Cine / Gong
Fu Pian / Acción - Crítica

“El Duelo”: Victoria pírrica
y redención
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
("Huo Yuan Jia", "Fearless",
China y EEUU, 2006) Dirección: Ronny Yu.
Elenco: Jet Li (Huo Yuanjia), Nakamura Shidou (Anno Tanaka), Dong
Yong (Noong Jinsun), Betty Sun (Moon [Luna]), Nathan Jones (Hercules
O'Brien), Collin Chou (Padre de Huo Yuanjia), Masato Harada (Sr.
Mita). Guión: Christine To y Chris Chow.
Producción: Bill Kong y Jet Li. Música:
Shigeru Umebayashi. Fotografía: Poon Hang
Sang. Montaje: Virginia Katz. Diseño
de producción: Kenneth Mak. Vestuario:
Thomas Chong. Duración: 105 min.
El general y gobernante heleno
Pirro venció al ejército romano, pero a costa de numerosas
bajas en su propio bando. Al ser felicitado por la victoria, respondió
“¡Otra victoria como esta y estamos perdidos!”.
La noción de ganador y perdedor, en este ejemplo, se vuelve
relativa. Pirro ganó, pero también perdió,
y en grande.
De una forma sintetizada e idealizada,
“El Duelo” recorre la biografía del gran maestro
de Wushu y fundador de la Federación Deportiva Jing Wu, Huo
Yuanjia. A fines del siglo XIX y principios del XX se producen dos
procesos simultáneos: la decadencia de la tradición
dinástica china (más poética y simbólicamente
representado en el film de Bernardo Bertolucci, “El Último
Emperador”, pero visto desde el lado de la decadente realeza),
por un lado, y, gracias a eso y la creciente globalización
de la economía, el ingreso de la cultura extranjera (inglesa
y estadounidense, principalmente). Como todo proceso de cambio histórico
drástico, trae consigo la crisis de identidad, de valores,
y la fragmentación social. La Federación Deportiva
fudada por Huo Yuanjia habría de tener un valor que excedía
lo deportivo: el Wushu es tanto un arte marcial en el sentido deportivo-competitivo,
como un sistema de valores, de ahí que estimular su popularidad
tendría la función de reforzar una debilitada identidad
china.
Toda esta introducción
histórica al film no es casual. Son muchas las marcas que,
a partir de un relato que pertenece, por género, al tradicional
Gong Fu Pian, hablan desde la historia
pasada de un presente doble: el de China hacia dentro (que, según
palabras del propio director, muchos perciben como un nuevo proceso
de fuerte fragmentación), y el de China hacia fuera (vista
como una potencia económica peligrosa, que es necesario invadir,
controlar y dominar, so pena de sucumbir). El inicio muestra a Huo
Yuanjia presenciando la derrota de su padre quien, además,
se niega a adentrarlo en el Wushu. Luego de este inicio traumático,
Huo se promete jamás volver a ser vencido, de esta manera
limpiando su nombre y el de su familia, que considera manchado por
la cobardía de su padre (él ve a su progenitor como
un guerrero débil). Su eventual éxito lo ciega y lo
transforma en un ser soberbio y arrogante.
En esta primera etapa de Huo
adulto, él tiene una hija, pero su mujer ha muerto. Simbólicamente,
más allá de lo literal biográfico, Huo carece
de balance. La mujer es lo sensible, la sabiduría emocional.
Sin ella, Huo sólo vive para la lucha y la victoria. Tampoco
es extraño, entonces, que vista de negro y que sus discípulos
sean el ejemplo del exceso.
En esta edad adulta aparece siempre
al margen, pero como figura importante, su amigo de la infancia
Nong Jinsun. Él, que de niño fuera el intelectual,
se ha convertido en un exitoso dueño de un restaurant. Es
Nong el que hace mención a la necesidad de adaptarse a los
nuevos tiempos, que en ese momento lo llaman a convertirse en empresario,
sin que por eso pierda de vista que la nueva época requiere
también un pensamiento que la ordene en medio del caos que
ya se adivina.
Ronnie Yu cumple, en el ínterin,
con la usual carga de coreografías (a cargo de Yuen Wo Ping,
que tiene una larga e importante trayectoria), sin que, en esta
ocasión, se destaquen demasiado por sí mismas. Todo
apunta siempre al contexto y a los personajes, combinando con la
música, la acostumbrada cuidada dirección de arte
y una fotografía bella, pero que no llega al preciosismo
de los films de Zhang Yimou.
Huo no cede en su displicencia,
hasta que, finalmente, esta lo lleva a hundirse. Obsesionado con
la venganza y la victoria, esta termina trayéndole la gran
derrota y su tragedia. Este hecho lo quiebra, lo desestabiliza;
se exilia, inicia un viaje. El héroe se va, para transformarse.
El camino lo lleva a la casa
de una anciana y su nieta ciega. La bonita invidente ve, en él,
la belleza oculta detrás de la mugre. Simbolismo sencillo,
evidente, pero que no es menos efectivo por su simpleza. Las reglas
del camino del héroe están planteadas así,
son parte del trayecto. Las heridas del protagonista deben sanar,
deben volverse “entero” (ahora con su mitad femenina
curándolo). El asunto es que el director deja proporcionalmente
poco espacio a este lugar narrativo. El ritmo del film no cambia,
permanece en el mismo nivel. En una singular marca del paso del
tiempo que asemeja el pintar y repintar un lienzo, Yu hace avanzar
las agujas del reloj en pocos segundos para hacerlas llegar al momento
en que Huo debe regresar.
El film queda fracturado en dos,
unido por la bisagra de la cura interior. En esta segunda parte,
Huo ya es otro, ha entendido el fin del Wushu que tanto predicaba
su padre. No es la victoria, el derrotar al oponente. El Wushu permite
a su ejecutor entrar en comunión con el mundo, comprenderlo
desde el cuerpo hasta el espíritu. Por eso el Wushu no es
violencia desatada, sino energía condensada. Al entender
que todo es energía, victoria, derrota, diferencia, se convierten
en conceptos que necesita el lenguaje, pero que resultan limitados.
Es en esta nueva etapa que Huo
inicia, junto, otra vez, a su amigo Nong Jinsun, la tarea de fundar,
expandir y promover la Federación Deportiva. En el lapso
de la ausencia de Huo, el proceso de globalización ha tomado
China y todo ha cambiado. Los valores externos son los predominantes
(el film identifica la influencia negativa del capital en las figuras
de un estadounidense y un japonés, empresario y político
corruptos). La identidad china se diluye en la visión de
afuera. En este contexto, Huo se apunta a nuevos desafíos
competitivos, pero con el solo fin de limpiar la imagen local y
convertirse en un símbolo que inspire. La diferencia está
en que Huo ya no busca el mero triunfo, la conquista del otro cuerpo,
sino que, en su superioridad demuestre, sin embargo, balance, energía,
pero no odio (la China potencia benevolente; el guerrero, incluso
cuando superior, jamás debe creerse superior, porque todo
es igual y distinto y por eso debe ser respetado).
En esta síntesis final,
el film apunta al camino del héroe como regreso a la esencia,
como un retorno hacia cero y no un avance hacia un estadío
superior de habilidad. No es la habilidad lo que eleva a Huo, sino
el entendimiento de sí mismo y de lo que lo rodea.
Como acotación, existe
más de un corte de la película, exhibiéndose
acá el más breve (de hecho, originalmente había
escenas con la actriz Michelle Yeoh que fueron eliminadas finalmente).
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1/6/2007 |