción
que hace Ridley Scott a lo largo de todo el film de este monstruoso
invasor, es digna, fiel y coherente a toda la estructura del film;
y sobre todo, consigue producir en nosotros los espectadores esa
tensión entre el querer y el no querer mirar, entra el miedo
y el deseo que produce el juego de ocultamiento/desocultamiento
que nos tensiona y nos deja expectantes.
En los films de género fantástico
y terror se suele jugar con la cuestión de lo innombrable,
lo irrepresentable; y es esta misma puesta en suspenso lo que funda
el sobresalto. Para ello, el cine tiene sus propios mecanismos eficaces,
como el fuera de campo. Los juegos entre el fuera y dentro de campo
son decisivos para la construcción de un clímax de
que nos mantiene alertas y expectantes. La puesta en suspenso de
un significante claro, de una representación lineal y nítida,
se configura en la presentación del alien. En todo el desarrollo,
crecimiento, metamorfosis del monstruo nunca obtendremos un plano
general de éste, solo partes, fragmentos de su cuerpo: su
terrorífica y amenazante dentadura, sobre todo, con la que
devora a la tripulación. Así, ese mismo monstruo terrorífico
es ya de por sí imposible de visualizar en su totalidad y
éste juego es lo que más nos mantiene en vela, el
que posibilita que percibamos al monstruo como una extrañeza
imaginaria; pero, a su vez, como una amenaza real (bien real). Porque
“la ocultación está también, a la vez,
aunque de otra manera, dentro de lo alumbrado”. Así,
los planos nunca generales del monstruo o las escenas de mayor tensión
(destaco particularmente la previa a que Brett sea atacado) funcionan
más como síntoma, contribuyendo a consolidar un genero
de terror, en contraposición por ejemplo a las películas
de “horror” que muestran por de más, de terror
pornográfico.
Esta mirada incompleta o difusa se nos presenta
no sólo en los planos del Alien, sino también en el
mismo relato. Este nos advierte que el querer mirar de más
o el ser curiosos en demasía puede ser pagado caro. Y es
lo que sucede en el primer encuentro con el alien, con su embrión,
y el curioso Kane que quiere mirar más: mirar aún
dentro. Ese personaje deviene “todo mirada” y, por ello,
podría considerarse su situación como emblemática
y finalmente peligrosa. Sin embargo, nosotros como espectadores
ya estamos limitados por esa mirada: si bien deseamos ver más,
nuestro deseo nunca va ser satisfecho plenamente. Por ejemplo, la
escena recién mencionada es vista por nosotros, al igual
que el científico Ash, desde el mismo plano del televisor
que esta en la nave la cual nos entrega una mirada difusa y con
rayas que imposibilita el captar los acontecimientos con claridad.
Nuevamente el síntoma de una amenaza; amenaza que se manifiesta
por una falta, como relámpagos de oscuridad, que nos, producen
inquietud, tensión.
Ahora, si bien existen estos juegos de ocultamiento/desolcultamiento,
estos no parecen producir una ambigüedad en nuestro seguimiento
del film, que mantiene una estructura coherente, un relato claro.
Es decir existe lo oculto, pero esto más que ambigüedad
produce tensión. Esta es, a su vez, reforzada por los espacios
posibles que nos ofrece el film: uno cerrado y con la llegada del
“nuevo pasajero”, asfixiante, claustrofóbico,
pero lleno de recovecos; que es la nave espacial, en el que alien
y tripulación se las ingenian para sobrevivir; y uno infinito,
ilimitado, y por lo tanto oscuro y vacío de por sí:
el mismo espacio exterior, el universo todo.
Finalmente en la última secuencia del
film el personaje principal, que de a poco va ganando protagonismo
en la película, Ripley, se las debe ver sola con el monstruo
en un espacio aún más acotado, un lugar accesorio
pero definitivo: la capsula espacial, que se ha desprendido de la
nave central. De esta forma los dos únicos sobrevivientes
del relato se enfrentan “cara a cara” en un espacio
reducido, donde sólo existirá la posibilidad de un
ganador; nos encontramos en la propia arena de lucha. Este es un
espacio luminoso, donde ya no hay intersticios u oscuridades donde
el alien pueda ocultarse. Si en la nave central el terrorífico
monstruo puede desplazarse entre recovecos, agujeros y casi mimetizarse
con el entorno, que parece hecho a su medida (oscuro, barroco: abundante
en cables que cuelgan, goteos, conductos, pasillos), en la capsula
el alien parece ya atrapado de antemano, por la luminosidad que
ahora se presenta. Los juegos de ocultamiento y desocultamiento
ya no son posibles para la misma criatura, que deberá ser
ahora pura presencia; frente a otra presencia también luminosa,
también desprovista, pero de ropas, dejando al descubierto
un cuerpo de mujer, pero que se nos presenta como aséptico,
límpido. Dos cuerpos contradictorios: uno, el de una mujer
con cierta “aura cristalina” y el de un Otro, en una
diversidad completa, alienígena. Así ambos enfrentados
inevitable e irreconciliablemente, de una vez y para siempre. De
esta forma el que gane sobrevivirá y se reapropiara del espacio
para su propia supervivencia y el esperado retorno; quien pierde
es arrojado al vacío, al mismo espacio, pero esta vez el
del universo infinito.
www.imaginacionatrapada.com.ar
10/8/2007
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