Cine / Thriller - Crítica

El Gran Truco - Christopher Nolan

“El Gran Truco”: Espejos que se destruyen

por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar

(“The Prestige”, EEUU y Gran Bretaña, 2006) Dirección: Christopher Nolan. Elenco: Hugh Jackman (Robert Angier), Christian Bale (Alfred Borden), Michael Caine (Cutter), Scarlett Johansson (Olivia), Rebecca Hall (Sarah Borden), Andy Serkis (Sr. Alley), Piper Perabo (Julia), David Bowie (Nikola Tesla). Guión: Christopher Nolan y Jonathan Nolan; basado en la novela de Christopher Priest. Producción: Aaron Ryder, Emma Thomas y Christopher Nolan. Música: David Julyan. Fotografía: Wally Pfister. Montaje: Lee Smith. Diseño de producción: Nathan Crowley. Vestuario: Joan Bergin. Duración: 128 min.

El plano inicial desconcierta, la voz que relata se pone enigmática. La solución al truco del mago muchas veces es la más evidente, incluso cuando pueda resultar ridícula o bizarra, pero siempre asumimos que no es esa, sino una más compleja o complicada. Es en ese preciso momento, el de la duda, donde el mago consigue realizar su truco. En definitiva, este no está completo si no es por la propia audiencia. Y es así como funciona este thriller mágico cuyo elenco lo encabezan Hugh Jackman, Christian Bale y Michael Caine (con Scarlett Johansson, la que ocupa medio afiche, en realidad en un segundo plano – aunque, bueno, los planos son una parte más del juego que propone el film). El director y guionista es el experto designado en rompecabezas, relatos fragmentarios y en espejo Christopher Nolan (“Memento”, “Insomnia”, “Batman Begins”). “El Gran Truco” tiene por título en inglés “The Prestige”, que alude al toque final de todo truco de magia, es el cierre especial que cada mago le da a sus ilusiones.

Dos jóvenes magos, obsesivos y competitivos, por esos avatares de la vida quedan enfrentados en una lucha completamente ridícula, pero que ambos están dispuestos a llevar hasta el final…

El relato está compuesto por capas, capas que, a su vez, funcionan como espejos. Ambos personajes viven en el mundo de la ilusión y la obsesión, por lo cual cada dato, cada vivencia, sobre todo a partir de un comienzo traumático y veloz, se vuelve de dudosa credibilidad. El espectador comienza a esperar ser sorprendido, trampeado a cada momento. Se le propone el juego de maravillarse y develar el misterio simultáneamente, hasta llevarlo al punto de confundir ambos efectos como uno mismo.

Nolan se apoya en la imagen, pero además también en el texto, en la forma en que las palabras comienzan a desdoblarse, a volverse siempre de doble significado. Nolan utiliza dos narradores y un tercer punto de vista, el de uno de los personajes participantes, como testigo. Como las manos del prestidigitador que muestra las cartas, Nolan es sincero, pero también miente… el problema es que admite mentir… ¿se le cree al mentiroso? En este punto, todo se vuelve posible…

En el mundo del todo es posible, tenemos dos personajes que actúan como reflejo uno del otro, que compiten por demostrar quién es el cuerpo y quien la imagen. En el medio aparece otro personaje, enigmático, el inventor Nikola Tesla (cuya figura está históricamente rodeada de un halo que va de la ciencia ficción, a la ciencia, al esoterismo). Tesla, casualmente, se convirtió en el objeto de odio del conflictivo Thomas Edison, cuando aquel inventó la corriente alterna, que reemplazó como más efectiva a la corriente directa de Edison. Este es, precisamente, el año en que se cumple el 150 aniversario del nacimiento de Tesla. Es la época, aquella de fines del S.XIX y principios del XX, en que la gente se maravilla y atemoriza con el avance tecnológico, busca ser sorprendida por la originalidad más salvaje, la misma que lo asusta.

El espejo, en su bidimensionalidad, puede reflejar un mundo fantástico que ha sido construido para la ocasión y hacerlo parecer real (como el mismo cine). Quien sólo mire al espejo, confundirá la puesta en escena con la realidad. El film de Nolan desestabiliza permanentemente al espectador: ¿dónde está mirando? ¿a quién? En definitiva, el montaje cinematográfico es como el paño con que el mago oculta su próximo truco. El espectador sabe qué hay debajo, lo intuye, pero prefiere ser engañado… lo que hay detrás de la ilusión puede demasiado obvio o sencillo, o demasiado terrible…

www.imaginacionatrapada.com.ar
1/12/2006

     
     

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