Cine / Drama
- Crítica

“El Otro”: Incomodidad de
la otredad. Paradojas
por W melmoththewander@gmail.com
( Argentina, Francia y Alemania, 2007) Dirección
y guión: Ariel Rotter. Elenco:
Julio Chávez (Juan Desouza/Manuel Salazar/Emilio Branelli/Lucio
Morales), María Onetto (Recepcionista Hotel), Inés
Molina (Claudia), María Ucedo (Mujer Entre Ríos),
Arturo Goetz (El padre). Producción ejecutiva:
Verónica Cura. Fotografía: Marcelo
Lavintman. Montaje: Eliane Katz. Dirección
artística: Aili Chen. Vestuario:
Roberta Pesci.Duración: 83 m.
Comienza
con un mensaje vital. Una conversación “sobre un atraso”.
“¿Tenés miedo?” pregunta la voz femenina.
“No.” Simplemente responde “El Otro” Juan
De Souza.
Un hecho vital que da inicio al film. Créditos.
Austeros. El inicio de la decadencia del hombre, del varón;
un indicio, el comienzo de la presbicia. Fatal, inevitable. Como
la vejez, como la muerte.
La oftalmóloga, ¿pareja? ¿amiga
amante? ¿esposa? de Juan de Souza. Abogado. 46 años.
Visita a un padre que está necesitado
o minusválido. (¿Por qué me resuena el enigma
de la Esfinge de “Edipo Rey”?) Paso previo, también
inevitable, la decrepitud del ser.
YA es padre de su padre. (¿Cómo
será ser padre de otro?) Lo baña amorosamente a su
padre minusválido. Y ese padre “juega”, casi
chapoteando con el agua como un niño. (“¿Otro
más?” Podría ser una pregunta válida
que pudiera hacerse el personaje.)
Su compañera, su panza, su ombligo.
Plano del plano vientre. “Claro y profundo”. Como el
inicio de la vida, como el primer signo de una oración más
larga, que hay que completar.
Viaje.
Manuel Salazar con sus regalos se sienta
a su diestra en el ómnibus en viaje hacia un pueblo que no
tiene nombre. Su último viaje.
Juan de Souza, despierta al llegar a la Terminal
y se da cuenta que Manuel Salazar ya se bajó del camino principal
y abogado al fin, siempre que creamos que ha sido veraz con la oftalmóloga,
al contestar las preguntas para la historia clínica, actúa
como tal; se aleja sin decir nada de la burocracia de la muerte.
Porque ésta también tiene burocracia, testigos, papeles,
la elegía de la inutilidad misma.
Pero aquí comienza un segmento, casi
la historia del film, comienza un viaje “de ese Otro, que
deja de ser Juan”, que es Emilio Bellini, o algo así,
o Manuel Salazar, que inicia un viaje en ese pueblo sin nombre deambulando
en la otredad, de sí mismo y de otros. Se va a “visitar”
al velorio de sí mismo. Actúa como en una suspensión
espacio temporal. Esta suspensión está delimitada
por la Terminal de Ómnibus. Un “no lugar”, que
es de todos y no es de alguno.
Las acciones del que fuera Juan son eróticas
y tanáticas, el viaje con Salazar, la visita a la modesta
casa en el campo donde “Se murió el viejito luego que
muriera la esposa. No duró más de dos meses, lo encontraron
en la cama después de diez días.” Rememora el
colega abogado mientras realizan la gestión; la vuelta interrumpida
hacia Buenos Aires, decidida silenciosa, morosamente.
Un hotel de provincia, donde asume el nombre
de Emilio, donde es arquitecto, luego otro hotel, un poco menos
desgajado, con una recepcionista (M.Oneto), ansiosa, nerviosa. Deseante
de ese hombre que se presenta como Manuel Salazar, médico.
El obituario le informa del velatorio –al que concurre en
dos oportunidades- de Manuel Salazar.
Una cena solitaria donde ve una mujer a la
que sigue hasta su puerta. Que volverá a encontrar en “su”
velatorio. Y se acostará con ella posteriormente ahora como
Luciano. Asimismo, cada encuentro con la recepcionista es tensamente
sexual.
El abogado pueblerino lo invita a conocer
la noche y se evade de su compañía y sale a caminar
en la noche. Actitud casi suicida.
Duerme en la ruta. Observa ninfas bañándose con esa
sexualidad y erotismo inocente, come frutos silvestres y vuelve
al hotel donde lo estaba esperando la recepcionista en la habitación.
Siempre presente la muerte y el erotismo.
El juego Eros y Tánatos es –sino “el”-
tema del viaje que llega a su clímax con una señora
del hotel a la que le hace maniobras de resucitación y le
dice su verdadero nombre: “Juan”.
Allí, terminó el viaje del
“Otro”, la exploración de la otredad, vuelta
a Buenos Aires. En el primer servicio que encontró.
Esposa, amiga, amante, está durmiendo
cuando el regresa de su periplo. ¿Ulises? Un Ulises vernáculo.
Melancólicamente argentino.
Asunción de la paternidad biológica
con el padre. “¿Vamos a bañarnos?” Plano
final, cámara fija. Conversaciones en fuera de campo. Tiempo.
Tiempo espeso. “¿Estás apurado?” Le dice
a su padre, dice, nos dice, Juan. No hay certezas. Salvo muerte
y nacimiento. Mientras tanto… “Anyway the wind blows”.
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8/6/2007 |