Cine / Drama
- Crítica

“Buenas Noches, Buena Suerte”:
Carta firmada
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
(“Good Night, and Good Luck”,
EEUU, 2005) Dirección: George Clooney. Guión:
George Clooney y Grant Heslov. Elenco: David Strathairn
(Edward R. Murrow), Robert Downey Jr. (Joe Wershba), Patricia Clarkson
(Shirley Wershba), Ray Wise (Don Hollenbeck), Frank Langella (William
Paley), Jeff Daniels (Sigfried "Sig" Mickelson), George
Clooney (Fred Friendly), Tate Donovan (Jesse Zousmer), Tom McCarthy
(Palmer Williams), Matt Ross (Eddie Scott). Producción:
Grant Heslov. Fotografía B/N: Robert Elswit.
Montaje: Stephen Mirrione. Diseño
de producción: Jim Bissell. Dirección
artística: Christa Munro. Vestuario:
Louise Frogley. Duración: 93 min.
George Clooney y Steven Soderbergh están
relacionados con la productora Participant. Dicha productora, conformada
por ejecutivos del mundo de Hollywood, tiene por misión autodesignada
el estímulo y la producción de films relacionados
con contenidos sociales y que puedan aportar una visión crítica
sin perder de vista la capacidad de entretenimiento del cine. Clooney,
casualmente, es uno de los protagonistas de “Syriana”,
dirigida por Stephen Gaghan (guonista de “Traffic”)
y producida por Steven Soderbergh.
“Buenas Noches, Buena Suerte”,
refiere en su título al saludo que hiciera famoso para cerrar
su programa el célebre (en Estados Unidos) periodista y conductor
Edward R. Murrow. La película se inicia en una entrega de
premios a la carrera ilustre de Murrow y da pie al largo flashback
en que consiste el film. Dicho flashback, a su vez, se centra en
la relación conflictiva que el periodista tuviera con el
senador Joseph McCarthy, famoso por impulsar una caza de brujas
durante la década del ´50. McCarthy gozó de
una brutal influencia entre 1950 y 1953, en plena Guerra Fría,
pero sufrió un traspié en 1954 que minó profundamente
su poder y eventualmente murió en 1957.
Durante su breve “reinado”, McCarthy
era un intocable y su influencia alcanzaba prácticamente
todos los rincones. Enfrentársele, era arriesgarse a ser
acusado de comunista y juzgado (el caso más famoso y renombrado
el de la pareja Rosenberg, ejecutados en 1953 y a cuya historia
alude la obra “Las Brujas de Salem”, de Arthur Miller),
en un trío que completaban el jefe del FBI J. Edgar Hoover
y el fiscal Roy Cohn. En ese contexto, Murrow, hasta cierto punto
apañado/soportado por la cadena CBS (¿un guiño
a las corporaciones “buenas”?), comenzó una campaña
en contra del senador con la ayuda de su equipo de producción
e investigación.
Clooney aprovecha la “anécdota”
de Murrow para trazar desde el distanciamiento paralelismos con
el momento actual, en el cual la libertad de expresión y
de pensamiento se encuentra en disputa. En el país del norte
abundan las denuncias sobre censura y sobre las leyes que atentan
contra las libertades y derechos civiles, en un contexto de belicismo
y terror comparable con aquel en que McCarthy se convirtiera en
una estrella fugaz.
El blanco y negro aludiría al distanciamiento
y simultáneamente a la idea de documento. Hasta cierto punto,
sin embargo, termina por funcionar más como un recurso estético
que no molesta, pero que tampoco agrega demasiado semánticamente.
La cuidada fotografía en cuanto a la iluminación,
colabora a generar climas, trabajando desde el claro-oscuro wellesiano
(en referencia a la iluminación que solía utilizar
Orson Welles en sus films). Las imágenes propias de la película
se cruzan con aquellas de material de archivo, dándole una
mayor sensación de “en vivo”, que al mismo tiempo
resultan temporalmente cercanas en base a los discursos que suelen
escucharse hoy en día.
“Buenas Noches, Buena Suerte”
es un film esencialmente discursivo. Si bien se desarrollan conflictos
secundarios, el acento está puesto en la denuncia de censura
y, sobre todo, en el deseo de Murrow, independientemente de su orientación
ideológica, de “levantarse ante la injusticia”
como voz cantante. Murrow, en la propuesta de Clooney (quien aparece
interpretando al productor del ciclo relatado), es el héroe
que entiende que el poder ganado (la credibilidad y el alcance masivo
del periodismo) lleva consigo la responsabilidad de no callarse
y de evitar la complacencia. En definitiva, no es sólo Murrow
el que habla desde el celuloide, sino el propio Clooney, evidenciado
en numerosos planos en los cuales el periodista aparece centrado
en el cuadro dirigiéndose directamente al espectador. Al
margen de reproducir el plano televisivo original, lo que deja claro
Clooney es que es él mismo quien pronuncia estas palabras
desde la selección del plano y es él quien invoca
la reacción del espectador. En este sentido, el film se muestra
como pura enunciación (es decir, no es el relato el que narra,
sino el propio director el que “nos dice”).
Si bien desde lo estrictamente cinematográfico,
“Buenas Noches, Buena Suerte” carece de un conflicto
narrativo que haga avanzar la trama en el sentido tradicional (el
flashback se remite a un simple racconto de hechos que avanzan sin
demasiados obstáculos, y esto hace que la narración
sea demasiado lineal), lo cierto es que, siguiendo los lineamientos
de Participant, la película se muestra como un mensaje “jugado”
dentro de un paquete audiovisual atractivo.
En cuanto al “mensaje”, “Buenas
Noches…” cae, en varios momentos, en cierto esquematismo
a la hora de desarrollar los personajes, junto con otro tanto de
molesto didactismo (la necesidad de explicarle al espectador todo).
En otros momentos, quizás más logrados cinematográficamente,
la selección de diálogos se carga de otra energía
(“¿cómo podemos defender la libertad en otros
territorios cuando no la defendemos en el propio?”) y se combina
con una mayor ambigüedad en los silencios.
El hecho de que films como “Buenas Noches…”
o “Tierra Fría” (también apoyada por Participant)
tengan numerosas nominaciones al Oscar, no habla tanto de su calidad
cinematográfica, como de un mensaje de Hollywood hacia arriba.
Films como este no son tanto obras como cartas firmadas.
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24/2/2006 |