Cine Hacia Atrás / Drama / Woody Allen - Crítica

Crímenes y Pecados - Woody Allen

“Crímenes y Pecados”: la palabra del Superyó

por Sol Santoro sols@imaginacionatrapada.com.ar

(“Crimes and Misdemeanors”, 1989, EEUU). Guión y dirección: Woody Allen. Intérpretes: Alan Alda, Woody Allen, Mia Farrow, Martin Landau, Daryl Hannah, Anjelica Huston, Claire Bloom, Sam Waterston, Jerry Orbach, Joanna Gleason, Caroline Aaron. Producción: Charles H. Joffe. Edición: Susan E. Morse Duración: 105 min.

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En éste filme Woody Allen nos presenta dos historias en paralelo, que, si bien presentan algún personaje en común, sus protagonistas no se van a juntar hasta el final y de una forma casual y pasajera.

Por un lado está Judah, reconocido y exitoso oftalmólogo, que al comenzar la película está siendo homenajeado por su labor, certera imagen de un profesional sólido y padre de familia. Su integridad se quiebra cuando su amante, Dolores, se presenta decidida a hablar con su mujer sobre las irregularidades de Judah tanto en la pareja como en el manejo del dinero. Entonces, la amante interpretada por Anjelica Huston aparece para descubrir algo turbio, oculto, tras este personaje que, en principio, aparece como exitoso.

Por otra parte está Cliff, hombre pequeño en todo sentido. No luce como un triunfador, su mujer lo minimiza y lo disminuye comparándolo con su cuñado Lancer, quien realiza comedias para el gran público y es un empresario acaudalado - aunque vacío, a los ojos del propio Cliff -. Este último gusta de hacer películas documentales sobre personajes intelectuales poco factibles de ser comercializados. Lo que quiebra su status quo es, en éste caso, el enamorarse de Holly, una productora con quien trabaja grabando, con disgusto, la vida de su cuñado. Esta mujer, que si bien en relación a su función puede homologarse a Dolores, se opone porque para Cliff es una halo de luz o de felicidad en el medio de los vínculos poco felices que tiene en su propio hogar.

Tanto Judah como Cliff deben tomar una decisión, ambos deben elegir entre dos caminos. Y estas decisiones tienen algo de inmoral, algo de falta de ética y algo de ilegal, en mayores o menores proporciones. Los dos deciden romper reglas y leyes. Judah decide matar a Dolores y Cliff declarar abiertamente su amor por Holly, a quien incluso se anima a besar.

En el caso del oftalmólogo hay varios elementos. Él no encuentra salida posible en la cual no se afecte a ninguna de las partes. Su hermano, finalmente, pone en palabras algo que, evidentemente, había pasado por la cabeza de Judah, aunque éste intente negarlo: matar a la amante y hacer de cuenta que nada había sucedido.

Dos hermanos deben asesinar a un tercero para no quebrar el orden familiar, dilema equiparable con el de los protagonistas de la última película de Allen, "El sueño de Cassandra". Si bien hay un hermano más convencido que el otro, el crimen se comete. Pero tanto en una historia como como en otra, después sobreviene la culpa. Una culpa insoportable que va mucho más allá  del conflicto inicial, un peso que los personajes sienten como algo que no los va a dejar en paz; han logrado mantener el orden familiar pero han perdido la calma. La única manera de expiar la culpa es la confesión. Pero la confesión de Judah, al igual que la del personaje de Collin Farrel, arrastraría a su hermano; el conflicto tiene una resolución sin consecuencias.

La solución a un problema es el inicio de otro mucho más angustiante. Lo que sucede es que Judah se da cuenta que, más allá del crimen en si, ha cometido un pecado gravísimo. Algo que puede ocultar a los ojos de su mujer, pero no a sus propios ojos, y mucho menos a los ojos de Dios. La voz de su padre, ferviente religioso, lo persigue. Al principio, al hablar de su carrera, dice que no puede imaginarse los ojos de Dios, de los cuales le hablaba su padre; ahora siente esa mirada de manera constante, ya no importa de donde proviene, está ahí para recordarle su pecado y su falta.

