Cine / Fantástico - Crítica

Innocence - de Lucille Hadzihalilovic

"Innocence": Cuerpos atravesados

por Jorge de Elizalde jorgedeelizaldecine@yahoo.com.ar

Dirección: Lucile Hadzihalilovic Guión: Lucile Hadzihalilovic. Producción: Patrick Sobelman (productor), Geoffrey Cox (co-productor), Alain de la Mata (co-productor). Diseño de producción: Arnaud de Moleron. Dirección artística: Pierre Duboisberranger Fotografía: Benoît Debie.
Montaje: Adam Finch. Sonido: Pascal Jasmes Música: Richard Cooke, Pietro Galli, Leos Janácek. Elenco: Zoé Auclair (Iris), Laisson Lalieux (Selma), Astrid Homme (Rose), Lea Bridarolli (Alice), Ana Palomo-Diaz (Nadja), Bérangère Haubruge (Bianca), Olga Peytavi-Müller (Laura), Marion Cotillard (Mademoiselle Eva), Hélène de Fougerolles (Mademoiselle Edith), Véronique Nordey (L'intendante du château), Corinne Marchand (La directrice), Sonia Petrovna (L'assistante de la directrice), Micheline Hadzihalilovic (Madeleine). Duración: 115 min.

Si bien no hay una propuesta cinematográfica innovadora (y esto no le quita mérito en absoluto), ni tampoco cuenta con un argumento demasiado original (solo en apariencia: un grupo de niñas de entre 6 y 12 años, internas en una institución crecen bajo la excéntrica conducción de una directora que permanece oculta la mayor parte del tiempo), “Innocence” es una película híbrida genéricamente hablando (se presenta como un drama pero es desbordada por un mundo fantástico y tenebroso). Está realizada de manera impecable, quizás demasiado prolija, pero encaja perfectamente con lo narrado.

Lo de Hadzihalilovic no es una aproximación moralista al tema de la formación emocional y corporal a través de la educación institucional, sino que expone, con todos los sacrificios del caso, uno de los modos (entre tantos) de funcionar del mundo occidental (dejo de lado, intencional y arbitrariamente, la cultura oriental). Simplemente aparece un resultado, y justamente en eso radica lo terrible del film: no hay liberación en manos de un héroe salvador (en un estilo paternalista al que estamos acostumbrados), sino que el sometimiento está expuesto como una esclavitud saludable y reconfortante, y hasta necesaria y compensatoria.

Es fácil encontrarse con panfletos baratos que se proponen como denuncia de un “sistema” esclavizante, tanto en las mega producciones hollywodenses (a partir de una especie de lavaje estomacal estructural, en donde el sistema se perpetúa luego de eliminar los elementos corruptos) así como en las producciones tercermundistas más independientes (en donde abunda la denuncia que da lugar a una propuesta utópica y asistémica): en ninguno de los dos casos se llama a una reflexión seria sobre la complejidad del concepto “sistema” y su aplicación práctica, lo cuál deviene en un efecto soporífero considerable (también producto de la reiteración constante de ambos discursos). Hadzihalilovic toma lo sistémico en toda su complejidad desde una historia sencilla y lo plasma a partir de una puesta en escena sólida, que recuerda por momentos al estatismo de “Solo contra todos” (1998), la película de su pareja, Gaspar Noe (cabe aclarar que ambas películas son, de todas maneras, muy diferentes en su resolución).

“Innocence” es ante todo un interrogante, un verdadero muro de piedra, un río caudaloso (que rodean y delimitan el espacio de la institución), a su vez limitado y limitante: lo único que podemos hacer es permanecer en uno de sus lados (como espectadores no tenemos alternativa) y preguntarnos por el otro... ¿o realmente se puede saltar el muro y cruzar el río?

Es muy interesante el tratamiento cíclico-evolutivo, tanto a nivel formal como a nivel historia. Lo que comienza como un drama infantil se torna poco a poco en un relato oscuro con tintes fantásticos y pasajes lúgubres. Lo que comienza como un clima emocional fosilizado se despliega en un universo sentimental que se discurre por los pasillos húmedos de ese oculto internado para niñas. El lugar que adquiere el espectador durante la narración es uno de los logros del film: somos nosotros los que sufrimos el encierro a partir de un inteligente y sobrio trabajo de la directora y guionista que logra manipular nuestra imaginación y establecer un estímulo similar al que viven las niñas del internado.

Creo que este es un punto clave en el film que marca una clara diferencia con producciones como “The Matrix”(1999) (en donde si bien hay un mundo esclavizante, ya al comienzo de la película conocemos la vía de escape y acompañamos al héroe en su misión salvadora) o “The Island”(2005) (en donde el sistema sus mecanismos quedan inmediatamente puestos en evidencia, generando una distancia entre el espectador y los que sufren dicha esclavitud, que directamente parecen estúpidos). Hago esta comparación, no por que haya una similitud genérica (no la hay en lo más mínimo) sino por que tienen en común la trama central en donde un grupo de personas es víctima de un encierro ignorado y/o no cuestionado. También podría nombrarse, en ese sentido, a “La Aldea” (2004) de M Night Shyamalan, en donde la propuesta quedó trunca. Estos relatos se realizan en cantidad y no permanecen indiferentes a la situación mundial actual de los Estados Unidos. “Innocence” es una buena respuesta al facilismo de muchas de sus producciones.

Por último, no puedo dejar de hacer mención al tratamiento temático que recibe la educación corporal: el cuerpo como herramienta para la inducción cultural. La intervención corporal deviene en intervención emocional/espiritual/mental. David Cronenberg, con quien se puede establecer un paralelo, interviene los cuerpos humanos con tecnología, dejando en evidencia su enfermedad (la que los cruza como elemento social), en Lucile Hadzihalilovic los cuerpos de las niñas están atravesados en intervenidos por la institución misma. Si “la enfermedad es la metáfora con la que Occidente suele nombrar las mutaciones de la carne” y Cronenberg “convierte a la enfermedad en un proceso abierto que puede ser visto positivamente”(*), Hadzihalilovic, desde su higiene cinematográfica (en contraposición al “enchastre” carnal de Cronenberg), toma lo institucional y sus connotaciones negativas (habitualmente reducidas a su carácter esencialmente sistémico y estructural, como si se tratara de un mal en sí) y lo somete al mismo proceso de resignificación: convierte a “la institución” en un proceso abierto que puede ser visto positivamente. Pero no es el cuerpo lo que importa sino la reacción mental, la resistencia y/o adaptación de la mente a la enseñanza corporal (ya sea a través de una enfermedad o de un ejercicio físico). La directora de “Innocence” aborda el tema pero no lo juzga, de una forma casi científica en su frialdad, pero que simultáneamente hace uso de la mirada infantil para exhibir este proceso evolutivo a partir del recorrido y superación de las distintas etapas de crecimiento. En ese sentido no estaría nada mal que Hadzihalilovic componga su trilogía de la vida a partir de secuelas temáticas. Un muy buen comienzo para esta directora. Habrá que ver hacia donde la lleva el río.

(*) Revista “Kilómetro 111. Ensayos sobre cine”, N° 4: La escena contemporánea. Artículo: “Figuras de crisis en tres autores contemporáneos. Sobre Greenaway, Lynch y Cronenberg” (sección “Ensayos”, págs. 65 a 85.) Autor: Jerónimo Ledesma. Editorial: Santiago Arcos Editor. 2003.

www.imaginacionatrapada.com.ar
29/07/2005

     
     

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