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“El Pirata Hidalgo”: El pirata
acróbata en humor technicolor
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
("The Crimson Pirate", EEUU, 1952)
Director: Robert Siodmak Elenco:
Burt Lancaster, Nick Cravat, Eva Bartok, Torin Thatcher, James Hayter
, Leslie Bradley, Margot Grahame, Noel Purcell, Frederick Leister,
Eliot Makeham, Frank Pettingell, Dana Wynter, Christopher Lee, Ewan
Roberts, John Chandos, Productor: Harold Hecht,
Burt Lancaster Guión: Roland Kibbee Fotografía:
Otto Heller Música: William Alwyn. Duración:
105 minutos.
Robert Siodmak era conocido en
su época como un director especialista en film noir. Si bien
había pasado por otros géneros, como el terror, había
realizado la mayoría de sus películas dentro del género
noir. Sin embargo, para cerrar su etapa norteamericana (pese a dudas
sobre su lugar de nacimiento, Siodmak era alemán y luego
de 1952 volvió a Europa), fue el género de aventuras
el encargado de darle la despedida. Una película de piratas,
con un actor que él ya conocía como Burt Lancaster
encabezando el elenco y la seguidilla de acrobacias. Pese a lo que
se dice fue un tumultuoso rodaje (el estudio le permitió
a los actores protagonistas lo que Siodmak consideraba un excesivo
poder de decisión sobre los caminos de la producción
y los choques se sucedieron), “El Pirata Hidalgo” quedó
en la historia del cine como un parámetro dentro de los films
de aventuras, a tal punto que el actual éxito de taquilla
“Piratas del Caribe”, le rinde permanentemente tributo
a través de distintas referencias (algunas más indirectas,
otras más directas).
“El Pirata Hidalgo”, o “El
Temible Burlón” (como es el otro título con
el que se lo conoce en español), es, en contraste con el
anterior cine oscuro y torturado de Siodmak, lisa y llanamente un
entretenimiento. Pueden, si se quiere, establecerse algunas conexiones
con el universo noir, de forma un poco transversal, partiendo del
hecho de que el héroe es en realidad un marginal y que la
ley oficial ocupa un lugar particularmente negativo y cruel. El
subgénero de los piratas es un mundo de moral subvertida,
que da vuelta los roles usuales. En este caso, el personaje del
Barón Gruda, representante vil y despótico de la corona
británica en el Caribe, es acentuadamente sádico e
inescrupuloso. También aparece marcado el hecho de la aceptación
e incentivo oficiales, cuando no festejo, de castigos violentos
y perversos sobre los ciudadanos que persigan la libertad…
recordemos que “El Pirata Hidalgo” es del ´52,
plena época del Mccarthismo, y que Siodmak había sido
el co-guionista original de “On the waterfront” (“Nido
de ratas”, película dirigida por Elía Kazan
y que hiciera famoso a Marlon Brando) – film del cual Siodmak
quedó excluido de los créditos y cuyo otro guionista
original tuvo problemas por “afiliaciones comunistas”
-.
Pero bueno, lo cierto es que, al margen de
estos detalles, este es por encima de todo un film espectacular.
Su guionista fue Roland Kibbee, quien solía trabajar en comedias
(incluso había participado del guión de “Una
noche en Casablanca”, de los Hermanos Marx), con lo cual orientó
los diálogos y gran parte del relato a un híbrido
entre la aventura y cierto aire paródico. A la estructura
básica del subgénero, con el pirata travieso pero
de profunda moral esperando a ser descubierta por el amor de una
mujer le opone la injusticia y un malvado fácilmente identificables.
