Cine / Los Próximos Pasados / Lorena Muñoz - Entrevista

Lorena Muñoz

Entrevista a Lorena Muñoz: Buscar

por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar

Asociación Libre:

--- “Los próximos pasados”: Lo que el viento se llevó, lo que se llevará - por Diego Braude

--- --- CINE HACIA ATRÁS --- “Yo no se qué me han hecho tus ojos”: Un detective tras el sueño de la memoria - por Diego Braude

--- “El Niño Argentino”: No mucho ha cambiado - por Rosario Lix Klett

Ganó el BAFICI 2006, pero, por demoras en el otorgamiento de un subsidio, no pudo tener las copias listas para ser estrenada hasta este junio de 2007. Ironías del destino, estrenar un film sobre el olvido en un año, en un mes, de elecciones donde quedaron expuestas cuestiones sobre la capacidad o incapacidad de escuchar, recordar, en una sociedad que vive en permanente conflicto (a veces aceptado, otras, ¿por comodidad, por imposibilidad de discutirlo?, negado o ignorado) con su pasado.

Nos encontramos en La Boutique del Libro, una librería que combina las letras con el café fuerte y un ambiente muy agradable. Escribiendo estas líneas, me doy cuenta que, si bien no es una “biblioteca”, estamos acá también rodeados de memoria… reincidencia quizás…

(El cronista da un rodeo largo, pero finalmente llega a la primer pregunta)

- ¿Por qué la obsesión con el pasado y con poder constituir un relato de ese pasado?

Si yo supiera… ¿Te gustan las entrevistas donde el entrevistado, más que respuestas, propone preguntas? (risas) La verdad que no sé, exactamente, después de tantos años de terapia (risas), la obsesión con el pasado… no, me parece que puntualmente me atrapa “un” pasado, que sobre todo tiene que ver con la década del ´30, porque me parece una década maravillosa desde el punto de vista de este país: se está formando el arte, la literatura, el cine… está como en su apogeo…

- Y, al mismo tiempo, desde lo político

Claro, por otro lado, está la “Década Infame”, ¿no? Que es un pequeño inconveniente, también (risas) Pero, salvando eso, creo que la década del ´30 es una década en la que me hubiera gustado vivir. Quizás viví, y de ahí mi obsesión por volver. Pero no es que sienta, como dijeron en algún medio en algún momento – no criticándome, pero yo lo tomé como “yo no soy así” -, que “todo tiempo pasado fue mejor”; yo no creo eso. Sí, quizás, creo que algunas cosas sí eran mejores, más auténticas, que había un cuidado, una construcción… un proyecto de construcción de identidad nacional… eso es muy fuerte, a mí me resulta muy fuerte. Y me parece que eso se perdió absolutamente.

- Y, es medio como antes de los grandes quiebres…

Por ejemplo, con respecto al cine, que es lo que a mí más me interesa y soy fanática del cine de los ´30 – y del ´40, pero, sobre todo, del ´30 -, me parece que había, claramente, una idea de que el cine no sólo narraba historias. No era un cine “político”, pero lo que hacía era construir una “posibilidad”, tenía que ver con eso.

Por lo general, las películas tenían mucho tango. […] En ese momento, como la radio era tan fuerte, ocupaba como un lugar en el espectáculo, de alguna manera, lo tecnológico, cuando aparece el cine sonoro, el cual se puede usar como un medio muy popular para que las estrellas de la radio sean conocidas, para que el público de todo el país pueda conocerlas a través del cine. Mostrarle a la gente las caras de aquellos que escuchan hace tanto tiempo. Aparte, tiene como una función narrativa muy importante el tango, como en las películas de Romero. Romero es un peronista diez años antes de que apareciera el peronismo. Genial. Tiene una película que se llama “Elvira Fernández, vendedora de tiendas”, que es Evita Perón; hay toda una campaña para que sea presidenta, es rubia, mismo estilo, no no, es genial. Entonces los buenos valores están asociados a la gente trabajadora, la gente que es la que escucha tango… la gente de la clase alta, que por lo general no trabaja… y demás… el hijo que no trabaja, porque vive de la plata de papá.

