Cine Hacia Atrás/ Drama / Jean Jacques Annaud - Crítica

El Amante - Jean Jacques Annaud

"El Amante": La metáfora y la metonimia en las imágenes del film de Jean Jaques Annaud

por Carolina Sol Miori csmiori@imaginacionatrapada.com.ar

("L'amant", Francia / Gran Bretaña / Vietnam, 1991) Director: Jean-Jacques Annaud Elenco: Jane March, Tony Leung Ka Fai, Frédérique Meininger, Arnaud Giovaninetti, Melvil Poupaud, Lisa Faulkner, Xiem Mang, Philippe Le Dem, Ann Schaufuss, Quach Van An, Tania Torrens, Raymonde Heudeline, Yvonne Wingerter, Do Minh Vien, Hélène Patarot Productor: Claude Berri Guión: Jean-Jacques Annaud y Gérard Brach Fotografía: Robert Fraisse Música: Gabriel Yared Vestuario: Yvonne Sassinot de Nesle Duración: 115 min

Jean Jaques Annaud ha tomado de la novela de Marguerite Duras elementos de la autora sintetizados con momentos de construcción visual que  resuelven situaciones escritas en el texto literario. Por otra parte, con la intención destacar el relato novelesco, le da un orden cronológico ausente en el relato de la autora.

La escritora de origen francés  cuenta las memorias de su juventud y su primer amor, un joven chino veinteañero,  recordando su adolescencia en  Saigón, colonia francesa en los 30’.

La novela, narrada en presente, pasado y futuro, se condice con la instancia atemporal del deseo, que se consume, que se repite, que renace indefinidamente como la compulsión a la repetición, la instancia inconsciente de la pulsión. Caracteres propios de lo onírico o  del relato del sueño.

Annaud cuenta la historia habiendo tomado el deseo sexual como el aspecto más importante, sintetizandolo en algunas imágenes por medio de la metáfora y la metonimia.

Una imagen que puede ejemplificar la sinécdoque, es la escena en primer plano de beso de la niña en el vidrio del auto negro. Es la imagen donde está condensada la relación de estos amantes que nunca llegarán a concretar su relación como una pareja constituída. El, adulto joven, está prendado de ella. El beso que le da la niña, es el beso lúdico que los niños suelen dar en los cristales y podría significar también,  el punto de inflexión entre la niñez y la adultez, el beso previo al primer vínculo sexual, al despertar sexual, a su comienzo como mujer,  al sentir como tal. Es el beso a su primer hombre. Y es con ese beso que Annaud resolvería el por qué  de ese deseo, de esa relación amorosa que tomará  entre otras cosas la función liberadora del desespero, de la miseria, de la pobreza, de la carencia afectiva que la joven sufre en su familia, sobre todo, el exiguo cariño de la madre para con ella. De esta manera, aparece la identificación amorosa de los dos, uno mirándose en el otro, reflejados en la transparencia de la ventanilla de la limousina.

Por otra parte esa acción de besar y  de esa manera y en ese instante, podría interpretarse como la síntesis del recuerdo, de esa página de vida,  ese beso suspendido en el tiempo,  que a su vez funciona como tributo a ese amante que aparece en ese momento tal difícil de la vida de la autora: el momento de los cambios, de su liberación, de sus decisiones.

Otra imagen importante que condensa la historia y es el primer acercamiento de los cuerpos, de la piel, es la unión de las manos de ambos en el asiento trasero del coche negro. Por otro lado Annaud juega con la tensión del espectador, montando las tomas de plano medio hacia un plano detalle de las manos que van lentamente acercándose hasta tocarse y luego se juntan y se aprietan. A su vez cuenta con los planos que descubren los gestos, lo que les pasa  a los personajes, que después de lo logrado manifiestan el alivio de cada uno y ambos.

La  primera vez que se ven, ella está acodada en la balsa. La cámara recorre el cuerpo de la niña mostrando con  planos detalle  el vestido remendado,  que da cuenta de la pobreza de donde proviene, los zapatos adornados, la trenza, su rostro, así como  el sombrero de hombre,  elementos que presentan al personaje. Luego la cámara recompone a un plano general, desde donde se va a ubicar el coche negro, cuando él suba a la balsa. Y aquí se va a encontrar una metáfora y una metonimia más cuando el ángulo de la cámara se va a sitúe  entre las piernas de la joven,- quien posee una pierna apoyada en la baranda y otra en el piso de la embarcación- que a su vez va a encuadrar y encerrar la delantera del auto negro en donde viaja el futuro amante. De esta manera, Annuad va a  ilustrar que la niña ya tiene atrapado al hombre de Cholen.

Luego la subjetiva del joven, desde el interior del coche, luego la subjetiva de ella desde la barandilla de la balsa. El deseo ya existe desde le principio, desde el primer cruce de miradas y nuevamente se presenta la sexualidad en potencia,  a travès de esta secuencia que plantea la historia por venir.

El personaje del amante, es presentado en la primera imagen también metonímicamente para dar cuenta de su posición social, cuando vemos que el que desciende el escalón del auto es un hombre rico, mediante el plano detalle del zapato elegante y nuevo, fumando con distinción y  con traje a la europea.

Otro aspecto que Annaud toma y logra resolver en tiempo y espacio es el personaje de la Dama de Savannkhet. En el relato literario Duras las compara en cuanto a sus historias, sus rasgos repetidos, por medio del recuerdo de la niña en la novela,  quien encuentra en el personaje la identificación, en cuanto a la pasión, la relación con un amante y  el desprecio social por la infamia del goce.

La película traza un cruce de miradas entre la niña y la Dama de Savannkhet, cuando esta sube a la balsa  y cuando  se cruzan los automóviles en las que van ambas. En otra escena. Cuando la mujer adulta sube a la embarcación con el coche que la lleva, se separa del auto, se acerca a la borda y Annaud mediante un plano general la muestra irse por la travesía del río Mekong, acodada sobre la barandilla, y  de la misma manera, con la misma postura con que lo hace la niña, da cuenta del paralelo de las historias. El  sombrero de la joven, la sombrilla de la mujer, el apoyo de una de sus piernas en el pasamanos, De este modo, el director logra la identificación y  la repetición de los  romances.

Jean Jaques Annaud ha compuesto el lenguaje poético de la representación visual con un ritmo en donde  las imágenes emblemáticas del film no se olvidan, quedan selladas en la memoria visual del espectador.

www.imaginacionatrapada.com.ar
8/04/2008

     
     

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