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“Borat”: El que todos aman
odiar
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
("Borat: Cultural learnings of America
for make benefit glorious nation of Kazakhstan", EEUU, 2006)
Dirección: Larry Charles. Elenco:
Sacha Baron Cohen (Borat), Ken Davitian (Azamat). Guión:
Sacha Baron Cohen, Anthony Hines, Peter Baynham y Dan Mazer; basado
en un argumento de Sacha Baron Cohen, Peter Baynham, Anthony Hines
y Todd Phillips. Producción: Sacha Baron
Cohen y Jay Roach. Música: Erran Baron Cohen.
Fotografía: Anthony Hardwick y Luke Geissbuhler.
Montaje: Peter Teschner y James Thomas. Dirección
artística: David Maturana. Vestuario:
Jason Alper. Web: http://www.borat.tv/
Duración: 84 min.
Dentro de una imagen rústica (poca
gama de colores, textura gastada, exposición mal regulada),
la cámara se va moviendo, liderada por un pintoresco personaje,
que va presentando a sus vecinos. Le da un beso de lengua a una
mujer sonriente, “esta es mi hermana, la puta número
uno del pueblo”, mientras en el fondo su mujer mira con odio.
En esos primeros segundos, ya “Borat” (cuyo título
original es ridículamente largo) define su filosofía
cómica, su protagonista, y qué es lo que el espectador
puede llegar a encontrar en el resto de la película.
Sacha Baron Cohen, el cómico judío
inglés detrás de la máscara es el principal
responsable del film. Recorrió Estados Unidos personificando
a Borat, un periodista kazajo que pretende ser algo así como
un emisario de la cultura de Kazakhstan, para incentivar el turismo.
Para todo esto, Baron Cohen utiliza y parte de toda la batería
de prejuicios imaginables, principalmente en Estados Unidos. El
propio Borat es el ejemplo estereotipado de habitante de Asia Central,
reaccionario, retrógrado y antisemita – y funciona
cumpliendo todas y cada una de las expectativas de barbarie que
se tienen de él -. No es que esto vaya a ofender menos a
la comunidad kazaja, por supuesto.
Borat, en su recorrido por Estados Unidos,
se entrevistará y conocerá a numerosas personas, dejándolos
bastante mal parados en general. El “equipo Borat” recorrió
el territorio con sus cámaras y siguiendo al supuesto periodista
kazajo (Baron Cohen vivió los meses de rodaje interpretando
a Borat prácticamente las 24hs, según él mismo
comenta, para dar mayor impresión de realidad). Como se han
cansado de repetir, el film no estuvo hecho con cámaras ocultas,
sino al mejor estilo Michael Moore, y, entonces, se oscila entre
la comedia satírica y el documental. La gracia no sólo
está en la comicidad del personaje y sus diálogos
(o los que mantiene con su “productor”, como cuando,
por ejemplo, se disputan el amor de Pamela Anderson – de quien
Borat se enamora tras ver un capítulo viejo de Baywatch en
el hotel - , o cuando ven en unas cucarachas a unos judíos
transformados), ambos absolutamente políticamente incorrectos.
La cuestión central, y por la cual se ha generado aun más
revuelo, es que los coprotagonistas (las personas que interactúan
con Borat), aparecen, en líneas generales, como un grupo
más reaccionario, retrogrado y racista aun que el propio
Borat.
El film está dividido en dos, y ambas
mitades, unidas, conforman una road movie cómica, documental,
satírica. Borat, al llegar a Estados Unidos, tiene pautadas
determinadas apariciones o encuentros específicos con miembros
de la comunidad. Primero es en New York, pero, ante la sumatoria
de fallidos, es evidente que la gira va en decadencia. Acá
es cuando comienza la road movie, impulsada por un deseo pasional
de Borat que lo hace cruzar, con el poco dinero que les quedan a
él y a su productor (con el que mantendrá una relación
de amor-odio), todo Estados Unidos con dirección a Los Ángeles.
Esto, por supuesto, sirve de excusa para parar en todos los pueblos
pequeños del medio-oeste, del sur y demás, extrayendo
en cada oportunidad respuestas o reacciones que pueden resultar
muy graciosas o muy ofensivas (o que son muy graciosas porque son
muy ofensivas, y provienen de “gente común” deschavada;
y en ese contraste radica el lugar especial que se ha ganado “Borat”),
como cuando en una armería pregunta “¿cuál
es la mejor arma para hacerle saltar los cuernos de la cabeza a
un judío?”, o cuando es festejado en un rodeo por pedir
muertes en la guerra o con unos miembros de una fraternidad, con
los que discuten sobre la necesidad o no de golpear homosexuales.
Lo admite el propio Baron Cohen, la comicidad de “Borat”
no sería lo mismo si no contara con la respuesta positiva
de la propia masa.
“Borat” recuerda cierto humor
ingenioso de los Hermanos Marx, pero también puede considerarse
deudor de los Monty Python, en una versión varias veces más
escatológica. Es una característica de la última
década y más una tendencia hacia lo políticamente
correcto, o a la búsqueda de la transgresión contra
esa regla como forma de mostrarse distinto. En el caso de “Borat”,
es el ubicarse en el hueco de lo políticamente correcto,
que es la pose y la hipocresía. Todas las personas que tan
mal han quedado en el film, obviamente, preferirían aparecer
en una luz más amable, en la cual no apareciera el racismo,
la intolerancia, el etnocentrismo ignorante, la homofobia, los festejos
a la violencia y varios etc..
Recursos Web:
http://es.wikipedia.org/wiki/Borat
- Wiki sobre Borat, incluyendo los numerosos, numerosos escándalos
posteriores
www.imaginacionatrapada.com.ar
16/2/2006 |