Cine / Fantástico-Maravilloso / Tim Burton - Crítica

Charlie and the Chocolate Factory - de Tim Burton

“Charlie y la fábrica de chocolates": Tim Burton y la mirada infantil

por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar

Dirección: Tim Burton. Guión: John August; basado en el libro de Roald Dahl. Intérpretes: Johnny Depp (Willy Wonka), Fredie Highmore (Charlie Bucket), David Kelly (Abuelo Joe), Helena Bonham Carter (Mamá Bucket), Noah Taylor (Papá Bucket), Missi Pyle (Srta. Beauregarde), James Fox (Sr. Salt), Deep Roy (Oompa-Loompas), Christopher Lee (Dr. Wonka), Adam Godley (Sr. Teavee). Producción: Brad Grey y Richard D. Zanuck. Música: Danny Elfman. Fotografía: Philippe Rousselot. Montaje: Chris Lebenzon. Diseño de producción: Alex McDowell. Vestuario: Gabriella Pescucci. Duración: 115 min.

Hace poco leí un artículo en www.senseofcinema.com en el cual el autor debatía sobre si considerar a Tim Burton un cineasta-autor o simplemente un gran técnico trabajando al servicio de la maquinaria hollywoodense. El criterio por el cual se ha considerado históricamente a un director de cine como “autor” responde en líneas generales a su capacidad de generar un estilo propio, escapando a las imposiciones de los estudios para lograr un lenguaje que lo represente; una temática, una identidad visual, sus personajes, etc. Tim Burton, pese a operar dentro del sistema de estudios, ha logrado al correr de los años este lenguaje que no sólo lo identifica para el público en general, sino que además permite descubrir intereses, miedos, búsquedas.

“Charlie and the chocolate factory” es la última presentación de Burton, quizás uno de los pocos narradores de cuentos de hadas (en el buen sentido) que quedan. Algunos han identificado en esta nueva caracterización de Willy Wonka (el dueño de la fábrica de chocolates creado por Roal Dahl en el cuento original que dio título al primer film de 1971, “Willy Wonka and the chocolate factory”) una figura demasiado cercana a Michael Jackson (su soledad en su fábrica de fantasía, su aversión al contacto físico, su blanquísimo color de piel). Si bien el parecido es cierto, concentrar la visión del film en ese detalle es, esencialmente, perder el tiempo. El Willy Wonka de Johnny Depp conserva las características extravagantes del de Gene Wilder y, parecido a Jackson o no, lo cierto es que responde a la galería de excéntricos y solitarios de la poética de Burton (“El joven manos de tijera”, “Ed Wood”, “Big Fish”, “Batman”, su primer y emblemático cortometraje “Vincent”); el que no encaja, el que siempre será raro, con o sin fama o fortuna, su forma de ver el mundo desde ese lugar corrido.

El film es otra proeza estética de quien creara los mundos de todos sus films como lugares extrñados y/o “extrañantes”. En el film original, la acción sucedía en una ciudad pequeña norteamericana, de esas donde hay un reloj en la plaza central, y el aspecto de la fábrica, por fuera, no llamaba demasiado la atención salvo por su misterioso silencio. En la versión de Burton, el pueblo no es más esa pequeña ciudad pintoresca. El progreso ha llegado, cubriendo las tejas coloradas por un gris cemento, y la fábrica se ha transformado en una gigantesca mole que se impone en la ciudad así como aquella vieja casa sobrevolaba el suburbio en “El joven manos de tijera”. La pobreza de la familia de Charlie se ha vuelto más pobre, asemejándose en su miseria a las provenientes de los relatos de Charles Dickens. Aparece acá la figura del padre, desocupado a raíz de la tecnificación, y la pobreza como forma de exclusión social (la casa de Charlie está separada del resto).

Detrás de todo cuento de hadas se encuentran superpuestas la capacidad de mirar el mundo con ojos de niño y una cuestión normativa presentada de forma didáctica (esto presentado de forma explícita en el primer film dirigido por Mel Stuart). Los buenos y malos modales, la espiritualidad versus el materialismo, motivos del cuento y del primer film, son aquí puestos en una suerte de plano contiguo a la necesidad de recuperar la mirada infantil del mundo. Los niños malcriados, en este caso, incurren en el pecado de dejar de ser niños.

El mundo de fantasía del relato inicial nos presenta a Wonka como un personaje casi salido de “Las mil y una noches”, capaz de construir un palacio de chocolate para un califa oriental. Su creatividad eventualmente sufre los embates de la envidia, sus competidores lo espían y roban sus fórmulas, llevándolo primero a la quiebra y luego a la misteriosa y exitosa reapertura. El Wonka que extiende las invitaciones a cinco niños del mundo para que visiten su fábrica oculta un lado oscuro y receloso, en este caso, menos inocente que el de 1971. Y este Wonka, a diferencia del primero, no sólo será el que otorga el premio, el poseedor del poder, sino que es él mismo quien recibe un regalo de Charlie. Quizás por esto, no sólo por una cuestión de derechos, sea más adecuado que el título del film sea “Charlie and...” en vez de “Willy Wonka and...”.

En un mundo en el que todo es de plástico (incluso la fábrica de Wonka es exageradamente artificial), es Charlie el único personaje que aparece como de carne y hueso (paradójicamente aparece irreal con respecto al mundo fuera de la pantalla, y de ahí su asociación al “deber ser” del cuento de hadas). Es decir, el propio Wonka, con todo su colorido y sus inventos, ha caído en el gris que rodea y construye su fábrica por fuera; a diferencia del Wonka de Wilder que está siempre en control de sí mismo, la actuación afectada de Depp lo muestra acá como un personaje en falta, incompleto, que se revela en el fondo presa de sus propios miedos.

Como todo film de Burton, “Charlie...” tiene algunos huecos argumentales, en los cuales el director pareciera dispersarse o perder el rumbo y, no sabiendo como solucionar el quiebre de continuidad narrativa, simplemente lo ignora y sigue adelante (algunas secuencias cerca del final, sobre todo).

Sin embargo, como siempre, a sus propios errores o deficiencias se impone la firma de autor: su capacidad de ver el mundo con otros ojos, y de ofrecer esa mirada durante lo que dura el film. En un mundo de la obviedad y la practicidad, la visión de Burton, su recuperación constante de la mirada lúdica (la mirada infantil), es siempre bienvenida.

www.imaginacionatrapada.com.ar
5/08/2005

     
     

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