Cine / Drama / Jane Campion / Mujer Victoriana - Análisis

Las mujeres de la época victoriana en los films de Jane Campion
por Carolina Sol Miori
csmiori@imaginacionatrapada.com.ar
Dos películas sirven para reflejar dos tiempos del siglo XIX y la visión de la condición femenina según Jane Campion: ““The Piano”” ( “La lección de piano”) y “The Portrait of a lady” (“Retrato de una dama”).
La sociedad victoriana:
Una gran rigidez caracterizó a aquel período y el desorden o la rebeldía eran considerados anarquía, que debía ser reprimida a cualquier costo ya que constituía una forma de cuestionar el modo en que la burguesía industrial británica expresaba su visión del mundo y cómo sociedad autoritaria se dedicaba a impedir el desorden. De ahí que los vicios y malas costumbres debían ser eliminadas hasta en la alcoba.
El ideal de mujer era la desapasionada y la que sólo practicaba sexo para reproducirse. Pero, al mismo tiempo, esto constituyó la insatisfacción sexual de la mujer, que significó la creciente demanda de tratamientos contra la histeria.
La familia era la base fundamental y el padre era el genio titular pero terrible, infalible, despiadado. La mujer esposa y madre, y no tenía ni voz ni voto.
“The Piano” (1993)
“The Piano” cuenta la historia de una mujer escocesa, Ada McGrath (Holly Hunter), cuyo padre la vende en matrimonio a un hombre, Alistair Stewart (Sam Neill), y es enviada junto con su joven hija Flora (Anna Paquin) y su piano a vivir con él a Nueva Zelanda. Ada no ha dicho una palabra desde los seis años, sustituyendo su voz por la música del piano, mientras que su hija le sirve de traductora en su comunicación a través del lenguaje de las manos Su nuevo marido, por no poder transportarlo, hace a Hunter abandonar el piano en la playa, donde ella, su hija y sus pertenencias han sido abandonadas por la tripulación del barco en el que han llegado desde Escocia.
Después de que el piano sea vendido a George Baines (Keitel), vecino de Stewart y entusiasta de la música, le pide a Ada que le imparta clases del instrumento. A partir de aquí, empieza una relación entre Ada y George, que marcará el devenir de la historia.
Una de las pocas actividades bien vistas y permitidas a la mujer era la ejecución del piano. Con una voz en off, en el principio del film, el personaje de Ada Mc Grath nos cuenta que a los 6 años se quedó sin voz y no sabe por qué. Cuenta que su padre la considera una testadura y que la casó por correo con un hombre que no conoce. Y, que además, al nuevo esposo “no le molesta que sea muda”, ya que “Dios ama a las mujeres mudas” Sin embargo, más adelante, Ada confiesa que “el silencio termina por afectar a todos” y agrega: “yo no me siento silenciosa, a causa de mi piano”. Cuando llega a Nueva Zelanda, el contraste con el sonido anterior que pertenece al espacio de Escocia es particular por el mismo cambio de ámbito. Europa es el lugar de su silencio y Nueva Zelanda será el punto de inflexión en donde se dará paso al cambio en su vida. Será escuchada por un hombre por primera vez. Su llegada a la otra parte del mundo, salvaje, llena de naturaleza sin dominar todavía es reflejada en el mismo sonido e imagen de un mar imposible de someter, que Jane Campion registra en su cámara. Los cantos de las gaviotas y las voces de los hombres que ayudan a Ada y a su hija a bajar a la playa caminando entre las olas se mixturan con el viento de las costas neozelandesas. La difícil situación que Ada vive, encontrándose en un medio que le es nuevo y hostil se refleja en su rostro. La naturaleza la toca sin permiso cuando, parada en la orilla, un movimiento de ola baña sus botas acordonadas. En el comienzo de una liberación. Su otra voz, además del piano, también es la voz de la niña, quien responde por ella a quien quiera entablar diálogo. Cuando lo hace por ella misma y no le entienden por señas o miradas, recurre a la escritura. Esto significa, no sólo la dificultad de comunicación en su propia discapacidad, sino también, la lentitud que implica el mecanismo que debe utilizar.
