Cine / Drama
- Crítica

“El Arco”: El viejo y el mar
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
("Hwal", Corea del Sur y Japón,
2005) Dirección y guión: Kim Ki-duk.
Elenco: Jeon Sung-hwan (Viejo pescador), Han Yeo-reum
(Muchacha), Seo Ji-seok (Universitario), Jeon Gook-hwan (Padre del
universitario), Kim Il-tae, Jang Dae-sung, Cho Suk-hyun, Kong Yoo-suk,
So Jae-ik, Shin Taek-gi (Pescador amable). Producción:
Kim Ki-duk. Música: Kang Eun-il. Fotografía:
Jang Seung-baek. Montaje: Kim Ki-duk. Dirección
artística: Kim Hyun-ju. Vestuario:
Kim Kyung-mi. Duración: 98 min.
Un viejo posee un barco parado en el medio
del mar. Lo alquila a pescadores como plataforma de pesca. El viejo
lee el futuro lanzando flechas a una joven adolescente que vive
con él. Ella se venda los ojos y se sienta en una hamaca
que cuelga del barco. El viejo apunta, ella va y viene, el dispara,
la flecha va dando en un dibujo de Buda tras ella, pero jamás
la lastima. El hombre la encontró de pequeña, perdida,
y se la llevó al barco, para criarla como una hija. Pero,
lo que nadie sabe, es que en realidad planea casarse con ella en
poco tiempo.
Kim ki Duk es un director de velos y de un
cine de tipo poético. En sus films, los personajes seducen
desde su misterio, narran con sus silencios, casi como si el texto
molestara (y, de hecho, en este caso, los parlamentos verbalizados
parecen intrusos, chocan contra el andar silente). Y sus acciones
parecen versos sencillos y cargados de una lógica fantástica
y propia, incluso cuando la violencia se cuela por sus hendiduras.
La
niña jamás deja el barco y la convivencia parece idílica.
Ella es la ninfa capturada por el viejo marinero. Pero lo que no
está contemplado en sus planes es que la ninfa es una adolescente,
y que, por más que él se esfuerce por mantenerla alejada
de todos, es inevitable que quiera irse… a diferencia de la
tensión invariable del arco que dispara la flecha, la joven
está destinada a cambiar, a mutar.
Sin la estilización (salvo en el final
y en un sutil trabajo cromático que simboliza los cambios
de la joven) de otros films, Kim ki Duk narra este trayecto, este
lento devenir. Sumando de a pequeñas piezas, el director
va creando una suave tensión y juega con ella, como el vaiven
del barco.
Todo en el film es sonido combinado con un
leit motif de cuerdas que busca emular la brisa del mar, que es
la música del viejo. El arco es el que lanza la flecha, pero
también es el instrumento; suavidad y dureza, contrastes,
contrapesos, opuestos e iguales.
El tempo es del lánguido flotar a la
deriva, de un mar que puede ser benéfico como también
puede mutar de estado de ánimo hacia un humor virulento.
Viejo del mar, mujer agua. La cámara se detiene permanentemente
en gestos, en miradas (que se vuelven máscaras: el inéscrutable,
ella dulce, triste, caprichosa)
Una
historia de amor es el centro de “El Arco”, pero no
es necesariamente la más lógica, sino la más
inverosímil. Como es habitual en Kim ki Duk, el momento de
la resolución llega con aire a cuento maravilloso y traduciéndose
en poéticos y sencillos simbolismos: lo nuevo, lo viejo,
el amor, el odio, lo que se mueve, lo estático… En
el medio, un arco y una flecha, capaces de predecir el futuro.
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31/1/2006 |