- “El Niño Argentino”

Claro, claro. Escucha Foxtrot. Es muy interesante lo que pasa ahí, a nivel social, con el cine.

- Bueno, casualmente, el mural Siqueiros lo pinta en el ´33…

Por eso te digo, es muy llamativo que es todo una misma época. Aparte, fue una época en la que el dueño de una casa, un aristócrata, le interesa el arte. Natalio Botana, digo, como un ciudadano que contrataba los servicios de…

- De un tipo como Siqueiros

No de un tipo como Siqueiros, sino de un grupo de artistas para que pintara un mural en su casa. Ni a Siqueiros, ni al pintor de la otra cuadra uno lo contrata para que haga eso, ¿entendés? Es como muy llamativo eso. Como que se le daba un valor.

- Pero digo, además, esto del muralismo, que tiene una asociación política y simbólica en ese momento tan fuerte, no es un mero retrato (como hacía la vieja aristocracia que contrataba artistas para ser inmortalizados en el lienzo – eso como símbolo de status, también, porque no cualquiera podía pagarlo, pero eso es otra historia -)

No, por eso, exactamente. No es un retrato y no es algo para mostrarle a los amigos como “miren, me gusta el arte”, para ostentar. No, tiene que ver con un deseo personal.

- El 2003 (año en que la directora retoma la realización del film) es muy particular, también. Te iba a decir, justamente, esto de las fechas: se realiza en el ´33, año y década tan particulares, se desmonta en el ´91, en medio de algo tan menemista como…

Sí, un emprendimiento faraónico de sacarlo, cortarlo en partes, privatizarlo y venderlo al extranjero. Es maravilloso, ¿no? La metáfora del recorrido que hace el mural y el del país a lo largo de todos esos años, las simetrías que hay, son increíbles. Parece a propósito.

- Vos empezaste con esto en el 2000, mas o menos…

Yo empecé en el 2000

- Entonces, lo que me preguntaba es ¿qué pasó, que de golpe retomaste? Está bien, acababas de terminar “Yo no sé que me han hecho tus ojos”, pero de todos modos, ¿qué es lo que te llevó a retomar el film?

Lo que pasa es que los proyectos de documental – o en general, pero mi experiencia son los documentales -, lo que pasa es que se filma como en etapas. Por ahí, en un mes filmaste dos días. Después pasan tres o cuatro meses donde estás editando ese material, y ahí salís de nuevo a filmar tres o cuatro días más. Entonces, parás un año entero porque te quedaste sin plata, hasta que conseguís, y seguís filmando.

- O perdiste la pista…

Sí, o hay un testigo clave que se muere… como pasa en el de Siqueiros…

- ¿Quién?

Se murió un señor que había sido mayordomo de Natalio Botana y que había participado en el momento de la creación. No lo entrevisté en su momento, porque yo quería ponerlo en situación (en el film los entrevistados vuelven, en muchos casos después de décadas, a lo que queda de la quinta que había sido de Botana), y no perder lo espontáneo, y, por arriesgarme a eso, se murió y no tuve ni una cosa ni la otra. […] Es más largo que esto, incluso, porque tuvimos el intento de filmar con él: lo llevamos a la estación (de Don Torcuato) y nos robaron los equipos. […] Ahí yo me angustié. Estuve un tiempo largo de… fue en el 2001, creo, como para seguir con las simetrías. Pero tuve un tiempo así, de parate, bastante largo, porque me angustié mucho y después retomé.

- Por eso, ¿se fue dando o vos tomaste una decisión conciente de retomar el proyecto?