El otro enfrentamiento es con la cultura maorí, el lado opuesto a las costumbres victorianas de donde Ada proviene y donde ha sido criada. Cuando parten para el interior de la isla, a la casa de Stewart, su nuevo esposo, atraviesan un pantano y el piano queda solo en la playa. Un picado que lo muestra sobre la arena al atardecer se homologa al estado emocional de la heroína, que vive, a pesar de estar con su hija, el desamparo. Las mujeres que sirven a Stewart corretean en la cocina jugando con el vestido de boda de Ada a ser la novia, y luego de ser utilizado para la foto se larga una tormenta con lluvia que inmediatamente hace que Ada se lo saque y mire con impaciencia por la ventana, imaginándose a su piano arrasado por el agua del mar y la lluvia. Caminando entre el lodo y el barro van a ver a Baines, vecino de Stewart, para que las ayude a recuperar el piano. En el atardecer calmo, Ada toca y Flora baila en la orilla. Baines la escucha, la mira, la estudia. Es el primero que la escucha. Por otra parte, es un personaje que no sigue el orden victoriano, es un desarticulado que se siente un maorí más. Es un otro de su tiempo o un extraño, como Ada les parece a las mujeres y a los hombres de su tiempo. Cuando baja el sol, un picado muestra que Ada sube por el camino dejando huellas por la playa, la sigue Flora incorporándose al sendero y por último Baines se acopla al camino marcado en la arena húmeda por las mujeres. La fotografía es un elemento que vale destacar, ya que se condice con el color de las fotos de la época en los tonos sepia o azulados. La composición del plano, en cuanto a la iluminación y elementos pictóricos, son esenciales y es una cualidad de la cineasta, ya que se formó en pintura y fotografía además de antropología, formaciones que obtuvo en Nueva Zelanda y Australia, respectivamente. Ada nunca corresponderá al amor de Stewart. Sin embargo, la sensualidad que se libera, gracias al cambio de ambiente, se acentúa con Baines, quien decide comprar el piano para que no quede en la playa, ya que Stewart ni sus hombres quieren portar con semejante peso por el pantano. Baines limpia la caja de resonancia desnudo. Ya ha sido seducido por Ada.
Cuando Baines tiene su primer encuentro con Ada, Campion nos muestra la cantidad de vestuario que portaban las mujeres de la época, mujeres de miriñaque, mujeres ajustadas, atadas, tapadas, sujetadas. Sujetos sujetados a las normas sociales, a las normas de los modales que no permitían ningún tipo de libertad. Mujeres de cabellos entrenzados, trenzas que terminan enroscadas en rodetes, sin un solo pelo suelto. Nada fuera de control. Nada fuera de orden. Aunque es un ser no común, ya que es muda, y por lo tanto extraño, es un personaje femenino fuera de lo normal para la sociedad de su época. Y posee un carácter firme, resistente, infranqueable, de gran tozudez. Sobre todo con Stewart. Su padre le ha dicho que es “testaruda”. Baines es quien empieza a liberarla, cuando la desviste, la toca, la mira mientras toca su piano en su choza en el medio del bosque. Cuando Flora espía a su madre por las rendijas de la casa, luego la imita, incitando a los niños maoríes a abrazar a los troncos de los árboles como ella. Stewart la ve y la reprime, la reta. Es un hombre victoriano. Ada tiene una sensualidad particular. Todo lo que acaricia lo hace suavemente y con toda la superficie de las manos: teclado, la piel de Stewart, la piel de Baines. Al enterarse Stewart de la infidelidad de Ada por la relación que mantiene con Baines, la encierra en su casa. Luego le permite salir, dándole una oportunidad y le ordena no ver más a su amante. Al desobedecerle, la castiga cortándole el dedo índice derecho. Ella se deja caer en el barro mientras cae la lluvia y su hija grita por ella luego del horror. El sadismo hace ver el costado perverso y siniestro del hombre victoriano, castigador de la libertad y no reconocedor de los derechos de la mujer. Por otra parte, el no emitir sonido, ni un grito, es un signo de que no sólo las mujeres eran reprimidas en cuanto a hablar sino también en cuanto a llorar o a desahogarse siendo tan cruelmente tratadas. Stewart, sin embargo, al no soportar el desamor de Ada la deja ir con Baines. Se llevan el piano en el bote donde parten y los maoríes se niegan a cargarlo, pero Baines aclara que Ada lo necesita. La única mujer que la entiende no son la europeas neocelandesas; es la amiga maorí de Baines.
