Cine / Thriller / Woody Allen - Crítica

"El sueño de Cassandra": Lo trágico de lo siniestro
por Sol Santoro
sols@imaginacionatrapada.com.ar
(“Cassandra's Dream”, Estados Unidos, Reino Unido, 2007). Dirección: Woody Allen, Género: Drama. Interpretación: Ewan McGregor (Ian), Colin Farrell (Terry), Tom Wilkinson (Howard), Hayley Atwell (Angela), Sally Hawkins (Kate), John Benfield (padre), Clare Higgins (madre), Ashley Medekwe (Lucy). Producción: Letty Aronson, Stephen Tenenbaum y Gareth Wiley. Música: Philip Glass. Fotografía: Vilmos Zsigmond. Montaje: Alisa Lepselter.Diseño de producción: Maria Djurkovic.Vestuario: Jill Taylor. Duración: 108 minutos
Los personajes de Ewan McGregor y Collin Farrel compran un bote, “El sueño de Cassandra”, casi de casualidad, con dinero ganado en apuestas.
No podrían haberlo comprado con sus pequeños ahorros, pero apuestan al azar y salen victoriosos. El fin es bueno, los hermanos quieren pasar más tiempo juntos, navegar, relajarse, llevar de paseo a sus mujeres. En este comienzo no parece haber ambición más allá del pasarla bien.
Ya desde el comienzo del filme se disponen firmes referentes del éxito y el fracaso en dos hombres de la familia. El tío Howard, gran empresario, constantemente en expansión, que ha mimado y consentido a sus sobrinos desde pequeños. Como contracara, el padre de los jóvenes, permanentemente disminuido por su esposa que no hace más que compararlo, hombre “común”, no tiene demasiadas expectativas, o las ha perdido.
La imagen ideal del Tio Howard se va construyendo de a poco y de manera virtual, a partir de comentarios de su propia familia, que esperan siempre ansiosos noticias de él. El tío es para ellos, la solución final a sus problemas, especialmente los económicos.
Finalmente, y cuando más lo necesitan, el exitoso empresario llega a visitar a su familia. Sin embargo, Ian y Ferry, lejos de hallar soluciones en ésta llegada, se encuentran de pronto en una encrucijada, viéndose obligados a decidir entre dos opciones que, sea cual fuere, implica una pérdida.
El Tío tiene problemas y hay que deshacerse de un hombre. ¿Qué pasaría si se negaran? Perderían mucho más que el “cariño” de su tío: si no responden a éste no podrán pagar sus deudas, ni podrán concretar sus proyectos; y con un peso mucho mayor, la idea de que ellos ya le deben a Howard muchos rescates. ¿Y si lo hacen? Cargar con la muerte de un hombre es demasiado, es, como dice Ferry, “cruzar un límite”. El virtual ideal se opone con el personaje tangible, con aires de corrupción, o de una mafia algo improvisada.
La elección tiene algo de trágico, porque, si bien es cierto que la decisión está en sus manos, no pueden salvarse de una consecuencia terrible: elijan lo que elijan van a cargar con alguna culpa.
Lo familiar, lo que debería cumplir con el rol de contención, de unión, se vuelve ajeno. El pedido es excesivo, pero no pueden negarse; hay allí algo del orden de lo siniestro.
Si bien es cierto que ambos acceden, más o menos convencidos, también lo es que Ian y Terry tienen / encuentran para esta acción, móviles diferentes.
Ian no se mueve tanto para él como para la mujer que pretende conquistar, esta casi cegado por ese amor, quiere concederle todo lo necesario para que ella lo elija. Necesita llevar a cabo sus negocios, pero son sólo un medio, el fin es retener a la joven actriz que lo enamoró. La ambición se mezcla con el romance, ella es su objetivo más claro.
Terry, por su parte, tiene una vida más tranquila, pero también más estructurada, no necesita ostentación. Vive en un pequeño departamento con su novia, y, si bien puede ilusionarlo la idea de tener un negocio propio, no es su prioridad. No tiene que complacer a nadie. El asesinato es un hecho en sí para él, con un peso propio, no es un medio para nada que lo movilice demasiado. Accede por el vínculo sanguíneo.
Este personaje, el de Ferry, que pareciera más débil, o más vulnerable, entiende en verdad lo arbitrario y lo realmente escabroso de terminar con la vida de una persona porque sí, porque así lo quiso el tío, como si le correspondiera matar por herencia.
La película maneja de una manera interesante las nociones de azar y de destino, eso que parece incompatible, esos personajes lo encarnan de una forma particular. El final de la película permite esta reflexión: ¿Tenía que suceder o simplemente sucedió?, ¿Cuánto de lo propio decidimos? Y, un poco más allá, ¿qué decidimos en cada una de las decisiones? ¿Había otra chance para ellos? ¿Casualidad, causalidad o un poco de cada cosa?
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4/06/2008 |