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Hacia Atrás / Wong kar Wai - Crítica

“Fallen Angels”: El film manierista
de Wong kar Wai
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
(Hong Kong, 1995) Dirección:
Wong kar Wai Guión: Wong kar Wai
Música: Frankie Chan, Roel A. Garcia Fotografía:
Christopher Doyle Elenco: Leon Lai (Wong Chi-Ming),
Michelle Reis (agente/jefe del asesino), Takeshi Kaneshiro (He Zhiwu),
Charlie Yeung (Cherry), Karen Mok (Blondie) Diseño
de producicón, Montaje y Vestuario: William Chang
Producción: Wong Kar-Wai, Chen Yi-cheng.
Duración: 95 minutos
Luego de dirigir “Ashes
of Time” y, simultáneamente en los tiempos muertos
de “Ashes…”, “Chungking Express”,
un año después Wong estrenaba “Fallen Angels”.
Casualmente, el film tenía su génesis en un relato
sobrante de “Chungking…” y era pensada originalmente
como una suerte de extensión, o continuación. Sin
embargo, si bien está llena de conexiones (como todos los
films de Wong, que de una u otra manera están interconectados
entre sí), “Fallen Angels” opera un poco como
la otra cara del espejo de “Chungking…”: a la
simpatía melancólica y acelerada de esta, “Fallen
Angels” le opone un mayor acelere, pero donde lo que predomina
es un clima de mayor soledad y aislamiento, donde lo simpático
se vuelve patético.
Dos
líneas narrativas son las que conforman la película:
por un lado, un asesino a sueldo cansado de su trabajo y que decide
retirarse, por otro, un peculiar ex convicto que ha quedado mudo
por comer piñas expiradas (obsesión de uno de los
personajes de “Chungking Express”, interpretado por
el mismo actor) de niño y que ahora huye de la policía
mientras opta por una curiosa forma de trabajo nocturno –
abre tiendas ajenas por la noche y obliga a los eventuales clientes
a comprarle -. El asesino tiene además el complemento de
su socia, quien opera todo el aspecto logístico y organizativo
de la sociedad. Ella (Michelle Reis, sin nombre y de oscura sensualidad),
se ha ido secretamente enamorando de este socio al que nunca ve
en persona y del cual se va apropiando objetos. He Zhiwu, el exconvicto,
no sabe todavía que busca el amor, hasta que lo encuentra
y lo pierde sin haberlo tenido jamás. Ambas líneas,
como en todo film de Wong, están destinadas a cruzarse, a
conocerse.
Film noir con toques bizarros, gran videoclip,
película de gangsters versión Wong kar Wai, los rótulos
resultan insuficientes y querer encasillar la película en
algún lugar no conduce a nada productivo. En “Fallen
Angels”, de todos modos, la realización termina imponiéndose
a la historia. Los personajes tienen numerosas escenas y momentos
de los que se suelen llamar “memorables”, pero terminan
funcionando como sumatoria de partes y no como un todo. La fotografía
de Chris Doyle y el montaje de William Chang (quien también
está a cargo del diseño de producción y del
vestuario) son de tal virtuosismo y potencia que la trama pasa en
varios momentos a un débil segundo plano.
Si
uno recogiera cada plano de “Fallen Angels”, probablemente
podría cada uno ser una obra en sí mismo. La velocidad
de los cuadros por segundo, sin embargo, los convierte en obras
efímeras, que se esfuman a gran velocidad para ser reemplazados
por el siguiente. La imposibilidad de asir nada, la realidad que
atropella a sus participantes, con un nivel de agresividad que “Chungking
Express” no tenía, es lo que termina conformándose
en el eje de “Fallen Angels”.
El primer plano del film: blanco y negro,
un gran angular tiene en cuadro a la Agente y a Wong Chi Ming, el
Asesino. Ella, fuma nerviosa y desconsolada mientras el, a sus espaldas,
repite que todo se acabó. Segundo plano, color, gran angular,
estamos en un flashback (gran parte del film es un flashback de
aquel primer plano, tiempo presente que es retomado sobre el final)
de la Agente preparando el lugar del Asesino para su próximo
trabajo. Segunda parte de la segunda secuencia, mismo desarrollo
de acciones, pero para el Asesino. Posteriormente, aparecerá
“insertado” He Zhiwu y tendrá su resumen, pero
es en aquel primer plano y en la secuencia de presentación
de los personajes donde queda resumida, desde la estética,
“Fallen Angels”. El blanco y negro es el lugar del stop,
donde el tiempo se detiene, siempre sólo por segundos, para
luego ser abrumado por los colores, los neones, donde un gran angular
muestra una visión deformante y de profundidad de campo infinita
(no hay un adelante y una atrás, todo queda en foco, hundido
o traído hacia delante por la acción deformante de
la lente; realidad donde los personajes nunca terminan de hacer
pie por más que ese esfuercen).