Sin embargo, ya en viaje, se produce un quiebre. Ada ordena tirar el piano al mar y un maorí le dice a Baines, que se niega, que la deje, que “arroje el ataúd al agua”. Ada, mientras el instrumento cae y la soga que lo sostenía se va velozmente, introduce su pie y se deja enredar, siendo arrastrada con el “ataúd” por un instante. Hundiéndose velozmente, comienza a luchar, una bota queda atada suspendida en el agua por arriba del piano, yéndose con él, mientras ella sube, finalmente, a la superficie. La escena final la muestra en Nelson con Baines, donde ella es profesora de piano y él le ha construido un índice metálico (“soy el fenómeno del pueblo, y me satisface”) y aprende a hablar, aunque sólo lo hace por ahora a solas y en la oscuridad, porque, como su voz off dice: “todavía mi voz me da vergüenza”.
“The portrait of a lady” (1996)
Isabel Archer, originaria de Albany, Nueva York, es invitada por su tía materna a visitar su rica finca cerca de Londres, tras la muerte del padre de Isabel. Allí se encuentra con su primo Ralph Touchett, un partido amistoso y su vecino, Lord Warburton. Isabel, más tarde, declina la propuesta de matrimonio de Warburton. También rechaza la mano de Caspar Goodwood. Aunque Isabel se inclina por Caspar, su compromiso con su independencia se opone a ese matrimonio, que ella siente que demanda el sacrificio de su libertad. El anciano Touchett, a su muerte, y a petición de su hijo, deja a gran parte de su patrimonio a Isabel. Con su gran legado, Isabel viaja por el continente y se reúne con un americano expatriado, Gilbert Osmond, en Florencia. Aunque Isabel había previamente rechazado tanto Warburton y Goodwood, de Osmond acepta la propuesta de matrimonio. Ella no tiene conocimiento de que este matrimonio ha sido promovido activamente por el cumplido de Madamme Merle, otra americana expatriada, a quien Isabel había conocido en la Touchetts' estate. Isabel y Osmond se instalan en Roma, pero su matrimonio con Osmond resulta un error ya que es egoísta y no tiene verdadero afecto por su esposa.
La presunta hija de su primer matrimonio desea casarse con Ned Rosier, un joven coleccionista de arte, pero Osmond prefiere aceptar la propuesta de Warburton, anteriormente pretendiente de Isabel. Isabel se entera entonces que Ralph se está muriendo en su finca de Inglaterra y se prepara para ir con él en sus últimas horas, pero egoístamente Osmond se opone a este plan. Mientras tanto, Isabel se entera por su cuñada que la hija de Osmond es, en realidad, también hija de Madamme Merle, que tuvo una relación adúltera con Osmond durante varios años. Sin decírselo a su marido, se dirige a Inglaterra para estar con Ralph, donde permanece hasta su muerte y se queda en la finca.
