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/ Batman - Crítica

“Batman Inicia”: El nacimiento
del hombre murciélago
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Dirección: Christopher
Nolan Guión: Christopher Nolan y David Goyer,
la historia de David Goyer, basada en los personajes de Batman,
creados por Bob Kane y publicados por DC COMICS Intérpretes:
Christian Bale, Michael Caine, Liam Neeson, Katie Holmes, Gary Oldman,
Cillian Murphy, Tom Wilkinson, Rutger Hauer, Ken Watanabe y Morgan
Freeman. Director de fotografía: Wally Pfister,
A.S.C. Diseñador de producción: Nathan
Crowley Edición: Lee Smith, A.C.E.
Diseñadora de vestuario: Lindy Heming; Música:
Hans Zimmer y James Newton Howard. Producida por:
Emma Thomas, Charles Roven y Larry Francoa. . Productores
ejecutivos: Benjamin Melniker y Michael E. Uslan. Duración:
141 min Web: www.batmanbegins.com
Tras una serie de películas livianas,
poco menos que para el olvido, dirigidas por Joel Schumacher, regresa
la atmósfera oscura, más cercana al expresionismo
y al policial negro, esta vez bajo la mano de Christopher Nolan
(“Memento”, “Insomnia”, “Following”).
En esta ocasión, asistimos al “nacimiento
de la leyenda”, razón por la cual los primeros 30 minutos
del film no hay ni capas, ni máscaras ni batimóviles
ni nada parecido. No es el Bruce Wayne/Bruno Díaz simpático
y galante, sino el joven traumado y violento que se hunde en sus
infiernos buscando... buscando algo que ya ni recuerda qué
es. Un extraño personaje lo tomará bajo su protección,
ofreciéndole enseñarle lo necesario para salir de
su pozo y retornar al mundo de los vivos como un justiciero. El
problema es en la noción de justicia que tiene cada uno...
“Batman Inicia”, casualmente,
tiene algunos rivetes filosóficos que sin opacar el aspecto
de entretenimiento (estamos asistiendo a un film espectáculo,
no hay que olvidar eso), le dan una profundidad extra. Como dije
en alguna reseña sobre “Constantine”, los films
de superhéroes tienden a hablar en alguna medida de la sociedad
en la que aparecen.
Batman es un ser que aparece como respuesta
a una sociedad que ha perdido el rumbo. Para hacer respetar la Ley,
se pone al margen de la ley, jugando siempre al límite entre
la justicia y la venganza (que no son sinónimos, lo que se
explicita como conflicto en “Batman Inicia”). En “Batman”,
de Tim Burton, esto estaba presente, pero en un aspecto más
propio del relato que como elemento de discusión. Acá,
Christopher Nolan plantea de movida una Ciudad Gótica corrompida,
que se encarga de aniquilar aquellos que todavía creen en
una alternativa o en otro modo de hacer las cosas. Crisis económica,
desocupación, crimen, corrupción, separación
absoluta entre el poder y la masa. Lo único que importa es
el dinero, y por encima del dinero, el poder, quién lo tiene
y cómo lo conserva. Entre quienes luchan por él, no
hay buenos o malos, sino un solo bando que un día responde
a un pez gordo y otro día al pez más grande que se
comió al pez gordo. Es una sociedad en la que gobierna el
psicópata y que propicia la esquizofrenia y la destrucción.
El Bruce Wayne niño había asistido
al comienzo de este proceso. El que vuelve de los confines del mundo
se encuentra con la decadencia ya instalada.
En esa decadencia, debe moverse entre la pizza
con champagne para que no se sospeche de sus reales intenciones
(las buenas intenciones están mal vistas y son peligrosas
para el status quo).
En una estética oscura, cruda y potente,
heredera del mejor policial negro de los ´30 y los ´40,
Nolan muestra a una Ciudad Gótica aparentemente sin salida.
Es un laberinto (los planos generales nunca terminan de aclarar
el mapa de la ciudad, que en sus planos más cercanos muestra
a sus personajes atrapados en este cerco de concreto), que confluye
casualmente en el edificio de Industrias Wayne (cierto paralelo
con “Metrópolis”, de Fritz Lang, así como
probablemente cierta referencia metafórica a las Torres Gemelas
– recordemos que Ciudad Gótica está basada en
la ciudad de New York). Cruzando el puente se encuentra el famoso
manicomio Arkham, regenteado por el psiquiatra Jonathan Crane. Todo
indica que no hay escapatoria...
Filosofía y cierto aire apocalíptico
se mezclan, porque la decadencia es la previa del Apocalipsis. Ciudad
Gótica se encamina hacia su propia destrucción, anuncia
un personaje clave. Batman entonces ocupa el rol de justiciero,
pero también de redentor; pero Batman no es sólo un
hombre, sino un símbolo, y el símbolo excede a la
persona para convertirse en propiedad pública. Batman no
es Bruce Wayne, sin algo más.
Nolan consigue no sólo plantear los
conflictos que representa el personaje, que a su vez hablan de una
sociedad frívola que no distingue entre justicia y venganza
y que pone esta al servicio de intereses personales y corruptos,
sino que no pierde de vista el elemento de entretenimiento y aventuras
propios del género y del personaje en cuestión. El
Batman de Nolan vive un conflicto y conscientemente busca convertirse
en un símbolo, cosa que nunca pierde el director de vista
a lo largo del film. La construcción del personaje se completa
con la gama de tecnología, fuerza física, efectos
especiales y acrobacias correspondientes, pero que en ningún
momento son excesivas ni molestas.
Salvo Gary Oldman, que hubiera sido más
adecuado para ser “El Espantapájaros” que el
Comisario Gordon y que por ende anda medio perdido, el resto del
elenco anda por sus papeles con solvencia (incluso Liam Neeson,
quien había dejado una imagen triste en su Qui Gon en “Episodio
I: La Amenza Fantasma”). Christian Bale es una elección
adecuada, dada su capacidad para interpretar roles oscuros sin caer
en la exageración.
“Batman Inicia” es el regreso
a la esencia del personaje, en un momento particular. El misticismo
extremo y fanático que Batman termina combatiendo no habla
solamente de los hombres de turbante sino también de los
de traje que firman cheques y operan con las vidas de todos nosotros.
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17/06/2005 |