Cine / Festival
Internacional de Cine Indpendiente de Buenos Aires - Opinión

8º BAFICI: Entre luces y sombras,
el cine
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
La tentación existe de hablar de las
internas o los rumores sobre los escándalos aun frescos (la
salida de Quintín, el igualmente popular y polémico
anterior director del BAFICI), y sus coletazos. Pero hablar de esas
cosas implicaría tener realmente un conocimiento más
allá del rumor o del comentario. Lo que sí se puede
decir, es que armar un festival del tamaño del BAFICI no
es tarea fácil, sobre todo cuando su director anterior, incluso
con los reproches que puedan hacérsele, había logrado
ubicar al evento en la agenda internacional en un lugar de prestigio
y creciente popularidad. Y, dentro del evento mismo, al margen de
la programación, ya en el 2004 el festival se había
ido expandiendo como momento de reunión incluso extra-cinematográfico.
Pasado el momento de transición, como
quizás pueda considerarse al 7º BAFICI, este del 2006
podía ubicarse hasta cierto punto como el comienzo de una
nueva etapa.
Fernando Peña es un reconocido “recuperador”
de cine, tanto por su conocimiento del tema como por su capacidad
para armar ciclos que recuperan material poco visto o incluso perdido
en el tiempo. Esto se pudo observar, porque más del 50% de
los films exhibidos en el BAFICI fueron de material recuperado (como
los documentales del español Portabella de la época
del franquismo o los argentinos sobre la dictadura), o bien de retrospectivas
(con Rossellini y Kiarostami a la cabeza). La calidad de todas estas
películas es innegable, al margen de su valor como documentos
históricos tanto del cine como de momentos socio-políticos
concretos; son arte pero también memoria. También
fue interesante poner juntos a tres leyendas de la animación
como el checo Jan Svankmajer, el canadiense Paul Driessen o el norteamericano
Barry Purves (entrevistados a su vez por el periódico del
festival - http://www.bafici.gov.ar/dayli.php
-, que recuperó la dinámica y los contenidos que parecían
estar ausentes en la edición 2005).
Si bien este año las salas incluían
las del Hoyts Abasto, Malba, CC Rojas, Atlas Recoleta y Atlas Sta
Fé, algunos comentaron sobre el hecho de que el festival
se concentra sobre todo en la zona norte de la ciudad. Peña,
en la conferencia de prensa inaugural, como adelantándose
a este tema, había mencionado lo difícil que es conseguir
salas. De todas maneras, y al margen del tema de las salas, al festival
le servirían también formas de promoción previamente
y luego del evento, en la manera de publicidad, pero también
de convenios con canales de televisión; esencialmente, la
idea de que el festival se convierta en algo que, de una manera
u otra, en algo vivo para los espectadores más allá
de los 13 días de exhibición. Realizable o no, con
proponer no se pierde nada.
Lo curioso, es entonces la irregularidad de
la programación más contemporánea, donde no
terminó de quedar clara la dirección que tomaba el
BAFICI. A veces, la mera diversidad no alcanza. Hablando con críticos
y espectadores, la sensación generalizada era que, pese a
la presencia de films interesantes o “buenos”, faltaba
la elección de propuestas más arriesgadas, fuera en
lo temático o en su resolución técnica y formal.
¿Habrá sido la intención de diferenciarse de
la época anterior, a veces criticada de arbitraria?
El brillo del festival fue reemplazado por
un perfil más bajo en general, a veces quizás exagerado
(las fiestas se redujeron en número y a veces parecían
secreto de estado, lo que hizo que incluso faltara concurrencia
en algunas – esto, en algunos casos, fue propia responsabilidad
de los organizadores privados de dichos eventos y no directamente
del festival). Por otra parte, sin embargo, los invitados que hicieron
escuchar su voz lo hicieron a sala llena (como fue el caso del mítico
Jonas Mekas), o simplemente dejaron algo en su paso por Buenos Aires
(como fue el caso de los mencionados Svankmajer, Purves y Driessen).
También es para destacar la decisión de incluir numerosas
mesas de debate sobre distribución, producción, e
incluso sobre el propio cine argentino, con la intención
de discutir aspectos varios (e incluso se repartió un cuadernillo
con diversos artículos enarbolando posturas distintas sobre
el tema).
En definitiva, el octavo BAFICI se fue, irregular,
con luces y sombras. Sobre todo, con la sensación de que,
pese a la calidad de las películas, el acento en el pasado
fue un exceso de mirada hacia atrás, cuando el BAFICI, por
sus propias características y presupuestos, debería
mirar hacia delante, como finalizó Jonas Mekas su conferencia:
Decía que hay diferentes momentos de la vida, que cuando
se es joven se hace, se avanza, a veces sin saber dónde se
está yendo, y que sólo mucho más adelante aparece
la visión retrospectiva, que evalúa con otros ojos
lo vivido. En este mundo posmoderno, Mekas decía encontrar
demasiados jóvenes mirando tempranamente hacia atrás,
buscando la referencia, y que eso los perdía; “¡Dejen
de mirar hacia atrás, hagan hacia delante!”. El BAFICI,
por su propia historia y valor, debería ser un abanderado
de esto.
www.imaginacionatrapada.com.ar
28/4/2006
|