La historia transcurre en Inglaterra en 1872. En esta época continúa el corset, el cual ajustaba la cintura femenina y también el plexo solar. Isabel (Nicole Kidman) dice que su destino es no rendirse (a ningún hombre). En vez de casarse Goodwood encounters her at Ralph's estate and begs her to leave Osmond and come away with him.con cualquiera de sus pretendientes, que la persiguen tratando de conquistarla, ella quiere conocer el mundo. Sin embargo, luego que los hombres la acosan con sus galanteos y propuestas, rechazándolos fríamente, queda en ella un erotismo latente que lo vemos en su fantasía cuando Isabel queda sola en su casa y se acaricia su rostro suavemente, antes tocado por uno de aquellos hombres que la pretenden. Otra vez la mezcla entre la objetivización de la mujer como posesión a ser adquirida, dominada, y la sexualidad y el erotismo que quedan reservados para la privacidad, que no deben ser exhibidos.
Una mujer es la que la conquista, cuando la escucha tocar un piano. Se hará su amiga, pero será una trampa que la llevará tiempo después a enamorarse de un hombre que, en principio, no la acosa pero dice fríamente estar enamorado de ella. Este hombre es Osmond, quien, después de conocerla, comenta que Isabel tiene una sola falla: “ tiene demasiadas ideas”. El lugar donde la seduce, la atrapa, la caza, es un lugar de Florencia en un espacio subterráneo, a la vez diciéndole que la deja partir al mundo en el cual ella quiere conocer y recorrer. Es un padre déspota con su hija, a la cual no deja casar con el joven que ama y sólo piensa en su propio bienestar económico: la obliga a complacerlo y no repara en sus derechos ni libertades ni sentimientos.
Luego de casarse Isabel con Osmond, los hombres que la pretendían no sólo ven que es infeliz y que cometió un error, sino que comentan” la vida matrimonial la ha vuelto fría”. Cuando Isabel trata de defender su postura hacia algo, Osmond la acusa de que está “perdiendo su autocontrol”. Le impone miedo y la manipula. En un baile donde la música que impera son valses, varias jóvenes se desmayan y son socorridas para darles aire. Los corsets impedían respirar bien a las mujeres que los usaban, y es otro ejemplo de cómo el vestuario manifiesta la condición en la que vivían. Un elemento que da cuenta del encierro en que vive Isabel es cuando entra a su casa y la cámara se instala en la entrada pero del lado interior, la cámara lenta muestra cuando Isabel camina hacia el interior y el contraluz del sol deja ver su silueta apretada por su vestido y sólo el sonido de las puertas - dos hojas de hierro- que se van cerrando hasta anular la luz del día, siendo acompañadas por el sonido del espacio que se cierra y se clausura, dando una idea tanto visual como auditiva de la represión femenina de la época. Dentro de su casa el marido, cuando no lo complace ni le obedece, la castiga pegándole en el rostro humillándola e insultándola. Son mujeres calmas, duras, tranquilas, o así se muestran, mientras que, por dentro, hay una identidad corroída, des-subjetivizada, vejada, oprimida. Mujeres con temor hacia el marido y, a su vez, necesitadas de afecto.
Volviendo al vestuario, el mismo da cuenta de la inmovilidad de la que eran objeto. Cuando Isabel corre a avisarle a Osmond que su primo está agonizando, la cola del vestido le impide el paso ligero. Precisamente, la mujer debía caminar despacio, ser elegante, recatada, cuidar las formas y no ir muy lejos.
Sin embargo, y ante la negativa del marido que no la deja partir a Inglaterra a ver morir a Ralph, ella logra escaparse, ayudada por su cuñada. Y, como en “The Piano”, aquí también Campion le da a sus mujeres un hombre que la escuche, que la ame de verdad, que la conoce y la respeta; a lo que llegan únicamente cuando logran romper las reglas. Y es en el lecho de muerte de su primo que la ama, que se da cuenta que ella también tiene el mismo sentimiento hacia él. Luego de la muerte, el final es abierto, no sabemos si volverá a Roma con Osmond, o si se queda en Londres como le propuso Ralph. La última imagen de Isabel, casualmente, es cuando está por entrar a la casa de sus tíos y se queda mirando para afuera en cámara lenta hasta que se congela el cuadro. Como Ada, Isabel debe elegir entre ser un “fenómeno” o ser aquello que su época le pide que sea.
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2/07/2008 |