No, un poco porque viste como que las mujeres (pintadas en el mural) te buscan también. Te vuelven, te vuelven, te vuelven. Aparte, por ejemplo, yo había pedido permiso a los dueños del terreno donde hoy están la torre y la pileta para filmar desde ahí arriba, y el dueño me autorizaba, pero el inquilino no quería bajo ningún punto de vista que entráramos. Yo le prometí, le firmaba un papel diciéndole que no iba a mostrar nada del interior de su casa. Le daba todas las garantías, le daba con un escribano o un abogado un papel firmado donde si él veía algo que no le gustara lo podíamos quitar de la película. O sea, no era para nada la intención filmarlo a él o a nada que tuviera que ver con él. Y no, no hubo forma. […] Y, en todo este tiempo de parate y demás, sucedió que se le rescindió el contrato, así que la torre quedó libre, justo antes que el propietario tomara la decisión de reformar la torre. Hoy, la torre ya no es así, como muestro en la película. Cuando nosotros subimos, empezaba la obra para reciclar esa torre, que en un momento fue sólo un mirador, con unos vestuarios, la pileta y una parrilla, algo así, y que, cuando se loteó, el propietario de este lote cuando lo compró lo hizo casa, pero respetando la arquitectura y lo demás del lugar. […] Y esto lo encontré mucho después de tener la película terminada, ¿viste que pasa a veces la construcción de metáforas o que alguien te hace darte cuenta de un simbolismo que vos ni habías pensado y que decías “mirá… acá había una construcción incosciente” y, cuando tomás conciencia, decías “uy, que loco”? Me pasó eso cuando me di cuenta que lo único que queda en pie de esa construcción es el mirador. El lugar para subir, pararte y mirar… el pasado, porque en el presente no hay nada.

- Además, es la contraposición de la “caja de cristal” (metáfora que usaba Siqueiros para hablar del mural en el sótano de Botana: una “caja de cristal” en el fondo del mar).

Claro, sí. Pero era impresionante la cantidad de construcciones que había originalmente y lo único, lo único que no se modificó, que quedó en pie, es el mirador; para poder ver la decadencia.

Sobre lo fragmentario y no poder recuperar aquello que fue en “Los Próximos Pasados”:

No es que haya sido pensado. Yo era consciente de que eso sucedía. Inevitablemente, lo que pasaba era que había una cantidad de material perdido, destruido, los testigos muertos, los testigos de la creación, digo, los protagonistas. Blanca Luz, Siqueiros, Neruda, García Lorca. Todos los personajes que podrían haber dado testimonio de lo que sucedió no existen. Y tampoco existe un registro de ningún tipo.

- Claro, pero, me parece, tampoco insertás nada en esos huecos que pueda cerrar el círculo (el cronista está pensando en una voz en off, texto, u otros recursos que pudieran cumplir la función de clausura en el relato)

No, no, porque me parece que es una película que, como jugábamos al comienzo de la entrevista, que en realidad lo que propone son preguntas, no respuestas. Por eso el final termina así. Eso fue claramente una decisión, sí, importante, porque yo podría haber tomado la decisión de hacer “otra” película, que no es la que a mí me interesa, se la dejo a otro, si quiere, que es todo lo que viene desde el ´91 hasta el día de hoy, ¿no?, que es todo el litigio judicial. No me importa entrar en la burocracia argentina. Eso también lo dije y lo voy a seguir diciendo, que la culpa la tenemos todos. Es increíble la insistencia que hay en no recordar.

(la charla se va por otros carriles, caemos en comentar los institucionales del pasado BAFICI, “UPA!...” y otras cuestiones… la entrevista continúa)

- Con respecto al film de Ada (Ada Falcón, el personaje buscado en “Yo no sé qué me han hecho tus ojos”), lo que noto es un mayor acento en la fotografía (el trabajo a cargo de Iván Gierasinchuk), ¿cómo trabajaron eso?

