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/ Fantástico / Hayao Miyazaki - Crítica

“El Increible Castillo Vagabundo”:
La imaginación de Miyazaki
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
(“Howl's Moving Castle”, “Hauru
no ugoku shiro”, Japón, 2004) Dirección:
Hayao Miyazaki. Personajes: Sophie, Howl, Calcifer,
Markl, Turnip, Heen, Suliman, Príncipe. Guión:
Hayao Miyazaki; basado en la novela de Diana Wynne Jones. Producción:
Toshio Suzuki. Música: Joe Hisaishi. Montaje:
Takeshi Seyama. Dirección artística:
Yozi Takeshige y Noboru Yoshida. Duración:
119 min.
En un mundo de temporalidad ambigua (contiene
elementos del siglo XIX, del período de la Primera Guerra,
de la Segunda Guerra, y otros aspectos retrofuturistas al estilo
de lo que suele implementar Terry Gilliam), Howl es un hechicero
cubierto por un halo de misterio y Sophie una dulce posadolescente
con problemas de autoestima que se oculta detrás de la fábrica
de sombreros que heredara de su padre.
En
cuestión de quince minutos, Miyazaki deja planteados los
conflictos que habrá de desarrollar a lo largo del film.
Howl se nos introduce ya en esos primeros minutos: está en
boca de todos, un ser casi mítico, pero Miyazaki lo muestra
en seguida como un muchacho seductor y noble que oculta un secreto.
Sophie se percibe a sí misma como débil y carente
de valía. En el medio, aparece la Bruja Calamidad, personaje
de proporciones desproporcionadas y carácter envidioso y
cínico, que lanza un conjuro sobre la pobre Sophie, transformándola
en una anciana de noventa años (y, en definitiva, desencadenando
el conflicto del film).
A través de esa introducción,
Miyazaki se permite volver sobre uno de los temas que suelen aparecer
en su filmografía: las apariencias engañan. El contraste
que el director encuentra entre el exterior y el interior se juega
a través de las visiones que su imaginación le permitan.
La violencia y el impulso destructivo del ser humano asimismo atraviesan
la narración, otro tópico habitual de Miyazaki.
Sophie se nos aparece como una suerte de Dorothy
en “El Mago de Oz”, necesitada de completar una misión
propia, pero rodeada de personajes que a su vez se ven completados
por ella, incluido el mismo Howl. El simbolismo abundante se juega
desde el libre juego que Miyazaki hace de su imaginación.
El director aprovecha las ventajas del mundo animado para ampliar
e ir removiendo los límites sin remover los velos. Como un
hábil hechicero cinematográfico, sorprende secuencia
tras secuencia con su capacidad de crear un universo irreal pero
sin perder de vista su propio verosímil (es decir, un mundo
creíble sobre sí mismo).
En “El Increíble Castillo Vagabundo”
no existe lo inmutable. Todo cambia, todo se transforma, todo puede
ser creado y recreado. Una puerta no es sólo una puerta,
un hechicero no es sólo un mago, el corazón no es
sólo un órgano, el deseo y la vida no son algo dado
sino algo que debe ser ganado.
Si
bien el relato se vuelve por momentos desprolijo (deteniéndose
mucho en un punto y luego avanzando como por “zancadas”)
y el final aparece algo forzado, se ve compensado (aunque no es
la palabra exacta) por el despliegue de visiones mágicas
y poéticas marca registrada del director. Miyazaki, como
en otros films, le propone al espectador suspender su temporalidad
usual por dos horas para internarse en el universo que él
propone; el de un creyente de la magia, en el mejor de los sentidos
posibles.
Recursos web:
http://es.wikipedia.org/wiki/Hayao_Miyazaki
http://www.midnighteye.com/interviews/hayao_miyazaki.shtml
- Entrevista a Hayao Miyazaki (en ingles)
http://www.nausicaa.net/miyazaki/
- Fansite oficial de Hayao Miyazaki y Studio Ghibli
www.imaginacionatrapada.com.ar
17/2/2006 |