Cine / Documental - Crítica

“Café de los maestros”; música en fotogramas
por Sol Santoro
sols@imaginacionatrapada.com.ar
(“Café de los maestros”, Argentina, Brasil, Estados Unidos, 2008) Dirección: Miguel Kohan. Intérpretes: Mariano Mores, Leopoldo Federico, Ernesto Baffa, Atilio Stampone, Emilio Balcarce, José Libertella, Virginia Luque, Alberto Podestá, Lágrima Ríos, Horacio Salgán. Clasificación: Apta para todo público. Género: Documental.Guión: Miguel Kohan, Gustavo Santaolalla. Montaje: Alejandra Almirón, Gonzalo Santiso. Producción: Lita Stantic, Walter Salles, Gustavo Santaolalla. Duración: 91 minutos.
El proyecto que integra el filme “El café de los maestros” comenzó a gestarse hace unos cuatro años. Santaolalla tuvo la idea de que todos los grandes cantantes y músicos del tango sean homenajeados como leyendas vivientes. Todos juntos en un gran escenario.
Para esto convoco a personajes tales como Leopoldo Federico, Carlos García, Anibal Arias, Lágrima Rios, Atilio Stampon, Virginia Luque, Alberto Podestá, Emilio Balcarse, Nelly Omar, Juan Carlos Godoy, Gabriel “Chula” Clausi, Osvaldo Berlingieri y Mariano Mores, entre otros.
Las cámaras siguieron a los artistas durante las jornadas de grabación y ensayo que culminaron con una ovacionada presentación en el teatro Colón. Antes que el filme hubo entonces: muchas jornadas de grabación, la grabación de dos CD, un DVD, un libro con fotos y finalmente, la película.
Ésta fue dirigida por Miguel Kohan, y para la producción se sumaron al equipo Lita Stantic y Walter Salles. La opción de hacer un documental, en este contexto, podría haber dado como resultado un simple registro, un documento que de cuenta del proceso, sin más que ello, una mostración del recorrido que llevo al grupo de artistas a grabar sus canciones y presentarlas en un gran teatro.
Salvando todas las distancias, éste proyecto puede emparentarse con aquel que Win Wenders encaro en relación a la música cubana, dirigiendo en 1998 “Buena Vista Social Club”. Allí, un grupo de músicos, generacionalmente emparentados con los que logro reunir Gustavo Santaolalla, realizaron un filme y un disco, muy premiados tanto uno como el otro.
Ya que no existen en gran cantidad estos trabajos en que la labor resulta interdisciplinaria, este nuevo caso permite pensar en aquello que puede ofrecer el cine como arte, así como aquello que le es propio, exclusivo, original.
Luego de la intervención de las artes visuales y musicales que abordaron a su manera, y con sus posibilidades, a un mismo grupo de artistas trabajando, ¿qué le queda al cine para no ser una simple repetición? ¿Qué puede ofrecer como propio que complete la labor del resto de las artes? ¿Cómo no convertirse en un anexo de la obra y ser obra en si mismo? Para inmortalizar sus rostros ya había intervenido la fotografía, para inmortalizar las voces y los sonidos de las orquestas ya estaban los CDS y para la presentación en vivo, se utilizo un teatro cargado de historia y de lujo, como es el Teatro Colón. Entonces, la película ¿para qué? el director contaba con unas 300 horas de crudo para intentar un abordaje original.
Kohan decidió hacerse cargo del proceso y para recorrerlo eligió el eje de las relaciones interpersonales, los vínculos de un grupo de viejos conocidos, su finalidad no fue mostrar la gran noche de estreno sino todo el recorrido anterior. “Volvieron, cantaron, celebraron” anuncia el trailer. Y eso se ve, desde lo gestual, la complicidad y una historia en común.
Rompiendo desde el principio con el casi inevitable vínculo entre el tango y la melancolía, el filme se presenta dinámico, entrañable, mostrando los berretines propios de una generación que marco el género musical. Carreras de caballos, copetines en los bares y “los muchachos”. Se entiende que son los maestros, pero son personajes cercanos, propios de paisaje porteño.
El respeto y la admiración pero en lo más cotidiano. No parece haber una intensión de mostrar un Tango “For export”, sino un grupo humano con sus códigos más sencillos. La película no pretende que como espectadores los escuchemos cantar y tocar, porque para eso hubiese bastado una cámara fija en la sala del Colón, sino que se propone mostrar como se componen esos personajes tangueros. En sus casas, en los modernos estudios de grabación, en el ensayo, preparando los impecables trajes negros y disfrutando de lo que hacen hace tantos años.
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18/07/2008 |