Obviamente, todo lo que es entrevista está previamente pautado, pero cuando la cámara está en mano y en el terreno no siempre se puede controlar. Yo a Iván lo conozco hace bastante tiempo, es una persona con la que me llevo recontra bien trabajando, que aparte quiero mucho, es un amigo. Nos gustan las mismas películas, nos gustan las mismas imágenes… Yo siempre digo que en tu película, la relación con el director de fotografía sólo se parece a la que tiene la madre con el pediatra de sus hijos. (risas) La sensación es esa, porque uno pone en sus manos, sobre todo en un documental, donde hay momentos donde tenés que confiar que él va a hacer bien el trabajo y que va a actuar como si fueras vos. Con Iván está buenísimo eso. Yo me armo siempre de un equipo con el que me gusta trabajar. Los asistentes de dirección también. Los asistentes de dirección son dos personas, como dos brazos, dos pilares fundamentales para mí, para cualquier director. Dafne Casoy, que es también una amiga, súper talentosa y responsable, organizadora…

- Son todos grandes amigos, grandes personas

(risas) ¡Es que es verdad! Porque la experiencia es que después de cinco años de trabajo, por lo general, es muy complicado que las cosas resulten bien. Digo, que resulten bien el sentido de… se termina la película… se termina la obra y te mataste con el arquitecto… te separaste de tu marido… (risas) Me parece que es importante destacar…

- La dinámica del equipo

[…] Para mí tiene que ser un placer, no es un “laburo”. Si tengo que “trabajar” de esto, haría publicidad, viviría de otra cosa. Esto realmente lo hago porque me gusta, me interesa, y nada, es algo que me genera placer, a mí y a la gente que trabaja conmigo. Tiene que ser así.

- Hay otra cosa que me llamaba la atención, que tenía que ver con la historia del mural. Perteneciendo a un momento histórico tan particular, y con la figura de Siqueiros, tan fuertemente asociada al muralismo, que es una corriente específica con una historia propia, el mural y la forma en que vos lo narrás terminan hablando de cosas como más universales. Además, Siqueiros pasa del muralismo a un arte que nada que ver, de tipo envolvente, y con una temática alejada de lo que solía hacer.

Como te decía antes, que me parecía maravillosa la idea. Lo que me sedujo de esta historia en lugar de otras, porque podría haber hecho otras, tiene que ver con esta idea de que el mural va en contra de una época y del arte este revolucionario, si se quiere, y el cual Siqueiros pregonaba tanto. Me resulta increíble que el muralismo mexicano estaba en su momento de mayor esplendor, y él llega expulsado de su país, justamente por ser comunista. De acá también lo echan, por eso busca asilo en lo de Botana y termina aceptando pintar un mural en el lugar más recóndito que pudo existir. Era en el medio del campo en ese momento, en el sótano en la casa de un aristócrata. O sea, no tiene nada de popular ni de la idea que siempre tuvo el muralismo mexicano de pintar un arte para el pueblo en lugares más visibles y estratégicos. De hecho, no tiene ningún contenido social tampoco, porque podría haber pintado en ese sótano un obrero maltratado y encadenado, por decir algo.

- Esta historia de amor, y la metáfora que usan algunos de los “personajes” en tu película, de la caja de cristal para encerrar y retener a Blancaluz, de pintar a Blancaluz para homenajearla, pero también para cristalizarla, guardarla en ese lugar (las mujeres pintadas son todas la misma modelo, el mismo cuerpo, todas esas mujeres son una misma mujer)

Por un lado, para mí está la idea de pintarla para retenerla, para seducirla también – de alguna manera -, un homenaje, y de encerrarla, por otro lado, que es bastante pasional, digamos… “no te vas a escapar”… Y, finalmente, actúa como un oráculo, porque lo que termina sucediendo es eso: sigue estando encerrada e incluso cortada en pedazos (en el container donde espera su destino). No es más una unidad siquiera, pero sigue estando encerrada. No puede escapar de la oscuridad. Eso me resulta como… romántica la idea, igual (risas) Pero, digo, es una forma de justificar el destino terrible que tiene el mural y que es tan ilógico, que es la única manera que encuentro, romántica o mística, para justificar lo que pasó, que esto que tiene que ver con “la maldición de Siqueiros”: no sos mía, pero tampoco… o sea, “Blancaluz no verá la luz”, digo yo.

