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“En el cielo”: Infierno, Purgatorio,
Redención
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
("Heaven", Alemania, Reino Unido,
2002) Dirección: Tom Tykwer. Elenco:
Cate Blanchett (Philippa), Giovanni Ribisi (Oficial Filippo), Remo
Girone (padre de Filippo), Vincenzo Ricotta (Cassandre), Stefano
Santospago (Mr. Vendice). Guión: Krzysztof
Kieslowski y Krzysztof Piesiewicz. Producción:
William Horberg y Cédomir Kolar. Producción
ejecutiva: Anthony Minghella y Sydney Pollack.
Música: Arvo Pärt. Fotografía:
Frank Griebe. Montaje: Mathilde Bonnefoy. Duración:
96 minutos
Krzysztof Kieslowski tenía una
obsesión por las ideas y sus formas simbólicas. Su
obra, de la cual destaca la serie “Decálogo”
y la trilogía “Bleu”, “Blanc”, “Rouge”,
se centra en conflictos morales y sus concreciones en la forma de
films. En el “Decálogo”, eran precisamente preceptos
morales puesto dentro de una narrativa que los investigaba desde
el lado humano. La trilogía tomaba los colores de la bandera
francesa junto con sus tres principios rectores Libertad, Igualdad,
Fraternidad, introduciéndose poéticamente en ellos.
La postura de Kieslowski nunca era demagógica, de hecho sus
películas eran una manera de cuestionar los valores que ponía
en escena. Depositaba a sus personajes en situaciones extremas,
porque consideraba que es en esas situaciones donde podía
exponer su verdadera naturaleza. Las situaciones jugaban, entonces,
en realidad como disparadores simbólicos y no literales del
conflicto buscado.
Antes de morir, Kieslowszki había iniciado
a escribir otra trilogía, “Infierno”, “Purgatorio”,
“Paraíso”. La muerte lo sorprendió antes
de siquiera poder filmar un solo fragmento de su nueva obra. Un
par de años después, los productores y directores
Sydney Pollack y Anthony Minghella (“El paciente inglés”)
adquirieron los derechos del guión, y contrataron a Tom Tykwer
(“Corre Lola Corre”) para dirigir “En el cielo”,
una adaptación de la obra de Kieslowski.
Italia. Una mujer cuyo marido ha muerto de
sobredosis decide tomar la justicia en sus manos cuando la policía
hace oídos sordos a sus denuncias de narcotráfico
en contra de un poderoso empresario. Su intento de homicidio sale
distinto a lo planeado y Philippa (Cate Blanchet) es apresada bajo
acusación de terrorismo. Mientras es interrogada conoce a
Filippo (Giovanni Ribisi), un policía novato que sirve de
intérprete (ella es inglesa y decide testificar en su propio
idioma). Mientras la corrupción policial va quedando evidenciada,
entre prisionera e intérprete se va forjando una particular
relación. Lo que aparenta ser una especie de intriga política
toma un giro inesperado cuando el dúo escapa y se convierten
en fugitivos de la ley.
La presencia de Kieslowski en el guión
aparece ya desde el comienzo, en este inicio traumático.
Cuando el film comienza, el orden y el balance ya se ha perdido;
no se empieza desde un lugar de estabilidad, sino a la inversa.
Pero no es en el aspecto llamativo y violento donde reside el centro
de atención del guión, sino en los silencios, en los
pequeños espacios narrativos que se dejan vacíos,
en las pausas. Es recién cuando se puede dejar de ver la
anécdota para ver la imagen mayor cuando se puede observar
esta estructura sutil.
Tykwer trata de no hacer un film “a
lo Kieslowski”, sino de apropiarse de la obra del autor polaco.
De todos modos, logra un film que se acerca en más de un
aspecto a éste, sobre todo en el montaje. Por otra parte,
mientras Kieslowski lograba sus miradas al acercarse a sus personajes,
Tykwer lo hace cuando se aleja, particularmente en las composiciones
de planos panorámicos o generales.
Imagen y guión se complementan y retroalimentan.
A medida que el texto retrocede, avanza la visión. La película
se apoya en las líneas y direcciones que recorren los personajes
(hacia abajo en toda la secuencia inicial, paulatinamente hacia
arriba a medida que avanzamos en el film). La simetría narrativa
visual y narrativa entre principio y fin le da también esta
cuestión circular, el equilibrio, propio del arte clásico;
el balance, el orden, y por ende la belleza, se encuentra en la
simetría. Los personajes recorren su camino hacia el infierno,
de donde son lentamente liberados para llegar a su forma particular
de paraíso.
Cada espacio juega un rol poético.
En el descenso al infierno predomina la oscuridad, el claroscuro,
que se intensifica en el interrogatorio. La confusión deja
lugar a lo ascéptico en el primer momento de la huida. El
espacio rústico y pelado, una luz que entra, momento religioso
y espiritual de los personajes. La tercera etapa, en paisajes abiertos,
está acentuada como el camino final de los héroes.
En este último episodio se utiliza una sky cam, steady cam
aérea, que logra amplios travellings desde el aire consiguiendo
simultáneamente solemnidad y liviandad; el elemento humano
perdido en la inmensidad del paisaje cobra otro valor. La sky cam
es usada desde el comienzo del film, sin embargo, marcado algo así
como la mirada divina, pero también es la mirada del director,
del autor, que observa a sus personajes recorrer el camino a su
liberación.
Phillippa es la que comete a pesar suyo crímenes
atroces, pero Fillippo tampoco es libre. Es esta causalidad extraña
la que los conecta. No parece inocente tampoco que en un mundo de
creciente violencia, sea el tocar fondo en este particular punto
el que sitúa a los dos protagonistas en un punto de no retorno.
En una conferencia que Kieslowski dio en Buenos
Aires hace muchos años, el dijo que había realizado
su trilogía precisamente porque no creía en lo absoluto
de dichos valores: uno nunca era absolutamente libre, ni la igualdad
total era posible (en su caso particular, en el amor), ni la fraternidad
– entendida como conexión entre – de todos los
hombres ni posible ni evitable (todos podemos estar solos y, sin
embargo, estar conectados). En su última aproximación,
el director polaco parecía querer plantear la imposibilidad
de seguir manteniendo un mundo como el que habitamos. El camino
que recorren los personajes es arduo pero, según su progenitor,
en algún punto inevitable.
Las imágenes que eligen Tykwer y su
director de fotografía, apuntan no a una narrativa lineal,
sino simbólica. Un tren que entra a un tunel y luego sale
de él es más que eso, lo mismo que una mirada por
un ventanal. La paleta fría que identifica toda la mitad
inicial se va tornando en cálida hacia el final. La intriga
inicial es la excusa, la máscara que disfraza el trasfondo.
Fillippo y Phillippa se transforman eventualmente, voluntariamente,
en seres genéricos, y cobran mayor fuerza en ese momento.
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16/6/2006 |