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"Waiting for Guffman": Por el
amor de Christ
por Marina Locatelli
marinal@imaginacionatrapada.com.ar
(EEUU, 1996) Director: Christopher
Guest Guión: Christopher Guest & Eugene
Levy Música: Christopher Guest, Michael
McKean, Harry Shearer
Fotografía: Roberto Schaefer Elenco:
Christopher Guest, Deborah Theaker, Michael Hitchcock, Scott Williamson,
Larry Miller, Don Lake, Fred Willard, Catherine O'Hara, Parker Posey,
David Cross, Eugene Levy, Bob Balaban, Paul Dooley Montaje:
Andy Blumentthal Dirección de Arte: John
Frick Vestuario: Julie Carnahan Duración:
84 minutos
“Fuera de lo que es propiamente humano,
no hay nada cómico.”
Henri Bergson
¿Qué es lo que hace de
“Waiting for Guffman” (1996) una excelente película?
Quizás se deba a que detrás de ella hay un autor:
Sir Christopher Guest. Es factible hallar sus marcas de autor tanto
aquí como en “Best in Show” (2000), en “A
Mighty Wind” (2003) y en “This Is Spinal Tap”
(1984), aunque esta última no fue dirigida por él.
Porque, a pesar de ser todas ellas creaciones colectivas, el lazo
que las une es Guest, ya sea como actor, guionista, compositor,
director, o todo esto junto. Las cuatro pertenecen al subgénero
cómico “mockumentary” y franquean reiteradamente
la delgada línea que divide la ficción de la realidad
y es que, con recursos propios de los documentales (impresión
de realidad, no hay música extradiegética, entrevistas
con los protagonistas, la mirada a cámara), se crean estos
falsos documentales, milimétricamente digitados desde las
indicaciones el guión, la puesta en escena, la interpretación
de los actores, la edición y, sobre todo, desde la dirección.
Los recursos y procedimientos del director son siempre los mismos.
Trabaja con un elenco estable, afecto a la improvisación,
con un presupuesto bajo, los relatos son poco nucleares, escasos
los plot points, y siempre se desarrollan en torno al espectáculo;
y la música, arte que maneja a la perfección, siempre
está presente.
Hay dos cosas que Guest conoce bien: los
procedimientos de la comedia y la idiosincrasia humana, y aplica
estos dos saberes en cada uno de sus films. Sabe que la comedia
flirtea con la locura y la ridiculez. Todos sus personajes, y hasta
los micromundos que retrata tienen algo de esto, pero no por locos
o ridículos dejan de ser entrañables. Resulta imposible
no adorar, aún sabiéndolos algo patéticos,
a los habitantes de Blaine en “Waiting for Guffman”,
a los cantantes folk de “A Mighty Wind” o a los excéntricos
poseedores de perros de competición en “Best in Show”.
Y esto es así porque, aunque aguda y punzante, la mirada
de Guest hacia ellos nunca es cruel, y por momentos se torna compasiva
y algo triste. Sin duda sabe que, potencialmente, cualquiera, en
cualquier momento, puede pasar a engrosar las filas de los ridículos.
En
su libro titulado “La risa (Ensayo sobre la significación
de lo cómico)”, Henri Bergson (1) dice que “lo
cómico es inconsciente”, lo cual es aplicable a cada
uno de los personajes de “Waiting for Guffman”. Esta
“can do people”, según palabras del alcalde de
Blaine, son personas que “pueden hacer” pero que no
reconocen lo que no pueden hacer, no ven sus limitaciones, ni tienen
autoconciencia. Gran parte de la comicidad de la película
reside en esto. El máximo exponente de dicha inconsciencia
es Corky St. Clair, un mediocre coreógrafo y director teatral
quien se cree un Andrew Lloyd Weber redivivo, a pesar de haber fracasado
en el off off off Broadway. Pero la inconsciencia no es un defecto
que recae únicamente en Corky y sus actores, sino un mal
que sobrevuela con desmesura el micromundo que es Blaine. Al inicio
de la película, en la Cámara de Comercio se delibera
sobre los preparativos para el festejo los 150 años de la
ciudad. Todo suena a grandilocuencia. ¡Hasta hablan de poner,
por cuestiones de seguridad, francotiradores en puntos neurálgicos
del centro del pueblo! Más tarde en el relato, vemos la total
inutilidad de los planteos que allí se hicieron. No es una
multitud la que asiste a los festejos ni mucho menos. De hecho,
no hay mas de 60 espectadores en el musical conmemorativo “Red,
White & Blaine”.