- Aparte el nombre

La mujer de un artista plástico, que encima es la musa inspiradora, se llame “Luz”

- ¿Para vos el cine es tu “caja de cristal”?

¡Uy, qué pregunta! El cine mi caja de cristal… No, no… no sé qué es para mí el cine. Yo digo siempre que, en realidad, las películas que hago las hago porque son la excusa que tengo para investigar más sobre un tema que me apasiona.

(la charla continúa, se pasa por las sensaciones al terminar un film – “me produce como una angustia post-parto”, “me parece que forma parte, también, de la angustia que provoca cerrar un círculo, pero que bueno, en algún momento hay que cerrarlo para poder empezar otro” -, el rechazo a ser encasillada como “un estilo” o estrictamente como “documentalista”, el cine – “tengo la sensación que hay un cine que, un poco, lo que hace es contar la nada y que, en realidad, está contando nada”, “para mí, el cine argentino de los ´30s y los ´40s tiene muchísimo que enseñarle al cine actual” -, entre otros lugares)

- Sábato decía en el prólogo de “Sobre héroes y tumbas” que, cuando una obra es personal, que no hay caso, que las obsesiones siempre vuelven, siempre se filtran. Me estaba acordando de eso, pensando en lo que decías de salir un poco de lo que venís haciendo…

Y… yo qué sé… yo siempre digo que a mí me gustan las ficciones que tienen elementos documentales. No confundir el cine narrativo con el cine de estudio, de grandes industrias. A mí me gustan las películas que tienen como recursos documentales

- Pero digo, más allá del recurso

Ah, el tema del olvido…

- Porque el recurso es eso, un recurso, pero lo que está atrás son los temas (esas obsesiones persistentes que decía Sábato)

El asunto es que tiene que ver con los géneros, y a mí el melodrama es el género que más me gusta. El melodrama me encanta, el policial también.

- La búsqueda, la investigación

La investigación me encanta; peripecia, y los indicios, camino del héroe, ¿no?

- Tus héroes investigadores, estén presentes físicamente o no en el film (en “Yo no sé qué me han hecho tus ojos”; Sergio Wolf, co-director de la película, era también el investigador que llevaba adelante la trama; en “Los próximos pasados”, el investigador está invisible, mudo, detrás de cámara, es la cámara), ambos fracasan

¿Por qué decís que fracasan?

- Porque Ada (Falcón, la cantante de tango que es buscada durante “Yo no sé qué me han hecho tus ojos”), cuando la encuentran, ya no es Ada

… Y el mural tampoco es el mural (los planos que se utilizan en “Los próximos pasados”, son en realidad de una réplica, porque el mural sigue encerrado en el container). […] En ese sentido son bastante parecidas, porque, en realidad, son documentales – los que a mí me interesan -, que no buscan una respuesta, sino que lo que hacen es preguntarse, reflexionar y mostrar las distintas posibilidades. Un poco con Ada pasa eso. Ada no termina respondiendo por qué se recluyó… Son historias de encierro, me acabo de dar cuenta hablando con vos. Son historias de encierro: ella voluntario y el mural como condenado.

Recursos Web:

http://www.siqueiros.inba.gob.mx/index2.html - La obra de Siqueiros fuera de México

http://tierra.free-people.net/artes/pintura-david-alfaro-siqueiros.php - Biografía y obra de Siqueiros

http://www.clarin.com/diario/2007/07/18/um/m-01460285.htm - Noticia sobre la causa legal del mural

http://lavaca.org/seccion/actualidad/0/367.shtml - Biografía en tono literario de Natalio Botana

www.imaginacionatrapada.com.ar
20/7/2007

     
     

¡IMPORTANTE!: Este artículo que está/s leyendo, los listados a continuación y los que se encuentran en este link, pertenecen a la sección de Cine de Imaginación Atrapada discontinuada el 15 de mayo de 2009 . Las notas publicadas luego de esa fecha se encuentran en la nueva sección. Para ir a la nueva sección, clickear aquí o en el menú superior en Cine

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