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Crítica

“Delicatessen”: Socorro, papá
se quiere comer a mi novio
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
(Francia, 1991) Dirección:
Jean-Pierre Jeunet , Marc Caro Guión:
Jean-Pierre Jeunet, Marc Caro, Gilles Adrien Música:
Carlos d'Alessio Fotografía: Darius Khondji
Elenco: Dominique Pinon, Howard Vernon, Chick Ortega,
Pascal Benezech, Marie-Laure Dougnac, Jean-Claude Dreyfus, Karin
Viard, Anne-Marie Pisani, Silvie Laguna, Jean-François Perrier,
Dominique Zardy, Marc Caro Diseño de producicón:
Marc Caro Dirección de arte: Jean
Rabasse Producción: UGC / Hachette Première.
Vestuario: Valérie Pozo di Borgo Duración:
95 minutos
Jean Pierre Jeunet tiene un tema
con las familias disfuncionales. Desde sus primeros cortos en la
década del ´70, fue incursionando en la ciencia ficción
con modalidad surrealista. También pareciera desde siempre,
trabajó junto a Marc Caro. En sus largometrajes, la estructura
familiar está rota, quebrada, o aparece como mutante, extraña,
conformada como si fuera por parches. Incluso en su paso por Hollywood,
con “Alien 4: Resurrection”, la protagonista Ripley
– en su versión clonada – compartía un
peculiar vínculo materno-afectivo con una de las criaturas.
En “La ciudad de los niños perdidos”, la familia
del científico loco estaba creada artificialmente para completar
aquella que su creador estaba imposibilitado de tener, y la de los
niños estaba constituida por las circunstancias (con Ron
Perlman, en el papel de One, un grandulón bonachón,
se refería a uno de los pequeñines como su “pequeño
hermanito”).
En “Delicatessen”,
el film que lo puso en boca de todos, un mundo post-apocalíptico
encuentra a la civilización perdida y dividida en vegetarianos
y carnívoros, los últimos representados principalmente
por un carnicero (Jean Claude Dreyfuss) cuyo vínculo con
su hija está en crisis porque la chica le salió, paradojas
del destino, vegetariana… ah, y sí, también
porque se opone a su política de utilizar el edificio en
que viven como matadero de humanos para alimentar a la pequeña
comunidad que conforman. El Carnicero cobra en especias, literal
y metafóricamente, el trabajo sucio que hace en nombre de
los demás.
La primera secuencia del film
introduce a esta práctica y tras los créditos, se
nos muestra a quien parece ser la próxima víctima,
Louison (Dominique Pinon, el actor fetiche de Jeunet – luego
reemplazado por la simpática e irritante Audrey Tatou - ),
presentado con todas las características del antihéroe.
Louison es un payaso que tiene un acto con un mono, pero se queda
sin trabajo cuando los carnívoros devoran al chimpancé.
El Carnicero publica un anunció de trabajo para atraer moscas
a la telaraña (la metáfora del comportamiento insecto
es utilizada varias veces, como forma de degradación de los
personajes), y es en este caso nuestro protagonista quien responde.
Louison llega en taxi… empujando al taxi porque este se ha
descompuesto, no obstante lo cual el chofer le cobra de todos modos
al llegar a destino.
El entrañable Louison
se va metiendo en la piel de los habitantes de este derruido edificio
y especialmente de Julie (Marie Laure Dougnac), la hija del Carnicero.
Es de imaginar, entonces, que la salsa se vaya poniendo espesa.
El padre de la nena no sólo reniega del pretendiente, se
lo quiere comer… literalmente.
Jeunet y Caro ponen un acento
importante en el elemento estético, construyendo el mundo
de “Delicatessen” a partir de una virtuosa fotografía
(a cargo de Darius Khondji, que a parte de otros trabajos con Jeunet
también ha tenido a cargo la fotografía de films de
David Fincher como “Se7en”) y del diseño de producción
del propio Caro y la dirección de arte de Jean Rabasse.
Cada escenario respira y es un
personaje más. El edificio, que siempre aparece entre la
bruma como un viejo castillo de cuento de terror, dominado por tonos
ocres y cálidos saturados, al tiempo que por múltiples
utilizaciones del claroscuro siguiendo líneas expresionistas
potenciadas por la presencia de angulares sobre los primeros planos
que ayudan a acentuar la idea de deformación.
La obsesiva construcción
de cada ambiente está relacionada con las características
de cada personajes, y entonces el departamento de Julie, como contraposición
al resto, está lleno de luz difusa y de claridad, con sombras
suaves y colores cálidos no agresivos. Jeunet y Caro repetirán
la misma estructura en “La ciudad de los niños perdidos”
y Jeunet, ya por su cuenta, continuará haciéndolo,
por ejemplo, en la casa de Autrey Tatou en “A very long engagement”.
La energía femenina como transformadora. Acá, además,
se le suma la metáfora del patito feo o de la transformación
en mariposa que sufre Julie. Tímida y oculta detrás
de unos lentes con mucho aumento, va cambiando hacia una mujer decidida
y bella dispuesta a tirar abajo el régimen que mantiene su
padre, impulsada por el amor (otra constante de Jeunet-Caro).
Imagen y arte construyen texturas
viscosas, de líquidos sucios. La humanidad, puesta a prueba,
muestra sus virtudes y sus más asquerosos vicios.
Pero en semejante visión,
que se puede emparentar con la de David Cronenberg, puede encontrarse
un corrosivo humor negro más próximo al de otro contemporáneo
de Jeunet en el salto a la fama como Alex de la Iglesia (que, de
hecho, tiene un film bastante similar en “La Comunidad”).
“Delicatessen” está
llena de detalles en el guión y en la resolución estética,
desde unos créditos iniciales que harían sentirse
orgulloso a Saul Bass, a escenas
de suspenso y humor negro dignas de una cruza de Roger Corman con
Terry Gilliam con Alfred Hitchcock. En una escena, una viejecilla
muere y, al día siguiente, cuando en la carnicería
se llevan su paquete con el obvio contenido, la hija se lamenta
“me hubiera gustado aunque sea despedirme de ella”,
a lo que su marido responde “podemos hacerlo ahora”.
Toda familia tiene su propia
manera de resolver sus conflictos y desavenencias, simplemente que
las disfuncionales de Jeunet son un poco más excéntricas
a la hora de hacerlo.
Recursos Web:
http://jpjeunetlesite.online.fr/
- Sitio oficial de Jean Pierre Jeunet
www.imaginacionatrapada.com.ar
27/10/2006 |