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“Ana y los otros”: El minimalismo
de Celina Murga
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
(Argentina, 2003) Dirección
y guión: Celina Murga. Elenco:
Camila Toker (Ana), Ignacio Uslenghi (Diego), Juan Cruz Díaz
la Barba (Matías), Natacha Massera (Natalia). Producción:
Celina Murga y Carolina Konstantinovsky. Fotografía:
Marcelo Lavintman y José María Gómez. Montaje:
Martín Mainoli. Diseño de producción:
Sebastián Corujo. Vestuario: Ingrid Hedrich. Duración:
80 min.
Ana vuelve a su natal Paraná después
de diez años de vivir en Buenos Aires. No es que vuelve para
reinstalarse ahí, sino por la reunión de los diez años
de egresados del secundario. Los otros son los que se han quedado,
de los cuales Ana había quedado completamente desconectada.
El nexo con el pasado no es para la protagonista esta reunión
de excompañeros, sino la posibilidad de reencontrarse con un
viejo amor, perdido tras la secundaria. La reunión se convierte
en una especie de pausa temporal, donde aquellas épocas vuelven
un poco a pesar de los años transcurridos. Para Ana, encontrar
a Mariano es el motivo de su reunión con el pasado.
Celina Murga va siguiendo a su protagonista
con una cámara ingenua y curiosa. Ingenua en el sentido de
que opta por planos sencillos, largos; curiosa porque suele detenerse
en los diversos personajes que aparecen, dándoles un lugar
visual y una voz. Murga baja el ritmo, lo vuelve pausado, ajeno
al frenesí porteño (lo que hace que el film aparezca
como “lento”). La directora sigue a Ana en su regreso,
en su búsqueda; es que el evento es pequeño. Hace
poco un amigo me decía que prefirió no asistir a su
reunión de diez años porque prefería guardar
en el recuerdo aquellos años en vez de por ahí reemplazarlos
con una imagen presente que quizás pudiera opacar aquel tiempo.
Murga coloca a Ana en un espacio de suspensión temporal,
donde aquel pasado, personificado en esa presencia ausente que es
Mariano, le permite durante los días que permanece en Paraná
recuperar un poco de aquella persona que era, sin mayores preocupaciones
o responsabilidades (su mejor amiga ya tiene familia y le reclama
que ella “para cuándo”)…
Murga estira ese tránsito de Ana, esa
búsqueda. Múltiples personajes van dilatando el encuentro,
cayendo por momentos en cierto pintoresquismo. La gracia, parece
decir la directora, no está en el encuentro, sino en el camino
de la búsqueda. Un montaje pausado, una cámara lánguida,
son acompañados por temas de los ´80s (como para completar
el elemento del recuerdo). De forma acorde, la resolución
final es el único momento donde la mano de la directora se
hace explícitamente presente: de forma sutil, sencilla, como
un suspiro, Murga anuncia que el relato ha acabado.
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3/2/2006 |