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“Eterno resplandor de una mente
sin recuerdos”: Caminando bajo la lluvia
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
("Eternal
sunshine of the spotless mind", EEUU, 2004) Dirección:
Michel Gondry. Elenco: Jim Carrey (Joel Barish),
Kate Winslet (Clementine Kruczynski), Kirsten Dunst (Mary Svevo),
Mark Ruffalo (Stan), Elijah Wood (Patrick), Tom Wilkinson (Dr. Howard
Mierzwiak), Thomas Jay Ryan (Frank), Jane Adams (Carrie), David
Cross (Rob), Ryan Whitney (Joel joven), Lola Daehler (Clementine
joven). Guión: Charlie Kaufman; basado en
un argumento de Michel Gondry, Charlie Kaufman y Pierre Bismuth.
Producción: Steve Golin y Anthony Bregman.
Música: Jon Brion. Fotografía:
Ellen Kuras. Montaje: Valdís Óskarsdóttir.
Diseño de producción: Dan Leigh.
Dirección artística: David Stein.
Vestuario: Melissa Toth. Duración:
108 min.
¿Qué pasaría si pudiéramos
borrar los recuerdos desagradables, lograr cada tanto un pequeño
estado de tábula rasa? Los responsables, Charlie Kauffman
(el responsable también de “Being John Malkovich”
y “Ladrón de Orquídeas”) y Michel Gondry,
quien cuenta en su haber principalmente con experiencia en videos
musicales (Massive Attack, Bjork, etc). El resultado: un film que
suena a canción, nostálgico, dulce, melancólico…
como caminar bajo la lluvia.
Desde los créditos iniciales, que aparecen
recién a los 18 minutos del film… se esfuman, se evaporan…
como la espuma del mar al que acuden de forma casi inconsciente
Joel y Clementine en las primeras escenas… como la memoria
y el recuerdo, de haberse conocido.
¿Si pudieras olvidar, lo harías?
Las miradas, los besos, las yemas de los dedos apoyadas sobre el
rostro, los chistes privados, las peleas y las reconciliaciones…
si pudieras evitar el trago amargo de la ruptura, ¿lo harías?
No hablo de casos extremos, sino del transitar cotidiano, de las
vivencias que son el sube y baja de la existencia.
Lacuna
Inc. ofrece esa posibilidad, la de olvidar. Irónicamente,
una laguna mental es un hueco en el recuerdo, y, en papirología,
una lacuna es precisamente un hueco en un texto, una faltante, que,
sin embargo, es posible reconstruir. Lacuna es dirigida por Howard,
quien ofrece a sus clientes / pacientes, la posibilidad de dejar
atrás recuerdos molestos, dolorosos.
Joel y Clementine eligen olvidarse. No lo
hacen simultáneamente, cada uno en un momento distinto. Pero
Joel, la noche en que borrará a Clem de su vida, mientras
recibe dormido el tratamiento (nótese, es indoloro; dormir,
y al día siguiente el dolor se ha ido) se arrepiente.
Gondry y Kauffman entonces trabajan con dos
mundos: el físico, más lineal y duro, y el onírico,
donde está ocurriendo el borramiento, más flexible
y de límites visuales cada vez más imprecisos. El
yo onírico de Joel lucha desesperadamente por evitar perder
sus tesoros. Mientras en el mundo físico el tiempo avanza,
en el otro es una carrera hacia atrás.
A
veces, describir o analizar los elementos técnicos terminan
siendo una enumeración, no sirve, no comunica. Un trabajo
orquestal, lleno de anécdotas, termina por producir una obra
que se le separa, que es un aparte, algo nuevo. Ese algo nuevo,
a veces, no se puede diseccionar sin matarlo un poco. Se puede hablar
del ritmo preciso y tranquilo, de la química entre los actores
(sin desbordes, con calidez y el rastro humano del personaje) que
agrega una textura más al film, pero el resto es más
subjetivo aun.
Caminar
bajo la lluvia, cerrar el paraguas. Dos amantes que deciden olvidarse…
tan fácil, tan tentador. Kauffman y Gondry se ponen a plasmar
lo que sería ir jugando al tiro al blanco con todo lo vivido,
cada muñeco que baja es un recuerdo menos, hasta que aquella
mirada, aquella caricia, también la cicatriz, se esfuman,
se disuelven… una por una. Pero, ¿dónde va el
tiempo invertido? ¿Olvidar siempre mientras el cuerpo va
envejeciendo no es algo contradictorio?
El viaje hacia atrás de Joel es como
una gran pintura surrealista, un día soleado que se va apagando,
una vida entera en una noche. Es la memoria orgánica, viva,
contra el avance de la máquina de Howard, que no reconoce
otra cosa que el prendido y apagado, que cumple una tarea, que no
depende de su estado emocional para poder funcionar. Olvidar no
es tan fácil, no es algo mecánico que puede simplemente
inducirse, el entramado de las relaciones humanas es más
complejo y misterioso. ¿Qué pasaría si, tras
olvidarnos, volvemos a enamorarnos de la misma persona sin saberlo?
De
forma sencilla, poética, como la letra de una buena canción,
comienza, se desarrolla, termina (sin finalizar). El “eterno
resplandor de una mente sin recuerdos” del poema de Alexander
Pope que presta su estrofa para el título del film es el
del espíritu que no sufre, que experimenta todo como si fuera
la primera vez, pero que, en definitiva, tampoco vive.
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20/10/2006 |