Cine / Fábula / Fantasía / Guillermo del Toro - Crítica

El laberinto del Fauno - Guillermo del Toro

“El laberinto del Fauno”: La imaginación al poder

por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar

(España y México, 2006) Dirección y guión: Guillermo del Toro. Elenco: Sergi López (Vidal), Maribel Verdú (Mercedes), Ivana Baquero (Ofelia), Álex Angulo (doctor), Ariadna Gil (Carmen), Doug Jones (fauno), César Bea (Serrano), Manuel Solo (Garcés), Roger Casamajor (Pedro). Producción: Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón, Álvaro Augustín, Bertha Navarro y Frida Torresblanco. Música: Javier Navarrete. Fotografía: Guillermo Navarro. Montaje: Bernat Vilaplana. Diseño de producción: Eugenio Caballero. Vestuario: Lala Huete. Duración: 112 min.

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Ofelia (Ivana Baquero) y Carmen (Ariadna Gil), hija y madre – embarazada -, llegan a la casa que comanda el militar Vidal (Sergi López), encargado de aniquilar los restos de la resistencia republicana que se hayan ocultos en el monte. Es 1944, la Segunda Guerra Mundial se aproxima a su culminación con la eventual victoria de los aliados, pero en cambio, en España, es Franco quien está terminando de establecer su triunfo.

El laberinto del Fauno - Guillermo del ToroVidal es un ser opresivo, literalmente un malvado de película, cruel, sádico. Su posición de oficial pareciera haberlo mantenido al margen del campo de batalla, lo que hace que lo persiga la memoria de su padre, un héroe de guerra que murió combatiendo. Vidal hijo se oculta en el laberinto de esta enorme casa, pero, simultáneamente, busca la muerte desesperadamente a través de la violencia inhumana con la que opera.

Ofelia y Carmen, nombres que remiten a la tragedia y a lo femenino. Ofelia, la enamorada frustrada y enloquecida de Hamlet, Carmen, la gitana que produce estragos en los hombres al desafiar la rigidez de sus códigos. Acá, Ofelia es una niña de 13 años que adora a su madre, pero resiente y no entiende su casamiento con Vidal. Carmen era la mujer de un sastre que murió durante la guerra civil y a quien Vidal aceptó tomar como esposa, sobre todo para quedarse con el hijo que crece en su vientre. Ambos personajes, que apuntan a la pasión y la libertad, quedan atrapadas en los aspectos más trágicos: la locura, su condición de mujeres como aquello que debe ser reprimido, educado, ocultado. Para ambas, el niño a por nacer es un nexo, símbolo de amor, pero que también preanuncia la muerte (de hecho, Guillermo del Toro utiliza este ciclo vital como un juego de espejos narrativo: en el argumento general versus el desarrollo en los personajes).

En el fondo operan el doctor (Alex Angulo) y Mercedes (Maribel Verdú), que funcionan como las voces del coro, que se cuestionan sobre los niveles de compromiso y de accionar. Ambos colaboran con la resistencia, pero sienten, cada uno a su manera, que no es suficiente. Lo mismo que Vidal, sienten el peso de las ideas preconcebidas de “valentía” y “cobardía”.

Guillermo del Toro hace malabares, de esta manera, entre el relato de la fábula y el que sobrevuela los temas que suelen pertenecer a los films españoles que se han dedicado a la Guerra Civil y el franquismo, como “El Espíritu de la Colmena” o “La lengua de las mariposas”, sólo por nombrar dos títulos de una extensa lista. Ambos aspectos conforman, de forma rizomática, el eje del film, no obstante los aspectos que utilizan los juegos metafóricos son más fuertes que aquellos más realistas y de un corte político más explícito.

La casa de Vidal posee otro laberinto, este real y construido en su parque por dueños anteriores como un entretenimiento, pero que ahora está abandonado. Ya en la secuencia inicial, Ofelia intenta entrar, pero es detenida por Mercedes, quien le advierte que puede llegar a perderse. Para un niño, lo prohibido no hace otra cosa que desear traspasar esa prohibición (en definitiva, el Deseo suele posarse sobre ese lugar).

El laberinto del Fauno - Guillermo del ToroMientras Vidal busca a su presa y mientras su madre se debate con las complicaciones de un embarazo difícil (de tintes míticos) y de una vida que está muy lejos de la que imaginaba para ella y para su hija, Ofelia entra en contacto con espíritus del bosque que la guían al laberinto, donde la espera un fauno. El fauno es otro espíritu del bosque, protector de pastores y su rebaño, pero también asociado a la protección y supervivencia de la propia naturaleza. El acento en este aspecto ha sido variado desde la mitología, como desde su utlización en la ficción (recordar, por ejemplo, el rol pequeño y débil del fauno de “Las crónicas de Narnia”). En este caso remite más, quizás, al de un personaje similar, de gran importancia simbólica, de “La Princesa Mononoke”, de Hayao Miyazaki, donde el avance indiscriminado de la guerra y la tecnología amenazan con acabar con el propio bosque.

El laberinto del Fauno - Guillermo del ToroAcá, el fauno interpreta que Ofelia es la encarnación de una antigua princesa a quien esperaba y que será la encargada de reestablecer el orden perdido con la irrupción de los militares en la villa. Para ello, encarga misiones a la pequeña Ofelia, quien las debe cumplir si desea pasar al otro plano de existencia prometido por el fantástico ser.

Así, el film avanza entre el realismo duro y cruel representado por Vidal y todo lo que él toca y el otro, fantástico, del relato encarnado por Ofelia. Ambos mundos se cruzan a la hora del clima lúgubre de sus ambientaciones, del predominio de los claroscuros y los tonos fríos, así como de texturas y materiales gastados, viscosos o simplemente grotescos. La luz difícilmente se filtra, como si le costara encontrar el camino. En ambos casos, también, del Toro se deleita con el trabajo de sonido que genere texturas, operando tanto en el cuadro como fuera de él, provocando siempre incomodidad. Así como ya lo hiciera en “El espinazo del Diablo”, también acá del Toro se detiene en lo grotesco y en aquello que pueda generar repulsión, como si encontrara disfrute en esas situaciones. Sin embargo, ese morbo responde precisamente al espíritu original del cuento de hadas, donde el horror y lo terrible eran protagonistas antes que se les bajara un poco el tono; es también un poco el placer del niño de meter el dedo en la herida y jugar con ella.

El laberinto del Fauno - Guillermo del ToroEl final, trágico, y que no habrá de ser incluido acá por una cuestión de no arruinar la sorpresa, cierra el relato. Todas las subtramas abiertas caen como por un embudo hacia su clausura, en la cual del Toro opta por un desenlace que escapa por fuera de lo que hubiera sido un tradicional final de estudio para elegir otro más poético y duro simultáneamente. Como en “El Espíritu de la Colmena”, de Victor Erice, del Toro termina elaborando sobre la dificultad y el compromiso de mantener los valores más afectos a la vida en lugar de la muerte, así como también de la metáfora liberadora (la imaginación) como aquello que el más temible y terrible represor no puede terminar de aniquilar, aunque más no sea por el sólo hecho de que no la puede apretar entre sus manos o bajar de un balazo.

www.imaginacionatrapada.com.ar
5/1/2006

     
     

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