Cine / Drama / Comedia / Romántica - Crítica

Cashback - Sean Ellis

“Cashback”: Detenerse y ver

por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar

(Reino Unido, 2006) Dirección y guión: Sean Ellis. Elenco: Sean Biggerstaff (Ben Willis), Emilia Fox (Sharon), Shaun Evans (Sean), Michelle Ryan (Suzy), Stuart Goodwin (Jenkins), Michael Dixon (Barry), Michael Lambourne (Matt), Marc Pickering (Brian), Nick Hancock (Rory).Producción: Lene Bausager y Sean Ellis. Música: Guy Farley. Fotografía: Angus Hudson. Montaje: Scott Thomas y Carlos Domeque. Diseño de producción: Morgan Kennedy. Vestuario: Victoria Russell. Duración: 90 min.

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Cashback es el sistema de puntos y premios. Cuanto más se compra, mayor cantidad de puntaje se acredita. En el caso del film de Sean Ellis, este puntaje extra acreditado tiene que ver con el caso de insomnia que sufre el protagonista, Ben.

Cámara lenta. Subjetiva del rostro de una mujer joven enfurecida. Esa es Suzy. Ben rompió con ella porque siente que no importa los esfuerzos que realice, no puede hacerla feliz. Romper con ella, evidentemente, no ha ayudado en ese tema. Pero es lo mejor.

Hacer lo que se considera lo mejor no necesariamente alivia la conciencia, ni el corazón. La ausencia, muchas veces, produce efectos no esperados, sino por su mera aparición, por su intensidad. Tampoco ayuda cuando Ben ve a su expareja saliendo con algo así como su inverso. No sirve de nada que Ben sepa en su fuero interno que la cosa no daba para más, porque la extraña, y la razón no puede con eso. Son las tripas que se revuelven, el comer de vicio o la inapetencia total porque el estómago está cerrado. Es pensar obsesivamente en cada rastro de la historia pasada, como juntando pedacitos que han quedado por el camino, porque distraerse algún momento implica perderlos, y ahí es como si uno mismo se perdiera.

Ben es estudiante de arte. Quiere ser pintor, pero, más bien, es dibujante. La cualidad del artista, para Ben, es la de poder ver, descubrir la belleza en el mundo. En ese hallazgo, para el artista, se deposita todo su ser. Un día asqueroso puede cambiar al “ver”. Es, a veces, sólo un instante, pero uno sabe, uno entiende qué es lo que ha presenciado. Pero, cuando el ánimo está torcido, esa visión es una maldición. Cada momento vivido con ese cuerpo que ya no está se repite, se expande en el tiempo, como una película cuyos fotogramas avanzan muy lento.

El obsesivo estudiante de arte con el corazón roto no puede dormir. El efecto secundario de su obsesión es no poder pegar un ojo. El sueño lo elude por completo, el momento de descanso lo evita, se burla de él. Ese tiempo expandido se hace chicle. Así es como Ben gana “8 horas extras”. Con ellas, necesitado de dinero, ingresa en un supermercado para la guardia nocturna, “para cambiar mis 8 horas extras por dinero”. El período de tiempo que cubre el relato sigue siendo escueto, pero se estira, porque, para Ben, los goznes del tiempo han saltado.

Entre las habilidades que Ben debe desarrollar para no volverse loco mientras supera su desamor, está la de “detener el tiempo”. En esos instantes, todo se congela o va en cámara lenta, pero no como esos ralentis de Wong Kar Wai. Acá, en el film de Sean Ellis, su protagonista ve, su ojo se abre a la belleza, sobre todo la que encuentra en el cuerpo femenino. Es piel, es tacto, es recorrer. Los colores, las texturas, se acentúan en esas suspensiones.

Curiosamente, el film es la expansión de un cortometraje nominado al Oscar y premiado en otros festivales, como si el propio tema del protagonista formara parte de la misma génesis de la película.

En ese mundo nocturno, alterado, Ben convive con toda una galería de personajes que, más que nada, sirven para condimentar de humor toda la trama. El centro sigue pasando por esas escenas poéticas que parecieran haberse inspirado en “Belleza Americana”, de Sam Mendes (1999).

El cine es la imagen en movimiento, y, como tal, es el mejor exponente de los tiempos actuales, donde cuesta detenerse a observar. Es necesario siempre continuar, no hay lugar para la pausa. De la caída es compulsivo levantarse automáticamente. En medio del movimiento, Ellis propone su opuesto, la detención.

Pero la vida es balance, lo mismo que para el artista el ver y el vivir. La experiencia del tiempo, del amar, es relativa, puede pasar más rápido, o lenta como un suplicio. Detenerse demasiado implica el no exponerse; pasar corriendo es no poder apreciar el paisaje. Ben, como post adolescente y artista, está aprendiendo ese fino equilibrio.

En el cine, la detención sobre un fotograma provoca un efecto de extrañamiento, es como poder desnudar ese instante. Pero, si se permanece demasiado en ese lugar, el fotograma se quema, tal es su sensibilidad.

Equilibrio. Ver. Detenerse. Avanzar. Sentir.

www.imaginacionatrapada.com.ar
21/12/2007

     
     

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