Es época de posguerra, y entonces el rol de la mujer se ha
vuelto ambiguo, entre su avance y el deseo masculino de devolverlo
al lugar más secundario de antes del conflicto. Una cuidada
y grandiosa dirección de arte trabaja con los colores saturados
del technicolor y las acrobacias están a la orden del día,
incluso superando a los efectos especiales. Acción, humor,
amor y aventuras, las cuatro puntas del entretenimiento (antes de
que se sumara el sexo). Burt Lancaster (el Capitán Vallo)
y Nick Cravat (su primer oficial Ojo), protagonizan sus propias
de riesgo y son el héroe carismático, valeroso pero
también sensible y su compinche (en este caso mudo, ya que
los diálogos de Cravat fueron eliminados por un fuerte acento
en su pronunciación y reemplazados por pantomima). Sin embargo,
el subgénero es quebrado en la primera escena, donde Vallo
/ Lancaster nos anuncia que no creamos todo lo que estamos a punto
de ver, así como por posteriores intrusiones de la ciencia
ficción de forma pintoresca (en un estilo similar al que
35 años después Terry Gilliam utilizara para su “Las
Aventuras del Barón Munchausen”). Así, “El
Pirata Hidalgo” va transitando entre el respeto a las convenciones
del subgénero de piratas y su quiebre o parodia, pero nunca
perdiendo de vista la idea de espectáculo.
El Capitán Vallo es un joven y carismático
pirata, al mando de una nave de no tan bonitos ni tan brillantes
pillos, que se hacen del barco del Barón Gruda, que está
repleto de armas. Gruda es el desagradable representante británico
a cargo de la región, a quienes unos rebeldes buscan derrocar
(a él y a quienes siguen su comando, como los gobernadores
y distintos oficiales). Vallo idea un plan en el cual traicionará
a todas las partes (Gruda y los rebeldes) para quedarse con un suculento
botín (siempre el objetivo último de un pirata).
Al llegar a la ciudad de Cobra, sin embargo,
se encuentran con que el rebelde con el cual deberían negociar
la venta de armas y al cual a su vez deberían entregar a
las autoridades para recibir su doble recompensa, se encuentra preso
en una isla vecina. Al mismo tiempo, deben ganarse la confianza
de la resistencia local, la cual desconfía inicialmente de
Vallo y de Ojo. Todo se complica cuando, luego de conseguir esa
confianza, aparece en la escena la bella Consuelo (Eva Bartok),
que, obviamente, se convertirá en el objeto de amor y motor
de cambio moral de Vallo. Como es de esperar, a partir de este punto,
el film avanzará a través de las distintas y pintorescas
peripecias del Capitán (incluyendo una bella secuencia submarina
que es homenajeada en “Piratas del Caribe: La Maldición
del Perla Negra”) así como de su incipiente conflicto
ético y moral sobre sus acciones; amor, libertad, valor,
traición y redención.
Es interesante, de todas maneras, observar
cómo los géneros o subgéneros no son algo inalterable,
y cómo además cambian sus propios códigos y
permisos con el correr del tiempo. El rol de Consuelo, por ejemplo,
es el de una mujer de carácter, sí, pero que en todo
momento muestra una necesaria dependencia de los hombres; ella es
el catalizador, pero son los hombres los protagonistas absolutos
de la acción. Asimismo, el Poder y la Libertad (el Pirata
Moral) son irreconciliables, no hay punto posible de conexión
entre ambos. En “Piratas del Caribe”, el lugar de Elizabeth
es mucho más activo, al punto de mudar constantemente a vestuarios
masculinos, sin por ello perder su femineidad. Es catalizador, pero
también actúa y modifica la acción, acorde
a un rol más activo de la mujer en la sociedad. Asimismo,
el Gobernador Swann y el Capitán / Comodoro Norrington son
seres que pertenecen al Poder, pero que al mismo tiempo se permiten
convivir con el otro mundo, y así quedan diferenciados del
otro Poder, el de la ambición y la codicia sin escrúpulos,
más cercano en su accionar al pirata negativo que a la Ley.
Recursos Web:
http://www.arte7.com.uy/pag/03/inf_old/Lospiratasenelcine.htm
- Nota sobre la evolución del subgénero piratas en
el cine a lo largo de la historia
http://www.sensesofcinema.com/contents/directors/03/siodmak.html
- Trabajo sobre la cinematografía de Robert Siomak
http://www.elcolombiano.com.co/
- Tres escritores colombianos elaboran sobre su experiencia personal
con las historias de piratas
http://www.letralia.com/ciudad/munozmolina/051208.htm
- Breve historia de la piratería
www.imaginacionatrapada.com.ar
1/9/2006 |