Guest satiriza la idiosincrasia de un típico
pueblo del centro de los Estados Unidos que lo más cerca
que está de la costa (cualquiera, la del Este o la del Oeste)
es la vera de un río. Sus habitantes son los prototípicos
white trash, personas que no alcanzaron el “sueño americano”
pero que todavía lo añoran. No es menor el hecho de
que Blaine se considere a sí mismo “la capital mundial
del taburete”. Las ansias de ser y de escapar de la chatura
pueblerina llevan a los protagonistas a depositar en Guffman, el
enviado especial de Nueva York para el estreno de la obra, todas
sus esperanzas de triunfo. Blaine parece haberse dormido en los
’80. El vestuario de la gente viene, al menos, con diez años
de atraso. Aquí hallamos otro recurso de la comedia sobre
el cual Bergson apunta:”Podríamos decir que toda moda
es ridícula bajo algún aspecto. Sólo que, cuando
se trata de la moda actual, nos acostumbramos a ella hasta tal punto,
que nos parece que el traje forma parte del cuerpo…Pero suponed
que un excéntrico se vista con arreglo a una moda ya anticuada:…diremos
que la persona se disfraza…y el lado ridículo de la
moda que hasta entonces permaneció en la sombra se nos mostrará
a plena luz.”
El titulo de la película remite indudablemente a “Esperando
a Godot”, y no sólo se relaciona con esta obra teatral
por el hecho de que los protagonistas están esperando a Guffman,
el caza-talentos neoyorquino, al igual que los personajes de Beckett
están esperado a Godot, sino porque el absurdo recorre todo
el relato. La mayoría de los diálogos son de una incongruencia
absoluta, las asociaciones que se realizan en ellos son increíblemente
absurdas, lo cual se da en todos los personajes pero, en especial,
en los pequeños monólogos de Corky. Cuando éste
quiere abandonar el espectáculo, ante la negativa de los
representantes de la ciudad de darle más presupuesto para
la obra, la descendiente de Blaine Fabin, el fundador del pueblo,
trata de convencerlo de que vuelva y le dice que no sólo
lo hace porque Blaine Fabin lo necesita y ella es una Fabin, sino
que lo dice porque sabe “que nadie… puede tocar…
todo…esto” (¿?).Una de las claves de la comicidad
de Guest es el quiebre de la lógica en diferentes ángulos:
las canciones del musical, en especial “Nothing Ever Happens
on Mars”, son la antiobra por excelencia de las comedias musicales
(en “A Mighty Wind” ocurre lo mismo, las canciones son
el despropósito de lo country); Corky cree, a pesar que está
dirigiendo prácticamente una representación colegial,
que triunfarán en la Gran Manzana; los espectadores de la
obra se sorprenden cuando ven un cartón pintado de platillo
volador como si fuese la última maravilla en efectos especiales.
Nuevamente en palabras de Bergson, “lo
cómico expresa ante todo una cierta inadaptación particular
del individuo a la sociedad”. En “Waiting for Guffman”
no son algunos individuos los inadaptados, sino que todo Blaine
es incapaz de adaptarse a su realidad, a los tiempos que corren,
a la lógica de la sociedad. Lo triste reside en que, aún
alejándose de su pueblo natal, los protagonistas siguen siendo
una suerte de inadaptados sociales, incapaces de registrar el patetismo
de sus pequeñas vidas y sin atisbo alguno de autoconciencia.
En la puesta en escena hay una característica que es preponderante:
la fealdad. Los edificios de la ciudad, en particular la casa del
coreógrafo, son cuadrados, chatos, sin forma, en perfecto
correlato con el espíritu de sus habitantes. Los cuadros
sobre la fundación de Blaine que el historiador del pueblo
muestra son horribles (ni Federico Klemm habría podido pintarlos
tan feos). Lo kitsch domina la escena desde las ropas fuera de toda
moda posible, pasando por el peinado ochentoso con su jopo exuberante,
hasta los increíbles objetos de la tienda de memorabilia
de Corky. Todo esto, sumado a la exacerbación de las convenciones
teatrales, ayuda a resaltar los rasgos caricaturescos de los personajes
y es una indicación más de por dónde va el
humor.
Y entonces… ¿qué es lo
que hace de este film una gran película? Probablemente sea
el profundo conocimiento de Guest sobre la naturaleza humana, su
visión inteligente y satírica, pero siempre compasiva,
de los personajes que retrata, su sincero interés sobre grupos
humanos y sus actividades, su intuición nata para reconocer
la comicidad en el comportamiento del hombre, su homenaje al ridículo,
sus citas pseudo-intelectuales y su humor aristocrático,
su naturalidad a la hora de caricaturizar, su habilidad para conjugar
música y humor, su buena fortuna para contar siempre con
un elenco a la altura de las circunstancias y para encontrar en
Eugene Levy el partenaire perfecto al momento de escribir guiones,
su sapiencia y amor por todas las formas del arte, llámese
esté cine, música, teatro, y hasta ventrilocuismo.
Guest ama y nosotros amamos a Guest.
(1) Bergson, Henri; La risa. Ensayo sobre
la significación de lo cómico; Losada; 2003
www.imaginacionatrapada.com.ar
16/3/2007 |