Cine / Animación
/ Pixar - Crítica

“Cars”: El éxito de
ser bueno
por Alex Loust
(EEUU, 2006) Dirección:
John Lasseter. Doblaje original/español:
Owen Wilson/Nicolás Vazquez (Rayo McQueen), Bonnie Hunt/Verónica
Lozano (Sally), Paul Newman/Juan María Traverso(Doc Hudson),
Larry The Cable Guy/Dady Brieva (Mater), Michael Wallis/Francisco
Hernández (Sheriff), Paul Dooley/José A. Ceínos
(Sargen), Tony Shalhoub/Gino Renni (Luigi), Michael Keaton/Marcos
Di Palma (Chick Hicks). Guión: John Lasseter
y Dan Fogelman. Producción: Darla K. Anderson.
Música: Randy Newman. Montaje:
Ken Schretzmann. Duración: 121 min.
Al margen del elemento empresarial (la
fusión Pixar-Disney) o del tecnológico (los avances
realizados en pos de una mayor perfección técnica
en las herramientas y los resultados de la animación), aparece
“Cars”, la película. Su título original,
más romántico si se quiere, era “Route 66”,
en honor a la mítica ruta que recorre una franja enorme de
los Estados Unidos y que estimulara la imaginación de la
literatura beatnick. Su título final, absolutamente genérico,
no dice demasiado, ni en un principio promete ni genera demasiadas
expectativas. Los afiches pegados en la vía pública
tampoco aportan mucho, al margen del aspecto simpático de
los personajes. En cualquiera de los casos, no se habla de conflicto
alguno, ni de tema, a lo sumo apuntando meramente a los protagonistas
del relato: los autos.
Narrativamente,
el comienzo de “Cars” responde a la promoción.
Una carrera de autos en la popular (en Estados Unidos) fórmula
Nascar. Un campeón que se retira, un eterno segundo que espera
su momento de gloria, un novato talentoso que promete ser el nuevo
número 1. La primera secuencia, entonces, nos introduce al
héroe (el novato, Lightning McQueen – o Rayo McQueen
en su traducción al castellano): solitario, audaz, arrogante,
con destino seguro al éxito y finalmente entrar al dulce
mundo de la fama y el dinero. Velocidad, acción, vértigo,
son los condimentos de estos momentos iniciales.
Los personajes, autos en toda su variedad,
responden a partir de su humanización, a típicos patrones
de personajes de carne y hueso. No está el inicio traumático
típico de producciones Disney, donde ya nos hemos acostumbrados
a que ocurra alguna tragedia que marque la vida del protagonista.
De hecho, no parece haber conflicto movilizador inicial más
allá de la búsqueda del triunfo. “Cars”,
en este sentido, dedica su introducción para desarrollar
los rasgos presentes de su personaje, Lightning.
La arrogancia de Lightning lo lleva a una
situación que podría haber evitado. Esta situación
implica un viaje. En este viaje, el primer punto de inflexión
del film, Lightning se pierde y termina por aterrizar en Radiator
Springs, un pueblo olvidado al borde de la ruta 66. Por avatares
del destino, quedará varado sin poder avisarle a nadie dónde
se encuentra.
“Cars” es una película
que se ubica en un lugar muy particular dentro de las producciones
de Disney, pero sobre todo de Pixar. Para John Lasseter, es el primer
film que dirige desde “Toy Story 2”, y termina siendo,
para lo que es una película de animación con destino
masivo, un film dentro de todo personal. El desarrollo de los protagonistas
posee una mayor profundidad, un mayor delineamiento al margen de
las características superficiales. Pero, además, es
una mirada un poco más detenida (hasta cierto punto), y no
condescendiente, sobre los tipos de vida que retrata. Es familiar
la nostalgia norteamericana por lo que ellos suelen llamar “small
town America”, el pueblo chico donde se conservan las tradiciones.
Pero en “Cars”, Lasseter ve un poco más el lado
humano (valga la ironía). Radiator Springs no ha quedado
desolado por casualidad: la construcción de una vía
rápida más directa que la ruta 66 redirigió
gran parte del tránsito que pasaba por ahí, llevando
a la ruina toda la actividad económica del lugar. Así
como, desde otro lugar, obviamente, José Luis Guerín
en “En Construcción” conflictualizaba con el
rediseño urbano de Barcelona (y la consecuente reubicación
en el espacio de sus pobladores), Lasseter introduce también
este tema en “Cars”. Lógicamente, por una cuestión
de esencia del producto, ese elemento debe balancearse con el humor
y el camino del héroe y su trayecto hacia el éxito
(material y espiritual).
Desde
lo estético, “Cars” viene con la conocida paleta
de cálidos saturados y formas donde prevalecen las curvas
(evitando en general las líneas rectas). El realismo de los
paisajes y los edificios convive con la caracterización de
los personajes. Brillos y texturas, como ha sido mencionado en otros
medios, logran nuevos niveles de detalle y de plasticidad en los
movimientos.
Como ya es familiar, el cine norteamericano
gusta de los grandes gestos y cuanto más masivos mejor (siempre
está la necesidad de una gran tribuna para aplaudir al campeón
y abuchear al malvado) y esto no falta en “Cars”. En
este aspecto, el film funciona de forma atípica para lo que
venía haciendo Pixar, mezclando la épica propia del
deporte con el relato un poco más intimista (casualmente,
siguiendo la tradición de films deportivos – con actores
– del cine norteamericano – “Hoosiers”,
“Días de trueno”, “El color del dinero”,
etc).
En cuanto a las voces, se continúa
con la intención de darle un sabor local, lo que en sí
puede considerarse algo positivo, teniendo en cuenta que cada país
de Latinoamérica tiene sus propios modismos. La mayor parte
de las copias serán lanzadas en este formato, con algunas
en su idioma original.
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30/6/2006 |