Cine / Documental - Crítica

Capturando a los Friedman - Andrew Jarecki

“Capturando a los Friedman”: Rashomón mediático

por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar

("Capturing the Friedmans", EEUU, 2003) Dirección: Andrew Jarecki Elenco: Scott Bankston (El mismo), Jerry Bernstein (El mismo), Abbey Boklan (Ella misma), Lloyd Doppman (El mismo), Jack Fallin (El mismo), Arnold Friedman (El mismo), David Friedman (El mismo), Elaine Friedman (Ella misma), Howard Friedman (El mismo), Jesse Friedman (El mismo), Seth Friedman (El mismo) Producción: Andrew Jarecki, Marc Smerling. Co-producción: Richard Hankin Fotografía: Adolfo Doring Edición: Richard Hankin Música: Andrea Morricone Sonido: Mariusz Glabinski, Marlena Grzaslewicz, Bruce Kitzmeyer, Ira Spiegel Dirección de Arte: Nava Lubelski Duración: 107min

En “Rashomón”, Akira Kurosawa tomaba un viejo cuento japonés, en el que en un intento de robo y violación muere un hombre. La narración contaba la perspectiva de la mujer, según la cual el ladrón había asesinado brutalmente a su marido y había querido violarla. El ladrón decía que había sido seducido por ella y que había actuado en consecuencia. Al faltar la perspectiva del muerto, faltaba la tercera pata de la historia y, de todas maneras, era evidente que no había una única visión. Cada uno había creído una cosa distinta, o estaba mintiendo. No había una forma certera e inequívoca de acercarse a los hechos.

Andrew Jarecki, en un film realizado para HBO, se concentra sobre los Friedman. El padre y uno de los hijos fueron acusados de violación de menores. Las víctimas: los alumnos de computación del padre, niños pequeños de alrededor de 8 años. El lugar: la casa de los Friedman, en el sótano, en un suburbio de esos tranquilos de Estados Unidos. El disparador de la investigación fue el seguimiento de unas revistas pornográficas que consumía el padre (pornografía masculina adolescente, que recibe un seguimiento especial debido a la presencia de menores).

La histeria masiva. Entre los investigadores y los damnificados aparece una zona gris, turbia. Supuestamente los primeros obtuvieron sin presión los testimonios de los chicos, pero argumentos de algunos padres indican que puede no haber sido necesariamente así (o sea, que los investigadores pueden haber ido guiando a los niños en sus declaraciones). Evidencia física de abuso no se encontró, y todo el caso fue basado en los relatos de los pequeños. La comunidad entró en una suerte de paranoia colectiva, abroquelándose e identificándose como víctimas; quien pusiera en tela de juicio la veracidad de los cargos (por ej., si algún niño se negaba a acusar o similar) inmediatamente quedaba fuera de la comunidad. El adentro y afuera se polarizó. Lo mismo ocurrió en los medios. Pocos investigadores quisieron indagar un poco más antes de emitir juicio. Mediáticamente, los Friedman fueron declarados culpables. Jarecki incluye imágenes de archivo y testimonios directos, mostrando tanto líneas argumentales similares como absolutamente contradictorias.

La familia quebrada. Jarecki consiguió que, salvo uno de los hermanos que pidió despegarse por completo de la historia, la familia hablara frente a la cámara. Esto se completó con imágenes de video tomadas por ellos mismos durante lo que duró el caso (más de cuatro años), idea que empezó el hermano mayor como forma de llevar un diario de los sucesos. ¿Por qué el video? ¿Por qué un formato que los expone tanto? Las imágenes muestran el absoluto quiebre de la estructura familiar, que permanece en un estado de flagelamiento mutuo hasta el final.

El film comienza con una canción emblemática que habla de prepararse para actuar frente a las cámaras, hacer lo mejor posible para recibir la ovación. En semejante histeria mediática, Jarecki logra plantear la duda sobre hasta qué punto los personajes involucrados no mantienen una suerte de puesta en escena colectiva, con roles asignados, cuya única función es permanecer como el foco de atención.

Las confesiones de los involucrados permiten acceder a sus propias perversiones. Patológicamente, coinciden con el perfil de los cargos, pero las pruebas, sin embargo, no permiten nada concluyente. Es la historia de “Rashomón”, ¿a quién creerle?

La película se conecta indefectiblemente con la idea de “reality show”, esa mezcla de realidad y ficción que se ha convertido en un género en sí mismo. ¿Hasta qué punto la necesidad de atención o de construir relatos no se convierte en una cuestión morbosa?

El caso de los Friedman muestra, al mismo tiempo, qué frágil es el tejido social, que fácilmente se rompe y cae en un estado demencial. En este sentido, el film de Jarecki es igualmente fascinante y perturbador. Fascinante en cuanto habla de la capacidad de los medios (o del cine, para el caso) de construir historias, de lo polisémico de la imagen incluso como documento. Produce ese estado de fascinación también desde el lugar que se coloca, mostrando lo oscuro del ser humano tanto de los investigadores - ¿fueron objetivos en su trabajo? ¿están mintiendo al respecto? ¿presionaron a los chicos una vez que vieron que la cosa se les estaba yendo de las manos? -, como desde los padres – del miedo inicial a una cruzada colectiva en la cual ya no hay más que víctimas o victimarios, la imposibilidad de la duda frente al horror -, como de los mismos acusados - ¿están actuando? ¿asumen un papel sabiendo que no pueden probar su inocencia? ¿sus fantasías eran sólo eso? ¿frente al peso de lo colectivo asumieron sus fantasías como hechos? -. Perturbador es exactamente por los mismos motivos.

Al ser humano lo atrae y le produce repulsión su propia oscuridad, es la esencia adictiva del vértigo. Los Friedman, culpables o inocentes, toda la parafernalia y la histeria que los rodeó, son una buena y enfermiza historia de terror. Y, como sabe Stephen King, el que más horroriza es el terror que ocurre en nuestro terreno de certidumbre, en nuestra vida cotidiana, entre aquellos que creemos conocer. ¿Quién más quiere subir al escenario para que se enciendan las luces? ¿Quién más quiere la ovación del público?

www.imaginacionatrapada.com.ar
21/4/2006

     
     

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