Cine / Género
Maravilloso y Fantástico - Dossier

De hadas, princesas y finales no siempre
felices: los cuentos maravillosos
Carla
Masmun daysleepercm@yahoo.com.ar
Ilustración por Rosario Lix Klett
Los cuentos de hadas nos
ofrecen historias con seres maravillosos en universos y tiempos
lejanos. En la actualidad son identificados como literatura
infantil, lo que ha producido dos consecuencias. Por un lado,
el término “infantil” es muchas veces leído
como algo de menor trascendencia o calidad frente a la “gran”
literatura. Por otro, estos cuentos fueron en su origen relatos
para adultos, y sólo devienen literatura para niños
después de haber sufrido una serie de adaptaciones y
mutilaciones. Nos interesa aquí retomar algunas reflexiones
alrededor de los cuentos maravillosos y su actualidad.
Para introducirnos en el
tema, resulta necesario establecer una distinción entre
los llamados “cuento de hadas” y el cuento maravilloso.
Si bien algunos autores utilizan la expresión “cuento
de hadas” para referirse a historias maravillosas aún
si carecen de seres sobrenaturales, preferimos adoptar la conceptualización
que desarrolla Tzvetan Todorov.
En su estudio Introducción
a la literatura fantástica (1), Todorov define al cuento
maravilloso como aquél que hace necesario instaurar un
nuevo orden lógico para explicar los hechos. El autor
establece una diferenciación entre distintas variantes
del género. Así, lo “maravilloso hiperbólico”
alude al tamaño irreal de objetos o de seres; lo “maravilloso
exótico” excusa su irrealidad apoyándose
en su procedencia desconocida; lo “maravilloso instrumental”
supone herramientas irreales en un contexto real; y lo “maravilloso
puro”, se refiere a hechos, personajes y lugares que son
absolutamente irreales.
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La lógica de construcción
de estos relatos supone que los cambios en la historia marcan
una compensación moral, sea la recompensa en la versión
de “La Cenicienta” (la joven sirvienta se casa con
el príncipe) o el castigo en “Caperucita Roja”
(el lobo se come a la niña), ambos cuentos de Charles
Perrault. Las historias se desarrollan en tiempos remotos y
espacios maravillosos, y entre los personajes es posible encontrar
seres sobrenaturales. Muchas de estas historias tenían
un contenido moral cuya función era la de ofrecer normas
de conducta a los lectores, aspecto que se hará más
evidente con las posteriores adaptaciones.
El auge del cuento maravilloso
coincide con la gestación y el desarrollo del Romanticismo
en Inglaterra, Alemania y Francia hacia las primeras décadas
del año 1800. Para 1815, el pensamiento del Romanticismo
se extenderá por toda Europa. Este movimiento surge en
oposición a las normas impuestas por el Clasicismo Francés
(2), con su estilo armónico, su énfasis en la
proporción y su lenguaje refinado. Para ello recuperan
problemáticas y conceptos que precedieron a la época
de las Academias de arte en Francia (siglos XVII y XVIII). La
imaginación y el sentimiento se ubican en el centro de
la escena, haciendo de la expresión la función
primordial del arte.
Dentro de este contexto,
el Romanticismo recupera a la Naturaleza como la posibilidad
de conectar al hombre con lo espiritual. Esta concepción
se relaciona con el lugar otorgado a la Naturaleza durante la
Edad Media y el Renacimiento. A su vez, se recuperan de tradiciones
populares criaturas que serán personajes en cuentos maravillosos,
como las brujas, los duendes, las hadas y los elfos, entre otros.
El sueño, lo mágico y lo fantasmal permiten alejarse
de la realidad cotidiana para acceder a otros universos. Esta
reutilización de elementos que formaban parte de la tradición
oral fue llevada a cabo por literatos que se encargaron de recopilar
y fijar por escrito las historias, y estaba estrechamente relacionada
con el surgimiento del folklore (3) y la creación del
término “pueblo” como concepto innovador.
Por oposición a la tendencia aristocrática del
Neoclasicismo, el Romanticismo apelará a la burguesía
y a las clases populares.
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En consonancia con el pensamiento
de Johann Gottfried von Herder y la valoración de las
lenguas nacionales, los intelectuales del Romanticismo encontraron
en la cultura popular una fuente de historias maravillosas que
expresaron en un lenguaje alejado del preciosismo clásico.
Así, mientras los hermanos Wilhelm y Jacob Grimm, filólogos,
recopilaron en Cuentos para la infancia y el hogar (dos volúmenes
de 1812 y 1815, ampliados en 1857) cuentos folklóricos
alemanes como “Hansel y Gretel”, “Las doce
princesas bailarinas” y “El sastrecillo valiente”,
Hans Christian Andersen hizo lo propio en Historias de aventuras
para niños (1835) y en otros tres volúmenes de
cuentos de 1838, 1843 y 1872 creando clásicos como “La
sirenita”, “El patito feo” y “El soldadito
de plomo”. Casi dos siglos antes Charles Perrault, defensor
de los modernos (4) en la Querella de los Antiguos y los Modernos
(1688), recopiló cuentos populares europeos e historias
del napolitano Giambattista Basile (“La Cenicienta”),
explicitando en sus moralejas las conductas morales que se consideraban
apropiadas.
