Cine / Drama - Crítica

“Futuro Perfecto”: Completar el relato personal
por Alex Loust
Dirección: Mariano Galperín Guión: Mariano Galperín y Martín Greco Elenco: Guillermo Pfening (Gastón), Pablo Ini (Fernando), Sebastián Borensztein (Lucho), Sebastián Mogordoy, Lucrecia Oviedo (Daniela), Producción ejecutiva: Sebastián Perillo Producción: Mariano Galperín Asistente de Dirección: Francisco Varone Dirección de arte: Lorena Ventimiglia Montaje: Nicolás Goldbart Música: Daniel Melingo Sonido directo: Pablo Bustamante Casting: Mariana Sagasti Diseño de sonido: Omar Jadur Asistente de Cámara: Pepe Pisano Duración: 82 min.
El futuro perfecto expresa una acción anterior a otra acción en el futuro
El futuro perfecto expresa probabilidad o conjetura
Una reunión de amigos, prepararse para una fiesta de disfraces, jugar a ser otros. Emborracharse, jugar, dejarse llevar. Una charla, un nombre que se confunde (“ese era el novio anterior, el otro, ¿cómo te vas a confundir?”). Un anuncio. Un hombre joven y su novia van a ser padres. Simultáneamente, un departamento lejos, en Punta del Este, a por ser vendido, necesita la presencia de su dueño. Resistencia al viaje.
En Punta del Este, Gastón se reencuentra con su pasado. La ciudad, fuera de temporada, lejos está del glamour del verano. Es un pueblo fantasma, de negocios cerrados y tiempos estirados. El silencio persigue a Gastón, así como dos figuras que algo le reclaman, dos amigos que emergen de la espuma del mar para recordarle algo que bien hubiera querido olvidar definitivamente.
Gastón deambula por un limbo donde hacen contrapeso la nueva noticia de paternidad con lo que estos dos amigos traen, que es la memoria que no se puede ignorar. La paleta de colores es gris, el montaje confuso y lánguido simultáneamente, rompiendo o falseando la continuidad. La venta se demora, y eso no hace más que transformar la espera en un suplicio. El pasado que vuelve, como dice el tango, los fantasmas, los espectros que se rehusan a retirarse, si usamos un tono más derridiano. Y retornan, porque necesitan ser reconocidos; atormentan en la negación, en el querer meterlos debajo de la alfombra.
Una música (de Daniel Melingo), suerte de Radiohead minimalista, taladra desde la extradiégesis el transitar de Gastón. Punta del Este adquiere, por momentos, tintes lyncheanos (en un recuerdo más local, también en la costa, aquel clima enrarecido de “Bajamar”, de Fernando Spiner y Teresa Constantini). Deformada, despoblada, laberinto, con calles que parecen llevar siempre a un lugar distinto sin jamás permitir la huida.
Y hay imágenes que se filtran, que se van completando. Recuerdos perdidos, náufragos, planos sueltos que buscan ser readmitidos en el relato. Acá, Gastón es Gastón antes de ser novio, de ser futuro padre. Los dos amigos están desdoblados también. El suspenso es la espera de la readmisión de la memoria bloqueada, es como en la terapia la espera del terapeuta para que el paciente pueda completar su relato. Sin ello, el paciente permanece varado.
No es extraño, en un país de relatos inconclusos o desgarrados, que un personaje como Gastón sea protagonista y se sienta responsable de un pasado que requiere más que una simple confrontación. Por eso choca que, luego de construirse desde la ambigüedad, la apertura, en el momento de la resolución, el film opte por la opción de lo explícito sin ningún tipo de sutilezas.
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19/10/2007 |