Cine / Varios
- Crítica

“Eros”: Inconstante ejercicio
cinematográfico
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
(Francia, China, USA, Italia y Luxemburgo,
2004). Dirección: Wong Kar-Wai, Steven Soderbergh
y Michelangelo Antonioni Guión: Wong Kar-Wai,
Steven Soderbergh, Michelangelo Antonioni y Tonino Guerra. Elencos:
Gong Li (Hua Yibao), Chang Chen (Xiao Zhang), Tin Fung (Jin), Auntie
Luk (Ying), Robert Downey Jr. (Nick Penrose), Alan Arkin (Dr. Pearl),
Ele Keats (Mujer), Christopher Buchholz (Christopher), Regina Nenni
(Cloe), Luisa Ranieri (Linda). Producción:
Wong Kar-Wai, Jacky Pang Yee Wah, Gregory Jacobs, Raphael Berdugo,
Stéphane Tchal Gadjieff, Jacques Bar y Domenico Procacci.
Música: Peer Raben, Enrica Antonioni y Vinicio
Milani. Fotografía: Christopher Doyle, Peter
Andrews y Marco Pontecorvo.
Montaje: William Chang Suk Ping, Steven Soderbergh,
Mary Ann Bernard y Claudio di Mauro. Dirección artística:
William Chang Suk Ping, Phil Messina y Stefano Luci. Vestuario:
William Chang Suk Ping, Milena Canonero y Carin Berger. Duración:
94 min.
“Eros” es un film que consta de
tres mediometrajes. El tema eje, como lo indica el título,
gira en torno a las ideas de amor y sexo o sexualidad. Tres directores.
El proyecto fue ideado para rodear a Michelangelo Antonioni de dos
directores a su elección, y los seleccionados en este caso
fueron el norteamericano Steven Soderbergh y el hongkonés
Wong Kar Wai.
El primer relato ("The dangerous thread
of things"), el que supuestamente pertenece a Antonioni (desde
hace ya varios años que se ve limitado físicamente
y es cuando menos dudoso hasta qué punto es realmente responsable
de los films que firma), gira alrededor de una pareja burguesa que
está hastiada de su relación y no sabe cómo
realmente comunicarlo. Deambulan, caminan juntos, pero en realidad
están separados. La aparición de una tercera mujer
hará reavivar el erotismo en el hombre y una última
escena de lesbianismo, con la misma mujer como eje erótico,
el de la parte femenina de la pareja. El relato está transitado
de manera abúlica, que podría ser una búsqueda,
pero que sin embargo se muestra como un intento pretencioso que
carece de ritmo tanto desde lo visual (donde la idea de erotismo
se limita a mostrar cuerpos desnudos en planos enteros), como desde
el texto (donde los diálogos resultan esquemáticos),
como desde la actuación (fría y distanciada). Sin
pretender sonar condescendiente, es difícil concebir que
este film sea responsabilidad de Antonioni.
El
segundo ("Equilibrium"), una suerte de ejercicio de estilo,
está a cargo de Steven Soderbergh, y gira alrededor de los
sueños de un creativo de una agencia de publicidad cuyo mayor
cliente es una fábrica de relojes despertador. El film se
centra en un sueño sobre una mujer desconocida y su posterior
relato en la sesión de terapia. Mientras el creativo está
en el diván, el psiquiatra a su vez mira por la ventana de
lejos a lo que suponemos es una mujer. Soderbergh logra una erótica
del relato a partir de lo visto y lo no visible, jugando con el
deseo voyeurista del espectador. A una estética depurada
(Soderbergh también es el director de fotografía,
aunque figura con un pseudónimo), se le suman las actuaciones
de Alan Arkin y Robert Downey Jr, sobre quienes reposa la responsabilidad
de hacer creíble el sencillo relato.
Finalmente,
el mediometraje de Wong Kar Wai ("The hand") ofrece la
producción más cuidada, respondiendo a los criterios
obsesivos de trabajo del director proveniente de "2046",
"In the mood for love", y otros films ya todos de culto.
Una cortesana desarrolla una particular relación con su joven
sastre. Él la observa con sus amantes, y la adora a la distancia
a través de las telas y las texturas. Wong Kar Wai es fiel
a su versión del melodrama, desarrollando la acción
en la década del ´50, y trabajando su narración
a través de la música, de las líneas de fuerza
producidas por las miradas y los fuera de campo y, principalmente,
desde la fotografía de ese co-autor con el que suele trabajar
Wong que es Christopher Doyle. El erotismo no proviene de la desmesura
o de la obviedad, sino de lo oculto, lo reprimido o sugerido, de
una mano, de una textura.
“Eros” no termina de ser un film
homogéneo, ni un homenaje a Antonioni. Desde su resolución,
es una sumatoria de fragmentos, donde dos de ellos resultan efectivos,
y sólo uno de los cuales parece haberse tomado la consigna
en serio.
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19/5/2006 |