Cine / Western / Drama - Crítica

“El asesinato de Jesse James a manos del cobarde Robert Ford”: El regreso de “Los Imperdonables”
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
("The assassination of Jesse James by the coward Robert Ford", EEUU, 2007) Dirección: Andrew Dominik. Elenco: Brad Pitt (Jesse James), Casey Affleck (Robert Ford), Sam Shepard (Frank James), Mary-Louise Parker (Zee James), Paul Schneider (Dick Liddil), Jeremy Renner (Wood Hite), Zooey Deschanel (Dorothy), Sam Rockwell (Charley Ford), Garret Dillahunt (Ed Miller). Guión: Andrew Dominik; basado en la novela de Ron Hansen. Producción: Brad Pitt, Dede Gardner, Ridley Scott, Jules Daly, Brad Grey y David Valdes. Música: Nick Cave y Warren Ellis. Fotografía: Roger Deakins. Montaje: Dylan Tichenor y Curtiss Clayton. Diseño de producción: Patricia Norris. Duración: 160 min.
Hace más de quince años, Clint Eastwood produjo algo así como un quiebre dentro de lo que había sido la estructura algo monolítica del western. Antes de eso, el spaghetti western que “patentara” Sergio Leone treinta años antes había influenciado otra mutación. Los experimentos de westerns psicodélicos y místicos dirigidos por Alejandro Jodorowsky (“El Topo”) o Jim Jarmusch (“Dead Man”) no cuentan para el caso por una cuestión de amplitud y durabilidad de sus efectos e influencia sobre el género en general.
Eastwood había tomado al que había sido su personaje prototípico durante décadas, el del tipo duro con un peculiar sentido de justicia, y lo había llevado a su decadencia. Mientras que las historias como las de “El Bueno, el Malo y el Feo” o “El Jinete Pálido” se acercaban más a los folletines de un siglo antes, “Los Imperdonables” buscaba mostrar la otra cara, mucho menos romántica, del Oeste y sus legendarios forajidos. Esta vuelta de tuerca, sin embargo, no hacía otra cosa que reforzar el aspecto épico del western, señalado por muchos como un peculiar heredero de la tragedia griega.
La épica suele ser una manera de ver el mundo y no sólo un lugar cerrado sobre sí mismo. El quiebre que produjo “Los Imperdonables” liberó finalmente al western de muchas de sus ataduras históricas por la repercusión que tuvo el film. Los folletines retrataban, más o menos queribles, héroes, semi-dioses. El relato de Eastwood, como este de Andrew Dominik (cuyo antecedente cinematográfico anterior es “Chopper”, del año 2000) basado en la novela de Ron Hansen, apunta a buscar a los seres humanos detrás de la máscara; lo interesante es que, en el camino, configuran otra máscara que explica la anterior.
Jesse James fue un pistolero de leyenda, como muchos de su época, tildado de Robin Hood. Fue asesinado por algo así como un “fan”, Robert Ford. Desde el título mismo, el film anuncia su final. El suspenso no radica en la sorpresa del desenlace, sino en el tránsito. Como en la tragedia, el final se adivina, se deduce, es inmodificable, ya está escrito; pero es el trayecto el que cuenta. Para ese transitar, la narración opta por diversos puntos de vista, nunca del todo identificables. Algunos son puntualmente de Bob Ford, otros de un supuesto narrador omnisciente. Lo que queda claro es que ese punto de vista, como el efecto de filtrado utilizado en varias imágenes, es difuso. Los personajes son vistos a través de un vidrio oscuro, que es el de transformarlos en narración.
“El asesinato…” no es un film sobre el Viejo Oeste, ni sobre Jesse James. Por un lado, se puede acercar una lectura sobre una analogía con la construcción actual de las estrellas de cualquier ámbito. Es, discurso mediante, la elaboración de personajes no-humanos que terminan, muchas veces, operando como “padres sustitutos”. Ninguno de los protagonistas del film tiene un padre físico; ese rol es ocupado por el discurso que han mamado (Ford sobre James) o por el que ocupan dentro de ese espacio (James… cuyo padre es él mismo). En la ausencia de proyecto, se instaura la figura del héroe. Este Oeste retratado por Dominik no es el pujante cuadro de tantas películas, sino un mundo que está saliendo de la Guerra de Secesión y que no sabe muy bien hacia dónde se dirige. Que personajes como James sean festejados implica una infelicidad estructural con respecto a un sistema determinado de cosas.
Robert Ford va a matar a Jesse James, y la cuestión es cómo y por qué. Fagocitar a la estrella para convertirse en ella, pero no es tan fácil. Dentro del discurso, hay roles, una suerte de mecánica que, puesta en marcha, se repite como un patrón. Están los héroes y sus Némesis. Las estrellas tienen el estigma de ser elevados y luego estampados contra el suelo; los malos de la película también. No queda demasiado lugar para el gris, porque nadie quiere verlo. Con diferencias según el país, vivimos en una sociedad que estimula la aparición e instauración del semi-dios de carne y hueso. Esa búsqueda caníbal suele terminar deglutiéndose a sus protagonistas.
Estos personajes viven en medio de la nada, son marginales donde los tiempos muertos entre proeza y proeza es lamentable. Sus hogares son como islas, sus vidas permanentes esperas de lo grande que está por venir. No viven. Simplemente, están. Son esos escuetos momentos donde la adrenalina fluye sin control los que los hacen sentir distinto. Sufren por ser incluidos dentro de una estructura (en este caso, como la fuente de futuros relatos), pero cuando esto ocurre, tampoco encuentran ahí la tranquilidad. Tomar conciencia de su propio papel dentro de la narración, sólo los convierte en seres aun más trágicos, conocedores de su destino.
No hay placer atravesando los cuerpos que muestra Dominik. Sudan, huelen mal. Cuando se limpian o maquillan, se tornan falsos. Buscan el clímax y, cuando lo encuentran, se topan con que deben repetirlo hasta el hartazgo, como dice Ford ya bien entrado el film. La repetición hace que la acción se vacíe de sentido, o que cobre otros impensados.
Las imágenes oscilan entre la reconstrucción realista y la fábula. La irrealidad, lo artificioso, el espectáculo, se vuelven explícitamente presentes. El montaje cae en la misma línea, moviendo el tiempo cuando las acciones ocurren, volviendo para narrarlas de nuevo, expresando la detención en las esperas. Lo que permanece como común es la decisión de nunca mostrar algo como una totalidad homogénea; lo parcial, lo dudoso de la memoria o del relato fabulado están siempre ahí, atrapando a los personajes.
Recursos Web:
http://es.wikipedia.org/wiki/Jesse_James - Jesse James en Wikipedia
www.imaginacionatrapada.com.ar
30/11/2007 |