Cine / Drama - Crítica

“Interview”: La mujer detrás del espejo
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
(EEUU, 2007) Dirección: Steve Buscemi. Elenco: Sienna Miller (Katya), Steve Buscemi (Pierre Peders).Guión: David Schechter y Steve Buscemi; basado en el guión de Theodor Holman para la película "Interview" (2003) de Theo Van Gogh. Producción: Bruce Weiss y Gijs Van De Westelaken. Fotografía: Thomas Kist. Montaje: Kate Williams. Diseño de producción: Loren Weeks. Vestuario: Vicki Farrell. Duración: 83 min.
Steve Buscemi, actor y director de culto de cine indie (que, cada tanto, aparece en superproducciones como, por ejemplo, “Armaggedon”, porque, hay que admitirlo, del cine indie difícilmente se puede vivir), decidió hace un tiempo armar una trilogía de remakes sobre films de otro director de culto, el holandés Theo Van Gogh. “Interview”, que no llegó a estrenarse por ahora en nuestros cines, fue la primera de ellas.
Un corresponsal de guerra y periodista político pasa por una aguda crisis, lo que hace que su jefe lo reubique en reportajes más inofensivos como, por ejemplo, entrevistar a una estrella de las telenovelas, más conocida por un número supuestamente inmenso de amoríos y malas películas de terror, que por sus dotes actorales.
En 5 minutos, más o menos, los dos personajes son introducidos. En dos escenas, simples, elocuentes. Mirada, cámara, gestualidad; las palabras son similares, las situaciones disímiles, las actitudes definen lo que habrá de venir.
En la primer secuencia, un recuadro blanco y negro, ¿un monitor de vigilancia?, muestra a Pierre visitando a su hermano, internado. La cámara se acerca, pasa de un plano que integra a ambos personajes, a un contraplano del rostro de Pierre. Intenta mantener el humor, incluso mostrarse cínico. Ya se está quejando de la actriz perra a quien debe entrevistar. Se cuelan nombres y lugares que habrán de reaparecer. El hermano no registra, no reacciona. La máscara, muy levemente, se cae. Pierre está cansado, no es cinismo lo que siente, sino otra cosa, más abajo, es el que ha tocado fondo y lo sabe. Es un cazador con el olfato gastado.
La segunda secuencia enlaza una misma frase repetida, antes por Pierre, ahora por Katya. En este caso, es parte del ensayo de un guión. Termina con un beso a otra mujer. Pero Katya se ríe y la escena se corta. Se da cuenta que está tarde para la entrevista. El plano, acá, sigue una trayectoria inversa; primero estaba cerca, recortando la acción, para luego alejarse, mostrando la situación en su ilusionismo (el rostro triste, tierno, reemplazado por la risa, los rostros en el beso, para retroceder y mostrar dos cuerpos relajados en situación de juego).
Un personaje ha perdido el control. Otro lo tiene siempre y disfruta de él.
Se encuentran en un restaurante, y ahí se dispara el resto de la acción. Pierre quiere desembarazarse de la estúpida y blonda actriz para llegar a un evento más importante en Washington D.C. Ni siquiera ha visto un screener que le mandaron ni leído la información de prensa, ni ha googleado a Katya. Ella llega tarde porque, en el fondo, no le importa, sabe que la van a esperar, que es un éxito y que, mientras dure, es objeto de la mirada ajena permanente. Es una profesional, pero también la reina de la fiesta. Para ser un periodista político, Pierre ignora flagrantemente una regla de la política: jamás subestimes a un oponente.
A partir de ese momento, comienza una competencia de puestas en escena. Pierre pierde la posibilidad de su gran nota, por lo cual decide ver cómo sacar provecho a la situación. La cuestión es ver quién baja la guardia primero.
En una entrevista, el periodista jamás debe perder de vista sus objetivos. En el caso extremo, un reportaje es una lucha de voluntades. El entrevistador se concentra en permitir libertad, mientras, al mismo tiempo, maneja los hilos de la conversación. El entrevistado habla, amaga, elude, oculta.
En 1975, Michelangelo Antonioni había filmado “El Pasajero”. El protagonista, un corresponsal desilusionado con su trabajo y su rol, decidía fingir su muerte. El momento clave que lo había quebrado originalmente, era cuando uno de sus entrevistados había tomado la cámara y la había girado en su dirección, apropiándose de su pregunta para hacérsela a él. Treinta años después, Pierre no puede fingir su muerte y huir, quizás porque no crea que alcance, quizás porque cree que está a un hit de volver a la cima.
Pierre se quedó sin grabador, por lo que usa su cámara de video para captar el audio. El grabador horizontaliza la comunicación; toma las dos voces. La cámara, cuando se destapa su lente y se enfoca un punto, está marcando una situación de poder y de punto de vista del discurso.
Como parte del juego, Pierre deja que Katya le pregunte y lo interrogue. Pierre es quien pone el mecanismo en marcha. En definitiva, si es a él a quien la cámara está apuntando, entonces, la propia Katya que vemos es una construcción desde Pierre.
El periodista busca adivinar la persona detrás de la máscara, colocándose él mismo una. Hay alguien que juega desde mostrar deformado lo ocultable; alguien que oculta, cuando en apariencia muestra.
Los motivos que empujan a los personajes a extender el juego quedan librados al entendimiento del espectador. El motor son los juegos de miradas, las inversiones de posiciones. Aquellas secuencias iniciales no importan tanto en sí mismas, sino con respecto a esta pulseada.
Si bien la sencillez y la reducida cantidad de locaciones puede hacer pensar en algo así como “teatro filmado”, lejos está de eso. La cámara viaja, se coloca en lugares que parecen transparentes, pero no lo son. Ser y representar, quién es qué, quién es quién. Como dice Katya, “en las relaciones, siempre hay un ganador y un perdedor”.
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7/12/2007 |