El caso de Cliff es algo diferente: su castigo no es la culpa insoportable. Es cierto, él tiene su propio pecado, piensa y desea a una mujer que no es su esposa. Pero su matrimonio es caótico, es un vínculo artificial en el que no queda casi rasgo de amor o pasión.

Sin embargo , en Cliff hay una decisión anterior que sí pone en juego los valores individuales del personaje. Él no tiene trabajo, sus proyectos están estancados y Lancer, a quien desprecia por su labor y su actitud frente a la realización audiovisual, le ofrece filmarlo de manera halagadora para un especial de TV. Habiendo siempre defendido su trabajo frente a los desprecios de su mujer, se encuentra en una encrucijada: necesita el dinero, pero ganarlo incluye como requisito renunciar a sus principios. De alguna manera rompe con ellos, dirige el proyecto. Pero no puede renunciar a su propia naturaleza, detesta a Lancer y utiliza las imágenes filmadas para compararlo con Mussolini. Otra vez, aparece la idea de fracaso. Al igual que Judah quebrantó su moral y esto no fue gratuito.

Cabe preguntarse entonces cuál es el lugar de la culpa y el castigo. Si alguien comete un crimen, rompe una ley, hay un castigo, siempre exterior, que viene a sancionar  el delito, hay una idea de un afuera, de una fuerza otra que aparece para reparar un daño. Ahora bien, ¿qué sucede cuando este crimen o delito se dimensiona como un pecado? ¿Qué es lo que cambia?, la sanción proviene de otro lado, en el medio se ha colado la cuestión moral e individual. Aún en la mirada del padre y en la mirada de Dios que le pesan a Judah no hay más que una introyección del deber aprendido, a la manera de un Superyó, esas miradas son la propia mirada del personaje, que se juzga a si mismo, que no puede reencontrarse, que no está conforme con lo que hizo.

Woody Allen aborda estas temáticas poniendo en primer plano, en un nivel formal, el dialogo. El diálogo es la forma protagonista, si bien es importante la labor del montaje e incluso la manera en que se presentan los personajes, el protagonista no deja nunca de ser el diálogo. Tal vez porque es el estilo del director, tal vez porque es la mejor manera de exteriorizar un debate que se realiza al interior de cada personaje o tal vez una porción de cada uno. Hay una constante necesidad de los personajes de poner en palabras, aunque por momentos no se entiendan a sí mismos y no alcancen a culminar ningún proceso.

Lo cierto es que se ponen de relieve las relaciones entra las personas, los vínculos, la pareja y la familia como instituciones están corrompidas.

Ésta idea de ruptura con la propia creencia encuentra otro ejemplo interesante en un profesor que filma Cliff, quien en las cintas profesa el optimismo y la visión feliz de la vida, y termina matándose, contradiciendo la postura que sostuvo en su filosofía.

Asimismo, para Cliff, sostener una postura o una creencia de manera vehemente lo lleva al fracaso. Él no se permite faltar a su estilo y no logra concretar el proyecto. No logra ver más allá de lo que él cree válido o verdadero. No quiere ver. Él no es un criminal como Judah, no ha matado a nadie y tampoco piensa en hacerlo. Su verdadera falta esté tal vez en no poder correrse de su ideal. En éste sentido es algo soberbio, y es eso mismo que lo lleva a fracasar en su trabajo lo que lo lleva a fracasar en su conquista amorosa.

Al final, se encuentran en una fiesta Judah y Cliff. Aquel, otrora atormentado por su terrible crimen, se encuentra relajado; un día se levanto y la culpa se fue, algo dentro de él dejó de atormentarlo. Pero, para Cliff, el de la falta, la situación es diferente, ya que él en esa fiesta tiene ante sus ojos la imagen de su completa derrota: Holly se ha quedado con Lancer. Su falta es doblemente castigada, en tanto pierde el trabajo y pierde a la mujer que desea.

Así, el filme presenta al ser humano como vulnerable, hacia afuera y hacia adentro, proponiendo que  mucho más allá del peso de la ley está el peso de uno mismo, de la propia creencia.

www.imaginacionatrapada.com.ar
1/08/2008

     
     

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