Cine / Terror - Crítica

“El Orfanato”: Espacios habitados
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
Dirección: Juan Antonio Bayona. Elenco: Belén Rueda (Laura), Geraldine Chaplin (Aurora), Fernando Cayo (Carlos), Roger Príncep (Simón), Mabel Rivera (Pilar), Montserrat Carulla (Benigna), Andrés Gertrudix (Enrique), Edgar Vivar (Balabán). Guión: Sergio G. Sánchez. Producción: Joaquín Padró, Mar Targarona y Álvaro Augustín. Producción ejecutiva: Guillermo del Toro. Música: Fernando Velázquez. Fotografía: Óscar Faura. Montaje: Elena Ruiz. Dirección artística: Josep Rosell. Vestuario: María Reyes. Duración: 100 min.
“El orfanato” es la segunda película española más taquillera de la historia de ese país, casualmente, detrás de “Los otros”, de Alejandro Amenabar, de la cual hereda bastante, más allá de compartir el género terror.
El film es la historia de Laura, una mujer que se muda al orfanato en que viviera de niña para armar una residencia para pequeños con discapacidades. Con ella van su marido Carlos y su hijo Simón, adoptado y quien padece cierta enfermedad. Simón, solitario, despierta en las noches ahuyentado del sueño por pesadillas, y habla con amigos imaginarios.
Antes, en el inicio, una secuencia de planos misteriosos, siguiendo los juegos de los niños huérfanos. Juegan a la mancha, corren por el jardín. Uno de ellos es Laura. En el interior de la casa, una mujer, una de las que regentea el lugar, recibe un llamado; es para llevarse a Laura. Siempre de espaldas a la cámara, la mujer, luego de colgar, se acerca a la puerta y, observando a los niños corretear por el jardín, dice como para sí, en voz alta “Laura, tus amigos te van a extrañar”.
Los sucesos extraños comienzan a ocurrir, hasta culminar con la desaparición de Simón (por reglas del género y cierta utilización de planos con espacios vacíos que preanuncian la aparición de lo desconocido, este hecho es esperado desde el principio). Los meses pasan y no hay novedades, hasta que Laura acepta la posibilidad de pensar en alternativas menos tradicionales.
Como en “Los otros” (y como en tantas otras historias de fantasmas), Bayona confronta a sus personajes con lo irracional, lo fantástico. Como dice la mujer interpretada por Geraldine Chaplin “No es ver para creer, sino creer para poder ver”. Lo que en “The skeleton key” era la condena de la protagonista, porque se volvía vulnerable a las brujerías de su enemiga, acá es lo que abre la puerta a las posibles respuestas que Laura necesita.
El trayecto sigue los lineamientos de suspenso del psycho-thriller y, de hecho, suspende el elemento fantástico durante un buen rato, tratando de agotar las posibilidades racionales de búsqueda de Simón. Pero, como puede esperarse, todas las pistas agregan y conducen al mismo lugar.
Al llegar el último cuarto, la película no remite a “Los otros”, sino, curiosamente, a, entre los films recientes, “Agua turbia” (sea en su versión japonesa o en la hollywoodense), pero con el toque estilizado conocido de las obras de Amenabar o Del Toro (quien produce “El orfanato”).
“El orfanato” es un poco un pastiche de películas y relatos anteriores, a los que rinde homenaje (la casa, un recurso habitual por ser un lugar de protección que se vuelve ajena y monstruosa, fue usada en el último tiempo por Alex de la Iglesia para “La habitación del niño”, por ejemplo).
Pese a los efectos, prima la economía de recursos, prefiriendo el cuidado en la fotografía, la selección de encuadres y (sobre todo, como suele ocurrir en el género), el timming del montaje para manejar tiempos y suspenso. Bayona juega con lo siniestro, aquello que transforma lo cotidiano en extraño, condensando la tensión en espacios y momentos específicos, estirándolos, ampliándolos o reduciéndolos a la claustrofobia.
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18/3/2008 |