Cine / Cine
Hacia Atrás / Thriller / Horror / Fantástico - Crítica

“Jacob´s Ladder”: Viaje
ácido infernal, o depende de cómo se mire
por Diego Braude
dbraude@imaginacionatrapada.com.ar
(EEUU, 1990) Director: Adrian
Lyne Elenco: Tim Robbins, Elizabeth Peña,
Danny Aiello, Ving Rhames, Matt Craven, Pruitt Taylor Vince, Jason
Alexander, Patricia Kalember, Eriq La Salle Guión:
Bruce Joel Rubin Fotografía: Jeffrey Kimball
Montaje: Tom Rolf Diseño de Producción:
Brian Morris Dirección de Arte: Jeremy Conway
Producción: Alan Marshall, Mario Kassar,
Bruce Joel Rubin, Andrew Vajna. Vestuario: Ellen
Mirojnik Música: Maurice Jarre Duración:
115 min.
Adrian Lyne es más conocido
por haber dirigido “9 semanas y media”, "Atracción
Fatal", "Propuesta Indecente", "Flashdance"
y la reciente "Infidelidad". Es decir, todos films bastante
alejados del terror (con, quizás, la excepción del
thriller que tuvo a una atemorizante Glen Close como protagonista,
persiguiendo al infiel Michael Douglas), la fantasía y el
filosofar metafísico cinematográfico. Pero Lyne también
tuvo la dirección de “Jacob´s Ladder”,
un film que podríamos definir algo así como horror
surrealista mezclado con un thriller conspirativo y alguna que otra
cosa más.
Partiendo de un guión de Bruce Joel
Rubin (responsable también de “Ghost”), Lyne
a su vez se apoya en los trabajos de Jeffrey Kimball en fotografía
(cuyo otro trabajo visual interesante es “Stigmata”,
el thriller místico protagonizado por Gabriel Byrne y Patricia
Arquette), el diseño de producción de Brian Morris
y la dirección de arte de Jeremy Conway (cada espacio funciona
visualmente como una instalación, creando y acentuando lo
opresivo del film), el preciso montaje de Tom Rolf (manejando tiempos,
tempo y línea narrativa), así como el aporte del conocido
músico Maurice Jarre.
Es Vietnam, 1968, año clave en el cual
ya comienza a notarse el declive pronunciado en la intervención
norteamericana. En medio de un momento de dispersión, una
tropa comienza a tener un brote psicótico en medio de lo
que perciben como un ataque. Las muertes y las imágenes terribles
se multiplican por doquier. La falta de un plano de referencia y
una cámara agitada colaboran a acentuar la angustia y la
imposibilidad de escape. Jacob Singer, repentinamente, recibe un
bayonetazo y cae gravemente herido…
Jacob
despierta en otro tiempo en un subte, como si el sueño fuera
un flashback indeseado. Quien fuera conocido como “El Profesor”
entre sus compañeros por haber conseguido un PhD en Filosofía,
trabaja ahora como uno más en el correo. “Después
de la guerra, no quería pensar más”, confesará
más adelante. Es ese mismo día en que las experiencias
bizarras y de pesadilla viva comienzan a perseguirlo…
Estos momentos extraños lo hacen dudar,
¿qué es lo que ocurrió en Vietnam que tanto
lo afecta? ¿qué pasó realmente aquel día
de la herida? Cargando con la culpa de un evento traumático,
Jacob ha comenzado una nueva vida con Jezzie, una compañera
del trabajo. Todo parece en orden, pero desde el momento en que
las alucinaciones comienzan a fundirse con la realidad, todo se
vuelve más ambiguo, y la línea que divide un mundo
del otro se vuelve más fina. Aquellas imágenes del
inicio se vuelven a filtrar, completándose de a poco, ¿qué
significan? ¿por qué no puede evitarlas? Aquel mundo
sencillo y estable que se esforzó por construir se derrumba
como un castillo de cartas. Lyne lo muestra así desde el
inicio. Hay algo que no cierra, y la cosa se pone cada vez peor.
“Jacob´s
Ladder” es un film de climas. Cada escena está trabajada
en pos de mostrar algo de información, pero ocultar otro
poco. Así como en los films japoneses de horror, este efecto
está buscado desde la ambivalencia visual; Lyne nunca se
queda demasiado con ninguna imagen. El horror es producto de lo
indefinido, de lo desconocido (se múltiplican los planos
breves, movimientos cortos y violentos, etc). No hay escapatoria
para Jacob porque la pesadilla no sólo proviene de afuera,
sino también de adentro. ¿El ejército experimentó
con su batallón? ¿Está enloqueciendo? ¿O
qué? La vida se desmorona, y Lyne no se apresura a resolver
estas preguntas, sino que se toma su tiempo para hacernos bajar
por la “escalera” de Jacob (frase que pasa en un momento
dado a ofrecer más de un significado posible).
Todos los ambientes aparecen como faltos de
luz (salvo la secuencia de la selva vietnamita). Así también
predominan los colores apagados y opacos, sin prácticamente
tonalidades cálidas. La visión del mundo que se ha
construido Jacob es de una densa tristeza oculta detrás de
un empleo rutinario y una mujer sensual de carácter explosivo.
El film de Lyne, dentro de la estructura de
fantasía y horror, da pie también para el elemento
metafísico, sobre todo hacia su resolución final (mucho
menos ambigua y dramática por pedido de los productores que
la que había sido planeada originalmente), que, a su vez,
lleva a repreguntarse sobre las visiones que han poblado la película
así como sobre el propio personaje como símbolo.
Siendo un relato complicado de filmar y complejo
para el espectador, al funcionamiento del equipo técnico
se suma el de los actores, que parecen amalgamarse a la propuesta
visual de Lyne. El peso principal, de todas maneras, recae sobre
Tim Robbins para otorgarle colores y cuerpo a su personaje, tanto
desde lo verbal como desde lo gestual (numerosas escenas dependen
de sus acciones físicas así como de su manejo del
texto).
www.imaginacionatrapada.com.ar
8/12/2006 |