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/ Romance - Crítica

“Ayer otra vez”: Johnny To,
versión comedia romántica
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
("Yesterday Once More" / "Lung
fung dau", Hong Kong, 2004). Dirección:
Johnnie To. Elenco: Andy Lau, Sammi Cheng, Jenny
Hu y Carl Ng. Guión: The Hermit y Au Kin
Yee. Fotografía: Cheng Siu Keung. Edición:
David M. Richardson. Diseño de producción:
Bruce Yu. Duración: 98 minutos.
Johnny To es más conocido
por sus films de gangsters con abundante acción y violencia
(no obstante lo cual, este es el primer film suyo estrenado en salas
locales). Por eso, encontrarlo incursionando en la comedia romántica
puede resultar extraño.
En los primeros minutos del film, se introducen
los personajes protagónicos y la situación fundacional
de la narración: dos ladrones de guante blanco, adinerados,
cool, elegantes e ingeniosos entran en un simpático conflicto
por ver cómo se divide el último botín. Sin
dar demasiados motivos, ante el capricho de ella por quedarse con
más, él se deja perder, pero, a cambio, le anuncia
que decide divorciarse (literalmente, puesto que son marido y mujer).
Eso es el pasado. Ahora, salto en el tiempo, ella acepta casarse
con un joven millonario a cambio de recibir una gargantilla que
es herencia familiar. Para este entonces, nos enteramos que ninguno
de los dos protagonistas necesita realmente robar, ya que ambos
provienen de familias en extremo adineradas, pero que, por algún
motivo, es la manía por quedarse con lo ajeno lo que los
había unido originalmente. Entra en escena la madre del potencial
nuevo marido, otra estafadora que tiene sus propios secretos, los
que se irán develando con el correr de la película
como forma de dar sentido distanciado de las actitudes del Sr y
la Sra Ladrón.
En una acción coreografiada, la gargantilla
cambia de manos y ella cree que ha sido su ex quien se le ha adelantado.
Comienza entonces un juego de gato y ratón, donde también
participan la madre del ahora ex – prometido y un detective
de seguros.
Una vez que To ha sentado estas piezas, pasa
a concentrarse en el aspecto de comedia romántica, con los
extravagantes juegos de seducción que se suceden entre los
dos protagonistas, con toques que recuerdan a viejas películas
de ladrones como "El Golpe" (dirigida por George Hill
y protagonizada Paul Newman y Robert Redford). Todo parece, de todos
modos, girar en torno a aquel conflicto original. Por algún
motivo, él demora el juego, buscando “enseñarle
una lección” a su exmujer, de la cual sigue, obviamente,
enamorado. El hecho de que todos los personajes sean tan adinerados,
elimina otros conflictos materiales reales; todo lo que desean,
lo pueden obtener. Lógicamente, esto concentra el dilema
sobre lo romántico: los sentimientos, la imposibilidad de
reemplazarlos por cualquier fortuna.
To crea un clima rosa, que pareciera apuntar
a recuperar cierto aire de las viejas comedias románticas
de Hollywood. Ambos protagonistas consiguen nuevas formas de provocarse,
de estirar la seducción; el film, en este punto, apunta a
entretener mientras llega el final esperado, y lo consigue. Pero,
por otro lado, los personajes se hayan despojados de otro tipo de
obstáculos (el problema de la gargantilla se resuelve demasiado
fácil, por ejemplo), y eso hace que la tensión se
quede en un nivel de meseta. La imposibilidad de concretar el deseo
se limita simplemente a que los dos protagonistas lo deciden así.
Sin embargo, el final le aporta una cuota
de melodrama romántico de forma sorpresiva (pero preparada
en la línea del guión). Este tramo del film también
se logra dilatarlo por intermedio de los recursos utilizados durante
todo el relato (una constante de juegos de espejos, donde el histeriqueo
seductor de los dos enamorados hacía confundir lo verdadero
y lo falso – elemento presente también en otros aspectos
de la narración -), donde se pone a prueba la capacidad de
los personajes de poder verse sin máscaras aunque sea una
vez. La ambigüedad entra en escena, y enriquece la historia
en su nivel cinematográfico, el espectador es incluido y,
entonces, el desenlace tiene mayor efecto y razón de ser.
En ese momento, las nociones de verdad y falsedad
se revierten con respecto al conflicto original. Lo que se pensaba
verdadero, no era más que algo falso, superfluo. La nueva
máscara, una falsedad aun más explícita y complicada,
logra, sin embargo, sacar a la luz el sentimiento real.
www.imaginacionatrapada.com.ar
29/6/2007
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