Los personajes rara vez dialogan. La película
está plagada de monólogos interiores que casi nunca
se exteriorizan. El asesino termina, narrativamente, corriéndose
hacia el fondo, para ser opacado por las figuras de la Agente y
de He Zhiwu. La primera es el paradigma del deseo, desde la forma
de vestirse, de caminar, de mirar, pero se tiene completamente negado
el contacto físico con los demás. Todo es calculado,
frío, la única manera de permanecer a salvo. Por eso,
en vez de tener sexo con el hombre que quiere, se masturba, vestida,
en soledad. En esos instantes, la cámara de Doyle comienza
con un plano entero donde puede verse a la Agente tendida en la
cama del Asesino – en uno de sus momentos de ausencia, lógicamente
-, y luego va bajando hasta que el cuerpo queda oculto tras sus
piernas. Esas piernas, vestidas para atraer la mirada hacia ellas,
pero no para ser tocadas; estética, no sustancia. Tras suyo,
el deseo de un fantasma, sólo parcialmente satisfecho a partir
de los fragmentos.
Todos los personajes funcionan por la noche.
La noche que se los come, que cría las criaturas bizarras
que no duermen. He Zhiwu escucha a Charlie, chica un poco mal de
la cabeza de la cual se enamora, pero a la que no puede hablarle.
Los personajes monologan, pero no dialogan. Cuando uno habla, el
otro calla, retrocediendo para esconderse, y cuando finalmente entran
en contacto, pareciera que es para lastimarse. He Zhiwu luego descubrirá
que disfruta filmando, lo que pondrá en práctica con
su padre. Otra vez, la incomunicación y la desesperación
por construir puentes: lo hacen a la distancia, desde las imágenes
de video, desde canciones. En medio de tanto vértigo visual
y sonoro (la banda sonora de sonidos oscuros jamás se detiene,
no importa quien esté cantando qué), Wong kar Wai
tendrá el tino de detenerse unos instantes hacia el final.
En esos momentos, el vértigo de la superficie dejará
lugar una pausa profunda, sencilla, como una nota triste sostenida
en medio de un solo (una caricia en cámara lenta, no correspondida,
una imagen congelada en el tiempo, un gemido solitario). El sentimiento
es un lugar casi privilegiado y al mismo tiempo rehuido para estos
ángeles caídos. “Nunca te acercas demasiado
a alguien, porque cuando lo haces, se vuelve aburrido”
Visualmente, los personajes están siempre
fuera de balance. Sea por la utilización de gran angulares,
por la utilización de una cámara al hombro que se
mueve de manera frenética, espiando, molestando, obsesionada
por mostrar (pornografía visual, en la cual los personajes
no tienen donde ocultarse para descubrirse ellos mismos), como por
la hiperutilización de la técnica de step-printing.
Del ritmo vertiginoso a la cámara más lenta, y luego
la imagen detenida del personaje mientras el mundo a su alrededor
sigue circulando. El blanco y negro es casi un respiro en medio
de las pinceladas expresionistas de color. Es Hong Kong visto a
través de los ojos de Wong y Doyle.
Al
mismo tiempo, las convenciones de género se ven subvertidas,
cuando no tratadas casi con desprecio. Cuando el Asesino lleva a
cabo sus encargos, la acción es trabajada como en las clásicas
películas del género de gangsters hongkonés,
pero no hay disfrute alguno en la escena. Se realiza con precisión
y termina, nada más. Así también el personaje
de Baby, como la rubia estúpida y chillona, mezcla de teen
popstar japonesa y pseudo-Marilyn americana (dos de las influencias
culturales importantes de Hong Kong). Rubia, bonita, tonta y dispuesta
al sexo con tal de no estar sola. Es un maniquí parlante,
las escenas en que ella está presente saturan aun más
y la cámara parece enloquecer… sin embargo, el último
plano de ella se detiene y la muestra sola ante un pasillo oscuro.
Por momentos, este deambular de personajes
bizarros recuerda más a “Alter Hours”, de Martin
Scorsese, que a su antecesora “Chungking Express”. Todos
están como en exposición, mirando sólo hacia
delante, sin poder mirarse, verse, entre ellos.
“Fallen Angels” es el punto de
inflexión para la dupla Wong / Doyle en cuanto a perfección
y virtuosismo estilístico. Es el film manierista de Wong,
en el cual sus propios personajes quedan disueltos ante la maravilla
audiovisual, no obstante lo cual es como un gran viaje ácido
y extremo por la visión del realizador sobre su Hong Kong.
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3/11/2006 |