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“En la boca del miedo”: Lovecraft
conoce a Stephen King, presentados por John Carpenter
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
("In the mouth of madness", EEUU,
1995) Director: John Carpenter / Productora:
Sandy King para New Line Cinema / Productor Ejecutivo:
Michael De Luca / Guión: Michael De Luca
/ Fotografía: Gary B. Kibbe / Música:
John Carpenter, Dave Davies y Jim Lang / FX: KNB
EFX Group, Industrial Light & Magic, Bruce Nicholson / Montaje:
Edward A. Warschilka / Intérpretes: Sam
Neill (John Trent), Julie Carmen (Linda Styles), Jürgen Prochnow
(Sutter Cane), Charlton Heston (Jackson Harglow), David Warner (Dr.
Wrenn), John Glover (Saperstein), Bernie Casey (Robinson), Peter
Jason (Paul), Frances Bay (Sra. Pickman), Wilhelm von Homburg (Simon)...
Duración: 92'
John Carpenter es un clásico
del cine de terror, que ha pasado por numerosas tramas y estilos,
desde sus inicios en el “Clase B” - estilo que de todos
modos pareciera siempre sobrevivir en sus obras - (con “Revenge
of the Colosal Beasts”, “Terror from Space”, “Gorgon,
the space monster”, todas allá por la década
del 60, en sus años adolescentes – Carpenter es del
´48, y “Revenge…” del ´62, hagan la
cuenta), pasando por la comedia con Chevy Chase y “Memorias
de un hombre invisible”, a la más hollywoodense “Ghosts
of Mars”, con Val Kilmer y compañía. Siguiendo
la tradición de Roger Corman, Carpenter ha incursionado en
géneros y estéticas, construyendo una cinematografía
pastiche, barroca en su diversidad.
“En
la boca del miedo” posee el honor de ser la clausura de lo
que el propio realizador denomina su “Trilogía del
Apocalipsis”. La primera del grupo sería “La
cosa” (1982), más perteneciente a la ciencia ficción.
Una forma de vida parasitaria alienígena “posee”
a las terrestres y se esparce como un virus en un campamento científico
en uno de los polos, con la consecuente lucha por exterminarlo,
para terminar con un final abierto en el cual quedan sólo
dos sobrevivientes, que no pueden estar seguros de que alguno de
ellos no sea el portador del alien. La segunda es “Prince
of Darkness”, del año ´87, más cercana
al terror gótico y que tendrá un film similar en “La
Chiesa” (Darío Argento, 1989). Acá, como es
posible imaginar, la misión del protagonista es evitar que
Satán pueda procrear y, por lo tanto, tener su hijo en el
mundo; evitar la llegada del Anticristo. El final, otra vez abierto,
muestra al protagonista en crisis y sin terminar de saber si ha
podido completar su objetivo. Finalmente, “En la boca del
miedo” combina elementos varios para conformar un relato fantástico
y apocalíptico de terror, en el cual el protagonista, otra
vez, queda solo frente a un mundo que se vuelve ajeno.
Al margen de la etimología de la palabra
“siniestro”, su significado actual está asociado
con algo oscuro, peligroso, malvado. Lo siniestro en una obra, dicen
algunos, se consigue cuando aquello que es familiar se subvierte,
transformándose en algo ajeno y hasta hostil para el protagonista.
Es la angustia de la reversión del mundo, en el cual las
certezas, la noción de realidad e irrealidad, se vuelven
difusas, cuando no desaparecen por completo. Era algo que persistía
en los relatos de H.P. Lovecraft, creador de personajes y mundos
alternos y alienados, que son retomados por Carpenter para construir
el universo de “En la boca del miedo”.
John Trent es un investigador que trabaja
con compañías de seguros, libre y confiado de sí
mismo, contratado para verificar que los asegurados no están
cometiendo fraude a la hora de querer cobrar. Su siguiente trabajo,
sin embargo, lo introduce en lo extraño. El popular escritor
de novelas de terror Sutter Cane ha desaparecido y la editorial
quiere o encontrarlo o cobrar el seguro. Trent se propone demostrar
que es todo un truco publicitario y que Cane está escondido
por instrucciones de la editorial. Para ello, de forma ingeniosa,
encuentra presumiblemente donde se encontraría el escritor:
Hobb´s End, el lugar en el que suceden todos los hechos de
sus novelas.
Los primeros planos nos muestran la impresión
de la última novela “Hobb´s End Horror”,
que ya en su contratapa anticipa la próxima “In the
mouth of madness”. Carpenter juega de esta manera con propio
título del film, haciendo referencia a este libro que se
demostrará maldito, como el alien de “La Cosa”
o Satán en “Prince of Darkness”, pero sobre el
final, el título se resignificará, al aparecer una
película del mismo nombre. La secuencia siguiente muestra
a Trent llegando a un manicomio, lugar enorme y de un blanco aséptico.