La obra de Ivan Andreevich
Krylov (“El gato y el cocinero”) y E. T. A. Hoffmann
(“La muñeca”, “Coppèlia”)
ha sido relacionada con la obra de los Grimm y de Andersen,
aún cuando en el caso de Hoffmann sus historias excedan
el planteo moral. Más lejos aún están Los
viajes de Gulliver (1726) de Jonathan Swift y Alicia en el país
de las maravillas (1865) de Lewis Carroll, tanto por ser novelas
como por su peso satírico y la sutileza de sus juegos
metalingüísticos.
A pesar de esto, tanto las
novelas de Carroll y Swift como los cuentos de Perrault, Andersen,
Hoffmann y de los hermanos Grimm, han sufrido las adaptaciones
que transformaron los relatos en “cuentos para niños”.
Estas adaptaciones que se realizaron entre fines del siglo XIX
y principios del siglo XX tuvieron por objeto suprimir el contenido
“violento” de algunas historias, así como
instaurar la norma del “final feliz”. En el desenlace
de “Caperucita Roja” de Charles Perrault, Caperucita
y su abuela son comidas por el lobo. En la adaptación
más conocida, aparece un nuevo personaje, el cazador,
que mata al lobo y rescata a las dos víctimas.
Víctor Montoya opina
que las adaptaciones “lejos de mejorar el valor ético
y estético del cuento, tuvieron la intención de
moralizar y censurar las partes “crueles”, arguyendo
que la violencia era un hecho ajeno a la realidad del niño
y algo impropio en la literatura infantil” (5). Montoya
recupera algunas de las historias que sufrieron modificaciones
por su contenido violento no apto para niños: “Piel
de Asno” (el rey enviuda y quiere casarse con su propia
hija), “Grisalida” (una mujer es víctima
del abuso moral por parte de su marido), “La bella durmiente”
(la madre del príncipe, una ogresa, muere después
de intentar comerse a la princesa y sus dos hijos) y “El
enebro”, (la madre muere al dar a luz a su hijo, el padre
del niño vuelve a casarse pero la madrastra los odia,
razón por la cual decide asesinar al niño y culpar
a su propia hija. Cocina al niño y alimenta al padre
con él, pero el castigo llega cuando el pájaro
del enebro, espíritu de la madre del niño, resucita
al hijo y la madrastra muere).
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Es siguiendo estas modificaciones
para evitar los hechos violentos como el cine se ha acercado
a los cuentos clásicos. Para muestra vale cualquier película
de Disney (desde la versión de “Blancanieves”
de 1937 hasta “La sirenita” o “La bella y
la bestia”). Dejando de lado esta tradición, resultan
más que interesantes “Shrek” y “Shrek
2” de Dreamworks, no sólo por su juego intertextual
con los cuentos maravillosos, sino por la densidad semántica
que ofrecen. El caso de “Charlie y la fábrica de
chocolates” de Tim Burton (basada en la novela de Roald
Dahl), estrenada hace pocas semanas en Argentina, planteó
en Estados Unidos una polémica que parece dejar en claro
que pese a los estudios realizados desde la literatura y la
psicología (6), aún no se han superado los pruritos
sobre qué pueden ver los niños, olvidando que
en cinco minutos de cualquier programa televisivo se los expone
a contenidos mucho más cuestionables.
El problema sigue siendo
a quién se dirigen las obras, pero sobre todo, qué
se adapta y cómo. Con más de un cuento maravilloso
de los que hemos nombrado en este artículo se han hecho
obras que permiten conciliar al adulto con lo maravilloso. La
otra pregunta que queda flotando (porque no tenemos una única
respuesta para ella) es por qué, en ciertos momentos
históricos, la fantasía y lo maravilloso tuvieron
un peso que en la actualidad casi no se sostiene. Tal vez el
fin de la Posmodernidad permita dejar de lado momentáneamente
la deconstrucción de los clásicos para crear a
partir de nuevas lecturas. Y por qué no, para permitir
gozar de lo maravilloso en pleno siglo XXI.
Notas
(1) Todorov, Tzvetan, (1995).
(2) Con “Clasicismo Francés” aludimos al
período Neoclásico, durante los siglos XVII y
XVIII, en el que los artistas imitan las formas del período
Clásico griego.
(3) El término folklore designa las tradiciones, creencias
y costumbres de un pueblo.
(4) Según Walter Sorell (1981) la Querella “era
la expresión de una lucha confusa entre aquellos que
creían en la supremacía de la antigüedad
clásica y aquellos que la desafiaban…El primer
ataque fue motivado por un punto de vista puramente patriótico,
en el que los Modernos asumieron una actitud nacionalista (…)”
(pp. 76). Perrault “Creía en la evolución,
en el progreso de la raza humana y pensaba que cada civilización
tenía su reflejo en su arte (…)”
(5) En
Montoya, Víctor, “La violencia en los cuentos populares”
(6) Bettelheim, Bruno, Psicoanálisis de los cuentos de
hadas, Crítica, Barcelona, s/f.
Bibliografía
Sorell, Walter, Dance in
Its Time, New York, Anchor Press/Doubleday, 1981, (traducción
de Susana Tambutti para la cátedra de Teoría General
de la Danza, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad
de Buenos Aires).
Todorov, Tzvetan, Introducción a la literatura fantástica,
México DF, Ediciones Coyoacan, 1995.
Websites
Montoya,
Víctor, “La violencia en los cuentos populares”
y “El
lenguaje simbólico en los cuentos populares” en
Cuentos de Charles Perrault y Hans Christian Andersen en la
Biblioteca Digital Ciudad Seva, www.ciudadseva.com