El plano está levemente en contrapicado y con angular, logrando
una imagen medio deforme donde las líneas de fuga se pierden
en el infinito de un pasillo. Trent grita que no está loco,
luego de lo cual es encerrado. Un oficial, probablemente del FBI,
viene a interrogarlo, y Trent comienza su historia…
Algo extraño está ocurriendo,
los lectores, ante el agotamiento de copias a disposición,
enloquecen, se tornan violentos. Trent busca un par de ediciones
para familiarizarse con la literatura de este alter ego de Stephen
King, y en la librería recibe una frase críptica de
un lector alterado “Él te ve”. Cane, en esa frase
tan sencilla, es referido como un “Él”, está
deificado. Cane es Dios, y todo lo ve. Conflicto pirandelliano que
habrá de subsistir en todo el film: ¿Trent está
realmente buscando a Cane o es Trent sólo el protagonista
de una trama urdida por el propio escritor? El nivel de creencia
y fanatismo que puede lograr entre los lectores, cercano al fervor
religioso (Stephen King no es sólo un bestseller, sino también
una figura de culto), ¿es capaz de llegar al punto de hacer
real la imaginería de Cane?
Hobb´s End (Hobb.siendo una forma antigua
de llamar al Diablo) no existe en los mapas, pero Trent y Styles
(la editora que lo acompaña como testigo de la editorial)
llegan. A partir de ahí, se pasa de lo extraño a lo
fantástico (el pasaje es literal, es a través de un
túnel-útero hacia el mundo de Cane), pero antes, durante
el trayecto, Linda Styles discute con John Trent, pragmático
y racional, sobre el criterio de normalidad y realidad. Este está
establecido porque los que nos llamamos cuerdos somos la mayoría,
arguye, pero eso cambiaría si la situación se modificara;
sería un lugar muy solitario ser el último cuerdo
en el mundo.
El film va tirando pistas (¿o es Cane?).
En Hobb´s End todo parece sacado de las novelas, y los hechos
que se van siguiendo parecen responder al texto sin terminar de
“In the mouth of madness”. Una forma dicotómica,
algo que no debería estar ahí, una enorme iglesia
bizantina de negros picos domina el pueblo, sobre el que se cierne
su Apocalipsis.
Los textos de Cane son como la Biblia para
sus lectores, son la carne de su carne, y esta está hecha
de sus demonios, aquellos que vienen de un mundo pasado que no llegó
a existir, un horror que no se puede nombrar (la referencia a Lovecraft
presente), pero también los del propio escritor, de los cuales
se alimenta y que también terminan por alimentarse de él.
El Autor produce y es producido. Cane-Totem se desdobla: es el creador
de la trama y sus personajes, pero también es creado al ser
consumido, reinterpretado, idolatrado. Jurgen Prochnow es un Cane
oscuro, entre escritor bohemio y misterioso y Angel de la Oscuridad.
Es su relación amor odio con sus personajes, su posición
de demiurgo la que lo embriaga de poder.
Es el creador del film y del libro, universo
cerrado del cual su protagonista Trent no puede escapar: no puede
eludir su condición de personaje. Está condenado de
antemano y no lo sabe, ni puede aceptarlo hasta el final.
Hobb´s End (el Castle Rock de Stephen
King) está mostrado de forma pintoresca, salvo al acercarse
a la iglesia, donde la lente cambia y vuelve al contrapicado del
manicomio. El mundo “normal” y el “siniestro”
están prestos a entrar en colisión, por lo cual no
es extraño que, cuando ocurra el Apocalipsis, todo quede
en un plano normal. Lo mismo ocurre con el trabajo fotográfico,
alternando entre la luz y la oscuridad, siendo el claroscuro de
colores saturados lo que caracteriza al mundo de Cane. También
los techos, que desaparecen cuando se accede a los lugares del escritor
(o, como en un plano cerca del final, que por ese solo instante,
pasa a una mirada cenital, la mirada de Dios, es decir, de Cane).
Como en las otras dos partes de la “trilogía”,
el protagonista queda solo, abandonado a una suerte incierta, sin
que el espectador pueda saber qué le ocurrirá (en
las películas de Carpenter en general predominan los “sobrevivientes”,
siendo su personajes paradigmático en ese aspecto el Snake
Plissken de "Escape de Nueva York" y "Escape de Los
Ángeles")). En “En la boca del miedo”, Carpenter
desarma la estructura narrativa para mostrársela al espectador
y explicitarle, precisamente, su lugar, que es el del personaje
que completa la obra. Esta cobra vida a partir de sus creyentes/lectores,
no antes.
Al margen, el film está lleno de guiños
e ironías, como en el inicio, cuando en el manicomio, para
calmar a los locos, les pasan música de Los Carpenters. No
sólo juega con el apellido del director, sino que, además,
puede asociarse al aspecto de Hobb´s End: bonito y pintoresco
por fuera, pero oculta una historia de terror (como la música
edulcorada del dúo, que tenía por detrás sus
vidas turbulentas). Charlton Heston, que hiciera de Moisés,
en “Los Diez Mandamientos”, trayendo las tablas de la
Ley al pueblo judío, es acá el editor que publica
el libro de Cane y lleva su palabra a las masas. Así también
las alusiones a Stephen King y su fama de excéntrico y Castle
Rock.
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10/11/2006 |